Andrés Filomeno Mendoza Celis, conocido como el “Caníbal de Atizapán”, murió a los 78 años en su celda del penal de Tenango del Valle durante octubre de 2026, por causas naturales asociadas con complicaciones de las enfemedades que padecía como diabetes tipo 2 descontrolada e hipertensión. El hombre acumulaba sentencias por feminicidio, homicidio y desaparición de personas después de que autoridades localizaron restos humanos y pertenencias de sus presuntas víctimas dentro de su casa en Atizapán de Zaragoza.
Infobae México pudo confirmar que, tras una revisión de rutina en el área de personas vulnerables y de la tercera edad, Andrés Filomeno se encontraba sin vida debido a causas naturales por su avanzada edad y las enfermedades crónicas que padecía.
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Mendoza Celis padecía estenosis traqueal y neumonía nosocomial, enfermedades que motivaron su traslado en 2025 desde el Centro Penitenciario y de Reinserción Social de Tenango del Valle. Murió mientras permanecía privado de la libertad, con una condena de prisión vitalicia y otras penas vigentes.
El caso salió a la luz el 15 de mayo de 2021, cuando fue capturado tras el feminicidio de Reyna González Amador. El esposo de la víctima, policía en activo, no lo confrontó en el domicilio y después regresó con apoyo de una patrulla, cuyos elementos encontraron a la mujer sin vida en un cuarto oculto del sótano.
Las revisiones en la vivienda revelaron una zona excavada debajo de la estructura, cubierta por piso de concreto. Las autoridades utilizaron maquinaria y herramientas pesadas para romper el suelo, donde hallaron entre 4,300 restos óseos y 4,600 fragmentos humanos.
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Los restos fueron vinculados con al menos 19 personas
Los análisis forenses y pruebas de ADN relacionaron los hallazgos con al menos 19 víctimas: 17 mujeres adultas, un niño y un hombre. Las investigaciones también lo vincularon con hasta 30 homicidios cometidos durante casi tres décadas.
Entre las posibles víctimas estuvo Édgard, un niño de siete años e hijo de María Mares. Hasta el 22 de febrero de 2022, las autoridades del Estado de México habían identificado a seis de las 19 personas que habrían sido privadas de la vida dentro del inmueble.
En la casa de Atizapán de Zaragoza también fueron localizadas credenciales oficiales, ropa, calzado, bolsos y accesorios femeninos, además de fotografías y libretas con nombres y descripciones de personas. Los agentes aseguraron cintas de video en formatos VHS y 9 milímetros que documentaban agresiones contra sus víctimas.
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El expediente judicial derivó en ocho sentencias condenatorias dictadas entre marzo de 2022 y febrero de 2024. Además de la prisión vitalicia, Mendoza Celis recibió una pena de 92 años de prisión y seis condenas de 55 años por feminicidio y delitos relacionados con homicidio y desaparición de personas.
La SCJN estrenó una miniserie sobre los crímenes de Atizapán
La Suprema Corte de Justicia de la Nación estrenó en junio de 2022 la miniserie documental Caníbal, indignación total, dedicada a los crímenes atribuidos a Andrés Filomeno Mendoza Celis. La producción abordó el caso con el propósito de exponer los feminicidios y sus consecuencias en México.
Un sótano secreto, la libreta del horror y pertenencias de las víctimas
Dentro de las investigaciones circularon videos y fotos del interior de la casa del horror de Andrés Filomeno, en las imágenes se pueden ver los cuartos de la casa que rentaba a una pareja y sus hijos, el tétrico sótano secreto donde destazaba a sus víctimas, su libreta con escalofriantes detalles donde anotaba el peso de cada parte del cuerpo y la fecha del crimen.
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En un video difundido por el periodista Carlos Jiménez, se apreció un recorrido por la casa donde Andrés vivió desde hace más de 30 años, y donde pudo haber asesinado alrededor de 29 víctimas, según lo anotado en su libreta como detalló Dilcya García, Fiscal Central de Género de la Fiscalía del Estado de México.
En estas anotaciones, uno de los registros lo efectuó en 1994, es decir, al parecer lleva casi tres décadas haciendo lo mismo.
