Durante años, los pies cargan con la fama de ser el gran fetiche sexual. Están en conversaciones, memes, cuentas de internet y hasta en la sospecha de quien se niega a quitarse los calcetines.
Pero un estudio realizado con 7 mil 9 personas en México pone el deseo en otro lugar, pues se reveló que hay otras prácticas que encabezan la lista de aquello que más puede encender la excitación.
PUBLICIDAD
La investigación de el Instituto Mexicano de Sexología (Imesex) en coordinación con la plataforma JOYclub retrata un mapa íntimo menos raro de lo que muchos imaginan.
El 47.4% de quienes respondieron identifica tener algún interés fetichista y otro 35.1% considera que quizá lo tiene.
Más que una colección de gustos secretos, el resultado muestra que el deseo suele habitar en detalles cotidianos: una voz, un olor, una prenda, una caricia en el cuello o una dinámica que se conversa y se acuerda.
PUBLICIDAD
Un fetiche puede empezar con una voz, una prenda o un beso
La palabra fetiche suele llegar acompañada de ideas que poco tienen que ver con lo que las personas viven. A veces se piensa en algo oculto, extremo o reservado para unos cuantos.
El estudio parte de una definición más amplia: la excitación sexual asociada con objetos, partes del cuerpo, materiales, situaciones o contextos específicos.
En esa definición caben los labios, las nalgas, el abdomen, una prenda deportiva, la ropa interior, el satén, los olores corporales, una voz baja o la posibilidad de jugar con el poder en un encuentro íntimo.
PUBLICIDAD
No toda persona que disfruta algo de esto lo llama fetiche. A veces solo es una preferencia. A veces, una fantasía. A veces, algo que aparece sin demasiada explicación.
La encuesta se realizó en línea entre personas de las 32 entidades del país. Participaron personas de 18 a 89 años, con una edad promedio de 32.3 años. El 54% se identificó como mujer, 35% como hombre, 6% como persona no binaria y 5% con otras identidades.
La mayoría tenía estudios de nivel medio superior o superior. El 91% reportó tener vida sexual activa y 54.2% dijo contar con una pareja estable.
PUBLICIDAD
Eso no impide encontrar una pista que atraviesa todo el estudio: hay menos distancia de la que se cree entre los intereses de hombres, mujeres y personas no binarias.
El deseo cambia de forma, de intensidad y de lenguaje, pero rara vez se deja encerrar en una sola categoría.
Labios, sonidos y juegos de poder encabezan el top 10
En la presentación de los resultados del estudio, Paulina Millán, Directora de Investigación del Imesex, explicó que el ranking general se construyó con una escala de interés de 0 a 4.
PUBLICIDAD
El estudio evaluó 13 partes del cuerpo, 10 objetos o materiales y 10 situaciones o contextos. El resultado coloca en los primeros lugares elementos que pueden resultar familiares para muchas personas:
- Boca, labios y lengua. Es el interés con la puntuación más alta del estudio, con 3.13. Besar, mirar la boca de otra persona o centrar la atención en los labios aparece por encima de otros estímulos corporales.
- Sonidos específicos. La voz, la respiración, los gemidos, los pasos y otros sonidos ocupan el segundo sitio, con 2.91 puntos. El dato apunta a que la excitación no depende solo de lo visual o del contacto físico. El tono de voz de una pareja, una frase, una respiración cerca o el ambiente sonoro pueden formar parte del deseo.
- Dinámicas de poder y jerarquía. Con 2.86 puntos, este rubro incluye juegos de dominación, sumisión, control, disciplina y BDSM. No necesariamente supone prácticas extremas ni uso de accesorios. Puede ir desde acuerdos sobre quién toma la iniciativa hasta juegos de rol definidos entre las personas involucradas.
- Nalgas.El cuarto lugar, con 2.84 puntos, confirma que esta parte del cuerpo conserva un lugar alto en el deseo de muchas personas. En los hombres heterosexuales, gay, bisexuales y pansexuales, las nalgas ocupan el primer lugar entre las partes del cuerpo. En mujeres aparecen dentro de las preferencias principales, aunque con diferencias de intensidad.
- Juguetes y objetos de uso sexual. Vibradores, accesorios y otros artículos diseñados para el placer alcanzan 2.79 puntos. El estudio no los ubica como un sustituto de la intimidad, sino como una herramienta que algunas personas integran a solas o con pareja para explorar sensaciones distintas.
- Cuello. Esta zona corporal registra 2.47 puntos. Caricias, besos, respiración cerca de la piel o atención en esa parte del cuerpo pueden ser detonantes de excitación. El cuello se mantiene entre los intereses compartidos por mujeres lesbianas y heterosexuales, junto con los sonidos, los juguetes sexuales y la boca.
