“Tengo que confiar en cómo van a tratar la carga y cómo la van a llevar”. Leonardo lleva años al frente de la logística de una empresa de equipos de gas y petróleo, y desde ahí repasa cómo el manejo del stock, la elección del transporte y el factor humano definen cada etapa del traslado de un equipo, en un sector que crece a un ritmo cada vez más exigente.
¿Cómo fue cambiando la industria proveedora del sector de oil & gas en los últimos años?
Para el sector de oil & gas, en los últimos años las empresas crecieron muchísimo: aparecieron nuevos actores y hoy la competencia es fuerte. Ya no alcanza con tener un sello internacional o una norma ISO; hay que poder llegar al cliente y estar en el lugar donde opera.
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Eso es lo que logró Vaca Muerta: que las empresas dejen de tener solo una base en Buenos Aires para instalarse en el desierto patagónico, con depósitos y servicios cerca de los equipos. A medida que la demanda siga creciendo, va a hacer falta más de esa infraestructura logística.
¿La industria nacional puede acompañar la demanda del sector energético que tiene hoy el país?
Las empresas nacionales están invirtiendo cada vez más para sostener esa provisión constante al mercado. No alcanza con vender el equipo: una vez que está en marcha, hace falta abastecimiento permanente de insumos y proveedores que sigan disponibles en el tiempo.
Antes se resolvía con un stock de seguridad para todo el año; hoy la lógica cambió y hay que planificar la reposición de manera mucho más ajustada. En 2012 el país importaba barcos de gas; hoy produce cerca de 870.000 barriles de petróleo por día, y ese crecimiento va a exigir cada vez más a toda la cadena.
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¿Cómo es la logística del traslado de estos equipos hasta la obra?
El transporte que utilizamos habitualmente es en semirremolques y chasis, más una serie de variables que se incorporan según la necesidad. Antes la Argentina tenía mucho stock disponible en los proveedores; hoy el dinero está invertido en otro lado y el stock es mínimo.
Eso cambia todo: cuando se necesita un material, ya no se puede esperar tres días. Hay que salir a buscarlo para no atrasar el proceso productivo, porque cualquier demora en el abastecimiento impacta directamente en el cronograma de obra.
¿Qué diferencia hay entre una logística directa y una logística de obra?
Una logística directa tiene un plazo acotado: se entrega y termina ahí. La logística de obra es distinta, porque mientras se está entregando un equipo o un material crítico van surgiendo variables nuevas que hay que estar preparado para resolver.
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Puede fallar un sello, faltar una junta o un lubricante, y ahí aparece todo un abanico de decisiones adicionales: qué se suma al envío, cómo se resuelve y con qué transporte. No es solo llevar de un punto a otro, sino acompañar todo el proceso.
¿Cómo se elige a un transportista para este tipo de equipos?
Hay mucha oferta de transporte en el mercado, pero hay que evaluar permanentemente cómo llevan los equipos y no solo el costo. La prestación del servicio es la parte importante: tengo que confiar en cómo van a tratar la carga y cómo la van a llevar.
Detrás de cada equipo hay meses de preparación y muchas horas de trabajo para que llegue a destino. Tiene que llegar en condiciones óptimas y sufrir la menor fatiga posible durante el viaje, porque ahí se define si todo ese esfuerzo previo tuvo sentido.
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¿Qué lugar ocupan hoy la tecnología y los datos frente al factor humano en la logística?
La logística es planificación, procesos, tiempo, costo y ganancia, y esas dos últimas variables hay que estar ajustándolas todo el tiempo: no hay una fórmula que se repita siempre, hay que amoldarse. Aparecieron nuevas aplicaciones y actores en el mercado que llevan a probar, cambiar y no quedarse solo con el transporte más establecido.
A veces, en los transportistas más chicos hay un valor muy importante: cuando se les explica bien la carga, la cuidan como si fuera propia, y eso permite volver a llamarlos y sostenerlos como un proveedor de confianza en el tiempo.
Los KPIs ayudan a mejorar números y procesos, pero hay un factor humano que ninguna guía va a reemplazar: ese ojo extra que corrige un detalle y dice esto no me cierra. La tecnología va a seguir avanzando, va a haber camiones autónomos, pero ese factor humano en la logística siempre va a hacer falta.
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