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Más autonomía para la IA y nuevas preguntas sobre el rol humano en los almacenes

Mientras crece la discusión internacional sobre los límites y controles de la inteligencia artificial, la logística avanza hacia sistemas capaces de recomendar, ejecutar procesos y actuar físicamente sobre las operaciones

Dos análisis recientes vinculados específicamente con las cadenas de suministro muestran la pregunta ya atraviesa a la logística: hasta dónde conviene delegar decisiones a la IA a medida que aumenta su capacidad de actuar sobre las operaciones (Imagen: Shutterstock)

El debate global sobre cómo controlar el avance de la inteligencia artificial y qué decisiones deberían permanecer bajo supervisión humana comienza a trasladarse a un terreno cada vez más concreto: los almacenes y las cadenas de suministro. La evolución tecnológica ya no se limita a sistemas capaces de analizar información o elaborar pronósticos, sino que avanza hacia herramientas que pueden recomendar acciones, ejecutar procesos e incluso intervenir físicamente sobre una operación.

La discusión cobra relevancia en momentos en que organismos internacionales y gobiernos analizan nuevas salvaguardas, exigencias de transparencia y mecanismos de supervisión humana frente al crecimiento de sistemas más autónomos. La ONU volvió a colocar este mes la gobernanza de la IA entre sus prioridades y llamó a fortalecer la seguridad, la rendición de cuentas y el control humano sobre estas tecnologías.

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En paralelo, dos análisis recientes vinculados específicamente con las cadenas de suministro muestran que esa misma pregunta ya atraviesa a la logística: hasta dónde conviene delegar decisiones a la IA a medida que aumenta su capacidad de actuar sobre las operaciones.

De analizar datos a tomar acciones

Un reciente análisis elaborado desde el ámbito académico especializado en transporte y logística describe una evolución desde los sistemas predictivos hacia la IA generativa y, finalmente, la denominada IA agéntica, capaz de avanzar sobre tareas y decisiones con distintos niveles de autonomía.

La diferencia resulta relevante para las cadenas de suministro. Mientras un modelo predictivo puede anticipar demanda o detectar posibles desvíos, un agente puede utilizar esa información para proponer una respuesta, iniciar un flujo de trabajo o ejecutar determinadas acciones dentro de los límites establecidos por la organización.

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Esta capacidad abre nuevas posibilidades para procesos de abastecimiento y logística, pero también introduce una distinción sobre qué tipo de decisiones resulta conveniente automatizar.

El análisis señala que los agentes encuentran un terreno más apropiado en decisiones rutinarias, reversibles y con costos acotados. En cambio, las decisiones estratégicas, de alto impacto o difíciles de revertir requieren mantener intervención y juicio humano. La evolución hacia una mayor autonomía, por lo tanto, no implica necesariamente eliminar a las personas del proceso de decisión.

Cuatro tendencias llevan la IA más cerca de la operación

Esa transición comienza a observarse de manera particular dentro de los almacenes. Una investigación sectorial difundida recientemente identifica cuatro grandes tendencias de inteligencia artificial, ordenadas según su nivel de sofisticación y capacidad para actuar.

La primera corresponde a la IA tradicional orientada a la optimización, que está incorporando mayores volúmenes de datos en tiempo real y algoritmos más sofisticados. Sus aplicaciones incluyen previsión de demanda, planificación de mano de obra, optimización de rutas y gestión de inventarios.

El segundo nivel es la IA generativa aplicada directamente a las operaciones. Estos sistemas pueden elaborar procedimientos operativos, instrucciones de trabajo, protocolos para resolver excepciones y herramientas que apoyen la toma de decisiones utilizando información estructurada y no estructurada.

Un tercer grupo está formado por los agentes sugestivos y semiautónomos. Allí la tecnología comienza a atravesar la frontera entre recomendar y hacer: puede analizar datos, sugerir acciones y ejecutar parcialmente procesos compuestos por varios pasos. Entre los ejemplos aparecen la asignación de tareas, el manejo de excepciones y la distribución de recursos.

Finalmente aparecen los agentes físicos de IA, donde la inteligencia artificial se combina con robótica y sensores para actuar directamente sobre el almacén. Picking, embalaje, clasificación y manipulación de materiales son algunas de las tareas contempladas.

La OCDE incluye entre sus principios la necesidad de contar con mecanismos que preserven la capacidad de intervención y supervisión humana (Imagen: Shutterstock)

El control humano aparece como una condición

El avance tecnológico no elimina, sin embargo, la discusión sobre quién conserva el control de las operaciones.

La investigación sectorial señala que el éxito de estas herramientas dependerá, entre otros factores, de generar confianza mediante decisiones transparentes, favorecer la colaboración entre trabajadores y sistemas inteligentes y utilizar la IA para resolver problemas operativos específicos.

También propone avanzar de manera gradual: comenzar con casos de uso más consolidados, como los pronósticos y la asignación de mano de obra, y posteriormente extender la utilización hacia herramientas generativas y agentes con mayor capacidad de acción.

En ese recorrido, el documento plantea explícitamente que mantener supervisión humana mientras se evalúan nuevos casos de uso será un elemento central para aprovechar las capacidades de la IA dentro de las cadenas de suministro.

Ese criterio coincide con una preocupación que atraviesa actualmente la discusión internacional sobre la tecnología. La OCDE incluye entre sus principios la necesidad de contar con mecanismos que preserven la capacidad de intervención y supervisión humana, mientras que los marcos regulatorios que están avanzando internacionalmente también incorporan requisitos de transparencia, trazabilidad y control para determinadas aplicaciones de mayor riesgo.

Una nueva frontera para la automatización logística

El punto de cambio para la logística aparece, entonces, cuando la inteligencia artificial deja de limitarse a producir información y comienza a intervenir sobre las decisiones y los procesos físicos.

Para los almacenes, esto supone pasar progresivamente de algoritmos que recomiendan cómo distribuir inventarios a agentes que podrían gestionar excepciones, asignar recursos o coordinar partes de un flujo de trabajo, mientras los sistemas físicos llevan esas capacidades hasta tareas concretas sobre la mercadería.

La discusión sobre los límites de la IA adquiere así una dimensión operativa para las cadenas de suministro. Cuanto mayor es la capacidad de los sistemas para actuar por sí mismos, mayor relevancia adquiere definir qué pueden ejecutar autónomamente, qué decisiones requieren validación y en qué momentos debe intervenir una persona.

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