- Olores corporales. Con 2.43 puntos, los olores aparecen en un sitio más alto de lo que podría esperarse. No se trata solo de perfumes o productos de cuidado personal. El interés puede estar relacionado con el olor natural de la pareja, la piel, el cabello, la ropa o la cercanía física.
- Ropa interior. Este interés obtiene 2.40 puntos. Prendas de cualquier género, encajes, lencería, telas y el acto de usar o quitar ropa interior pueden formar parte de la excitación. Entre los hombres, el estudio encuentra puntuaciones más altas en ropa interior, medias, calcetines y prendas asociadas con la parafernalia sexual.
- Zona umbilical y abdomen. El ombligo y el abdomen llegan a 2.38 puntos. Es una de las zonas que se ubican por encima de pies, axilas, ojos, cabello, manos y brazos en el ranking general. En mujeres lesbianas, el interés por el abdomen aparece más alto que en mujeres heterosexuales.
- Texturas físicas al tacto. Con 2.29 puntos, este interés abarca la sensación de distintos materiales, superficies y tipos de contacto. Puede incluir desde la piel hasta una tela suave, una prenda deportiva, una sábana, el terciopelo o el satén.
Los pies, uno de los temas más asociados con los fetiches en redes sociales, no entran al top 10. En el ranking de partes del cuerpo, ocupan el lugar 11 entre 13 categorías evaluadas, por debajo de piernas, abdomen, cuello, nalgas y boca. Su puntuación promedio fue de 0.8.
La distancia entre la fama de los pies y su lugar en el estudio puede explicarse por la fuerza de las comunidades y contenidos que giran alrededor de ese gusto. Que haya grupos muy activos en internet no significa que sea el interés más extendido entre quienes respondieron la encuesta.
PUBLICIDAD
Los gustos se parecen más entre hombres y mujeres de lo que parece
Uno de los hallazgos del estudio es que las diferencias entre hombres y mujeres son menores de lo que suelen marcar los clichés. Boca, labios, lengua, juguetes sexuales, olores corporales, sonidos y texturas aparecen con fuerza en distintos grupos.
Entre las mujeres, la boca ocupa el primer lugar y los sonidos específicos el segundo. Las dinámicas de poder y jerarquía llegan al tercer sitio.
Entre los hombres, las nalgas tienen un peso mayor, mientras la ropa interior, las medias, los calcetines, los pies y las axilas registran puntuaciones más elevadas que entre las mujeres.
PUBLICIDAD
El documento también observa que la orientación sexual puede modificar algunos patrones. Los intereses no dependen solo del género de quien responde, sino de hacia quién dirige su atracción.
Por ejemplo, piernas, medias y calzado tienen puntajes más altos entre hombres heterosexuales y mujeres lesbianas.
En cambio, manos y brazos registran mayor interés entre mujeres heterosexuales y hombres gay. El patrón sugiere que la atracción por determinado género influye en qué zonas del cuerpo llaman más la atención.
Las axilas aparecen como uno de los datos menos esperados. El estudio identifica un interés marcadamente más alto por esta zona tanto entre hombres gay como entre mujeres lesbianas. En el resto de los grupos también reciben valoración, pero con menor intensidad.
El placer predomina, aunque hablar de deseos todavía cuesta trabajo
Entre las personas que reconocen con claridad tener un interés fetichista, 73.4% lo asocia con placer sin malestar. Un 33.2% también lo relaciona con curiosidad o interés neutro. El malestar significativo aparece en 1.1% de quienes respondieron esa pregunta.
El dato no elimina la vergüenza o las dificultades que pueden surgir al compartir un deseo íntimo. Las respuestas abiertas muestran que muchas personas siguen asociando la palabra fetiche con enfermedad, rareza o problemas de salud mental.
Casi una de cada cuatro respuestas sobre mitos menciona la molestia por la idea de que los fetiches son “para gente enferma”. El temor al juicio o al rechazo hace que algunas personas callen sus gustos, los insinúen o esperen a que la otra persona saque el tema.
La comunicación todavía tiene un margen amplio. El 45.7% menciona directamente su interés en una conversación con su pareja, mientras 28.4% lo insinúa de forma gradual o indirecta. Solo 41.6% afirma que siempre habla antes de probar algo nuevo.
Paulina Millán planteó que conversar sobre deseos no consiste en convencer a la otra persona. Una pareja puede escuchar, hacer preguntas, pedir tiempo, establecer límites o decir que no. La posibilidad de explorar depende de acuerdos claros, no de insistencia.
La cifra final vuelve al punto de partida: los intereses fetichistas no se reducen a una lista de rarezas. Entre las personas encuestadas, aparecen como preferencias, curiosidades y formas de explorar el placer que van desde un beso hasta una prenda, un olor, una textura o una dinámica acordada.
PUBLICIDAD