Desglobalización vs. globalización: un giro en la brújula económica mundial

La reconfiguración de las cadenas de suministro, impulsada por tensiones geopolíticas, crisis sanitarias y avances tecnológicos, está dando lugar a modelos como el “nearshoring” y el “friendshoring”

Ángel Sánchez es presidente de la Asociación Panameña de Agencias de Carga (APAC) (Foto; Movant Connection)

Durante las últimas dos décadas, el mundo ha avanzado a pasos agigantados hacia una economía cada vez más globalizada. La interconexión de mercados, la especialización de la producción, la eficiencia de las cadenas de suministro y la libre circulación de bienes, servicios y capitales han sido las fuerzas dominantes.

Las principales plataformas de comercio electrónico con alcance internacional, que están en tendencia últimamente, son símbolos vivos de esta era, ofreciendo acceso global a productos con solo un clic. Sin embargo, en los últimos años, hemos presenciado un cambio de rumbo, con políticas que empujan hacia una creciente desglobalización. Este viraje promete generar desequilibrios significativos, afectando desde las grandes economías hasta el bolsillo de los consumidores.

Dos décadas de globalización acelerada

Desde principios del siglo XXI, la globalización se consolidó como el paradigma económico dominante. La caída de barreras comerciales, los avances tecnológicos en comunicación y transporte, y la búsqueda incesante de eficiencias operativas impulsaron a las empresas a fragmentar sus procesos productivos por todo el mundo. Países como China se convirtieron en la “fábrica del mundo”, mientras que las naciones occidentales se enfocaron en servicios de alto valor y tecnología.

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Las ventajas eran claras:

  • Reducción de costos: Acceso a mano de obra y recursos más baratos.
  • Mayor variedad de productos: Consumidores con acceso a bienes de todo el mundo.
  • Economías de escala: Producción masiva para mercados globales, abaratando precios.
  • Innovación: Intercambio de ideas y tecnologías a través de fronteras.

Este modelo benefició enormemente a plataformas de e-commerce. La principal empresa estadounidense de comercio electrónico construyó su imperio sobre la promesa de “cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier lugar”, apoyándose en una vasta red logística global y una diversificación de proveedores sin precedentes.

Más recientemente, su contrincante china, muy conocida ahora a nivel internacional, ha irrumpido en el mercado global con una propuesta agresiva de precios bajos, conectando directamente a fabricantes chinos con consumidores occidentales, un ejemplo extremo de cómo la globalización permite puentes comerciales directos y eficientes. La promesa era simple: acceso a un universo de productos a precios inigualables, un resultado directo de cadenas de suministro optimizadas a nivel global.

El viento cambia: impulso hacia la desglobalización

Pero el idilio globalizador ha encontrado obstáculos. Una serie de factores, muchos de ellos emergidos en la última década, han comenzado a revertir esta tendencia:

  • Tensiones geopolíticas: La guerra comercial entre Estados Unidos y China, el conflicto en Ucrania, y las crecientes fricciones entre bloques económicos han priorizado la seguridad nacional y la autonomía económica sobre la eficiencia global.
  • Fragilidad de las cadenas de suministro: La pandemia de COVID-19 expuso brutalmente la vulnerabilidad de las cadenas de suministro hiper-optimizadas. Los cierres de fábricas, los cuellos de botella en el transporte y la escasez de componentes clave demostraron que la eficiencia tenía un costo en términos de resiliencia. El mantra pasó de “just in time” a “just in case”.
  • Nacionalismo económico y proteccionismo: Gobiernos de todo el mundo están adoptando políticas que favorecen la producción local y el empleo doméstico. Esto se manifiesta en aranceles, subsidios a industrias nacionales y barreras no arancelarias.
  • Preocupaciones ambientales y sociales: El alto costo de carbono del transporte global y las preocupaciones sobre las condiciones laborales en ciertos países han impulsado movimientos hacia la producción local o regional.
  • Avances tecnológicos: La automatización, la robótica y la manufactura aditiva (impresión 3D) están reduciendo la dependencia de la mano de obra barata, haciendo que la relocalización de la producción sea más viable económicamente en algunos sectores.