En su vivienda había una cama individual, objetos apilados, pueden verse muebles donde colgaba las fotos en las que aparece en actos políticos, un alacena y ropa desordenada.
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Se cree que a este sótano las llevaba con engaños para que no se escucharan sus gritos, ya que les ofrecía apoyos, despensas y trabajo, basado precisamente en su cargo de participación ciudadana.
Señaló que en ocasiones practicó el canibalismo, añadió que en su experiencia como carnicero le permitía saber cómo y en dónde cortar la carne.
Aunque sus abogados le sugirieron reservarse su derecho a declarar, expresó: “lo hecho hecho está, sólo quiero decir la verdad, ahí está el esposo (de Reyna), él vio todo”. Sólo lloró cuando le dijeron que por los delitos señalados no saldría de prisión, pero no lo hizo cuando narró cómo mató y destazó una a una a sus víctimas.
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Detalló que las elegía por bonitas pero las mataba cuando lo rechazaban, por eso quería conservar sus rostros, los arrancaba con gran cuidado junto a su cuero cabelludo, tras apuñalarlas en el corazón.
Detalló que su primera víctima fue Norma “N”, desaparecida el 6 de agosto de 2011 en el municipio de Tlalnepantla, Estado de México. De acuerdo a su ficha de desaparición, trabajaba en un bar denominado “El Barrigón”.
Se segunda víctima fue Berenice Sánchez Olvera, ella tendría alrededor de 20 años y trabajaba en el bar denominado “El Marinero”.
A dos mujeres más también las cortejó y de nueva cuenta lo rechazaron para tener una relación sentimental: Alyn y Gardenia, las conoció en el Bar “El Barrigón”, mujeres de las cuales, no se tiene una ficha de identificación.
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Al igual que estas mujeres, en 2016 conoció en otro bar a Flor Ninive, quien también trabajaba como mesera, la invitaba a comer y le daba regalos, sin embargo también ella se negó a ser su pareja sentimental, por lo que la asesinó en octubre de ese año.
Rubicela, era repartidora de aplicación de comida por teléfono, a ella la vio ir por un pedido a un restaurante y ahí la secuestró acabó con su vida en 2019.
Martha realizaba labores de limpieza en las oficinas del Consejo de Participación Ciudadana (Copaci), un espacio en el que Andrés “N” (conocido como el feminicida serial de Atizapán) operaba y ofrecía despensas o apoyo a cambio de trabajo.
Bruno, esposo de Reyna González, la víctima por quien fue descubierto, rindió su declaración donde narró que se despidió de su esposa el viernes a las cinco de la mañana y luego se fue a trabajar, ella le dijo que ese día iría a comprar refacciones para celulares ya que a eso se dedicaba, por lo que se quedó de ver con Andrés, pero ella nunca regresó, al otro día ingresó a la fuerza al domicilio del sujeto de 72 años, encontrando la dantesca escena de su esposa cercenada sobre una mesa del comedor.
El esposo de Reyna González, madre de dos pequeñas hijas de cuatro y ocho años de edad, pidió que se deje de mencionar que ella tenía una relación con este hombre, explicó que era un amigo de la familia, que le tenían lástima y trataron de apoyarlo económicamente por ser de avanzada edad, por lo cual le tenían plena confianza.
“Mis hijas no pueden ver la televisión porque dicen que ella tenía una relación extra marital, lo cual no es cierto, no sé si él lo inventó”, dijo el hombre por el cual Andrés “N” logró ser detenido y que reconoició que ayudaban al anciano por su edad e incluso lo invitaban a comer a su casa.
Todo México se horrorizó porque no era el único cuerpo, la policía encontró cráneos y varios huesos, pero lo más escalofriante fueron rostros desollados con cabelleras completas, estaban bien conservados.
La pericia de este hombre de 72 años al cortar la piel ahora se explicó tras los testimonios de los vecinos que relataron que trabajó por varios años en un rastro de preparación de carne para consumo humano en Tlalnepantla. Los cortes para separar la piel del músculo eran muy precisos, además los conservaba con sal para eliminar la humedad y preservarlos en buenas condiciones.
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