A lo largo de la historia de la Selección Mexicana, la camiseta tricolor también ha sido defendida por futbolistas nacidos fuera del país que, tras naturalizarse, encontraron un lugar en procesos mundialistas.
Desde los primeros torneos de la Copa del Mundo hasta participaciones recientes, estos casos han acompañado distintas etapas del futbol nacional y vuelven a generar conversación rumbo al Mundial 2026.
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Antecedentes de naturalizados en Copas del Mundo
Uno de los primeros casos fue el de Jorge Romo, nacido en La Habana, Cuba, quien formó parte de las selecciones mexicanas que disputaron los Mundiales de Suiza 1954 y Suecia 1958.
En este último torneo, México consiguió el primer punto de su historia en una Copa del Mundo. En esa misma época, el español Carlos Blanco también representó al país en ambas justas mundialistas.
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Décadas más tarde, el caso de Gabriel Caballero marcó una nueva etapa. El mediocampista, nacido en Argentina y naturalizado mexicano tras destacar con Pachuca, fue convocado al Mundial de Corea-Japón 2002, torneo dirigido por Javier Aguirre.
Su inclusión respondió al protagonismo que había adquirido en la Liga MX y a su consolidación como jugador clave en el futbol local.
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Casos recientes y posibles escenarios rumbo a 2026
En Alemania 2006, la selección mexicana contó con dos futbolistas naturalizados: Antonio Naelson “Sinha”, nacido en Brasil, quien incluso marcó gol ante Irán, y Guillermo Franco, delantero argentino que también fue considerado para el Mundial de Sudáfrica 2010. Ambos casos reflejaron la continuidad de esta práctica en procesos mundialistas consecutivos.
Más recientemente, Rogelio Funes Mori, originario de Mendoza, Argentina, fue convocado al Mundial de Qatar 2022 tras consolidarse como referente ofensivo del Monterrey. Su participación reafirmó la presencia de jugadores naturalizados formados y consolidados en el futbol mexicano.
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De cara al Mundial 2026, nombres como Julián Quiñones, Germán Berterame y Álvaro Fidalgo han sido señalados como posibles candidatos a seguir esta línea, en función de su trayectoria en la Liga MX y su situación administrativa.
Su eventual inclusión mantendría una tendencia histórica del Tricolor; la incorporación de futbolistas naturalizados que han desarrollado su carrera en el país y que, tras cumplir con los requisitos, se convierten en una opción para el seleccionado nacional.
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