Estos factores están impulsando fenómenos como el “reshoring” (traer la producción de vuelta al país de origen) y el “nearshoring” (relocalizar la producción en países cercanos geográficamente o culturalmente), así como el “friendshoring” (producir en países aliados geopolíticamente).

El impacto en plataformas y consumidores: el desbalance que se avecina

La desglobalización no es un concepto abstracto; sus efectos se sentirán de manera tangible, y estas plataformas de e-commerce con alcance global, junto con sus millones de consumidores, serán los primeros en experimentar estos desbalances:

  1. Aumento de precios al consumidor:
    1. Eliminación de eficiencias: La producción relocalizada suele ser más cara debido a mayores costos laborales, energéticos y regulatorios. Estos costos adicionales se trasladarán al precio final de los productos.
    2. Aranceles y barreras: Las políticas proteccionistas encarecen los bienes importados, directamente afectando el poder adquisitivo del consumidor. Para plataformas como la china mencionada previamente, cuyo modelo se basa en precios ultrabajos logrados a través de una cadena de suministro directa, este impacto podría ser devastador.
    3. La líder de e-commerce estadounidense también sufrirá, ya que gran parte de su inventario proviene de fabricantes globales que ahora enfrentarán mayores costos logísticos o de producción.
  2. Menor variedad y disponibilidad de productos:
    1. A medida que las cadenas de suministro se acortan o se restringen a ciertos bloques, la diversidad de productos disponibles en el mercado podría disminuir. Las tiendas en línea dejarán de ser ese “mercado global” ilimitado.
    2. La resiliencia buscada a través de la redundancia (tener proveedores en más lugares, aunque sea más caro) puede llevar a que no todos los productos sean económicamente viables para producirse localmente.
  3. Desafíos logísticos para gigantes del e-commerce:
    1. La gran norteamericana de Jeff Bezos, con su vastísima red de centros de cumplimiento global, tendrá que reconfigurar su estrategia logística. Menos flujos transfronterizos y más dependencia de inventario regional o local podrían requerir nuevas inversiones en infraestructura y un replanteamiento de sus operaciones.
    2. Para su adversaria china, el modelo “de la fábrica al consumidor” se complica si las “fábricas” ya no están en los lugares más competitivos globalmente. Podrían verse obligados a cambiar su modelo de negocio, lo que afectaría su propuesta de valor principal de precios bajos.
  4. Innovación y adaptación forzadas:
    1. Las empresas se verán forzadas a innovar en automatización y tecnologías de producción para compensar los mayores costos de mano de obra en Occidente. Esto podría llevar a nuevos avances, pero también a una fase de ajuste costosa y compleja.
    2. La presión para “deschinar” o “desconectar” cadenas de suministro implicará una reasignación masiva de capital y una curva de aprendizaje para establecer nuevas capacidades productivas en otras regiones.
La principal empresa estadounidense de comercio electrónico construyó su imperio sobre la promesa de "cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier lugar", apoyándose en una vasta red logística global sin precedentes (Foto: Shutterstock)

Conclusión: un futuro más fragmentado y costoso

Hemos pasado 20 años construyendo un mundo más interconectado, eficiente y, para el consumidor, más asequible. Las políticas actuales, impulsadas por preocupaciones geopolíticas, de seguridad y resiliencia, nos están llevando por un camino diferente: el de la desglobalización. Este no es un retorno completo al pasado, sino una reconfiguración hacia cadenas de suministro más cortas, regionalizadas y, probablemente, más costosas.

Plataformas como las mencionadas en esta nota, que prosperaron en la era de la globalización sin restricciones, ahora enfrentarán el desafío de adaptarse a un panorama más fragmentado. Los consumidores, por su parte, deberán prepararse para un entorno donde la inmediatez y la variedad global puedan venir con un precio más alto. El desbalance es inevitable, y la capacidad de adaptación de empresas, gobiernos y, en última instancia, del propio consumidor, será clave para navegar esta nueva era económica mundial.

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