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Licencias, números de serie y vuelos sin escalas: la logística de un rubro extremo

Rocío Riquelme, analista de comercio exterior en el rubro de importación de armas de fuego, cuenta cómo la intervención de organismos reguladores redefine por completo la gestión de cada importación

Rocío Riquelme es analista de comercio exterior en el rubro de importación de armas de fuego (Foto: Movant Connection)

“Todo tiene que coincidir: no puede haber ni un cero de más, ni un cero de menos”. Con esa precisión como estándar de trabajo, Rocío plantea que el comercio exterior, en sectores fuertemente regulados, deja de ser una simple gestión operativa para convertirse en una función estratégica.

¿Qué particularidades tiene el comercio exterior para la industria en la que trabajás hoy?

En la importación de armas se ve con claridad que el comercio exterior no es una función operativa. Para importar este tipo de productos siempre hace falta una licencia de importación vigente, y la coordinación del embarque arranca mucho antes de lo habitual: hay que chequear marca, calibre, modelo y cantidades contra esa licencia.

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Si la licencia no está vigente, la mercadería queda directamente prohibida para importar. Además, el tránsito no puede tener trasbordos: el transporte tiene que ser aéreo, directo, desde el origen hasta el destino, sin ninguna escala.

Cuando la mercadería llega a la Argentina, siempre hay intervención de aduana, que verifica que todo coincida con la documentación presentada al nacionalizar la carga. Acá el control documental no es un detalle de forma: es lo que define si la operación es viable o termina generando extracostos y demoras.

Viniendo de otros sectores, ¿qué tuviste que aprender de cero para poder desempeñarte en esta industria?

Tuve que aprender todo lo que hace a las licencias de importación. Antes trabajaba con carga general, sin intervención de terceros organismos, y acá el producto lleva intervención de ANMAC (Agencia Nacional de Materiales Controlados): sin esa licencia no hay manera de importar.

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También hubo que aprender a hacer un seguimiento constante de esas licencias, para saber cuándo se usaron o cuándo están por vencer y no quedarnos cortos de plazos. Es un rubro muy riguroso, donde no hay lugar para el descuido.

"Cuando la mercadería llega a la Argentina, siempre hay intervención de aduana, que verifica que todo coincida con la documentación presentada al nacionalizar la carga", afirma Rocío (Foto: Shutterstock)

¿Cómo cambió la digitalización de los trámites la gestión de estas licencias?

Antes todo se hacía de manera física: había que presentarse ante el organismo regulador para cada autorización. Hoy los trámites son digitales, a través del TAD, lo que permite un seguimiento mucho más cercano de cada expediente.

Cuando la mercadería llega al país, la verificación de aduana también se solicita por esa misma vía. Al estar todo centralizado, la información queda cruzada entre quien tramitó la licencia y quien hace la verificación, y eso agiliza los procesos posteriores al arribo.

¿Qué mecanismos de trazabilidad existen sobre cada arma que se importa?

Cada arma tiene un número de serie, algo así como un documento de identidad, que aduana controla físicamente al verificar la carga en el aeropuerto. Ese número tiene que coincidir exactamente con lo declarado en los documentos.

Cuando una persona con certificado de legítimo usuario compra un arma, ese número de serie queda asociado a ella, y todos esos registros se dan de alta en el sistema que administra los materiales controlados. Recién con esa aprobación la mercadería puede comercializarse.

¿Qué factores influyen más en el costo de una operación de importación en este rubro?

Primero, cada licencia de importación tiene un costo fijo asociado. Después está el flete: al ser aéreo, es bastante más elevado que uno marítimo, una opción que en este rubro directamente no existe.

También pesa el almacenaje: la mercadería queda un mínimo de diez días en depósito, porque se aplica un aforo total para contrastar que lo declarado coincida con lo que llegó físicamente. Todo tiene que coincidir: no puede haber ni un cero de más, ni un cero de menos.

Después de ese control se solicita la verificación, que se calcula como un porcentaje sobre el valor de la operación, y a eso se suman el traslado y la custodia. Son varios factores que, sumados, determinan el costo final de importar este tipo de productos.

¿Cómo describirías la función del comercio exterior en un sector tan regulado como este?

Muchas veces se entiende al comercio exterior como un sector puramente operativo, donde alcanza con lograr que la mercadería cruce la frontera. En rubros con productos regulados o con intervención de terceros organismos, esa mirada queda corta.

Acá no alcanza con que la mercadería llegue en el tiempo y al costo previstos: también hay que cumplir con todos los organismos que intervienen y aprueban la importación. Es un trabajo que exige compromiso, coordinación con distintas áreas y una comunicación fluida entre todas ellas.

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