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Día internacional del café: beber esta cantidad de tazas diarias reduce la inflamación del hígado y frena la fibrosis

La fecha fue proclamada por la Organización Internacional del Café en 2014 y tuvo su primera conmemoración global en 2015, durante la Expo de Milán

Día internacional del café: por qué tomarlo reduce la inflamación del hígado y frena la progresión hacia la fibrosis (Foto: Infobae México/ Jovani Pérez)

El Día Internacional del Café se conmemora este 1 de octubre y vuelve a poner atención sobre un consumo que, en cantidades moderadas, se asocia con menor inflamación del hígado y una progresión más lenta de la fibrosis. Algo por lo que es tendencia en Google Trends.

Estudios médicos revisan el efecto de dos a tres tazas diarias, sobre todo en personas con hígado graso, aunque el café no sustituye la atención con un especialista, el control de peso ni el tratamiento de enfermedades hepáticas.

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La fecha fue proclamada por la Organización Internacional del Café en 2014 y tuvo su primera conmemoración global en 2015, durante la Expo de Milán. La bebida forma parte de la rutina diaria de millones de personas, pero sus compuestos también han sido estudiados por su relación con la salud metabólica y hepática.

El café contiene cafeína, ácidos clorogénicos y polifenoles. Estas sustancias tienen actividad antioxidante y podrían reducir el estrés oxidativo en las células del hígado. La evidencia disponible no plantea que una taza cure el hígado graso o revierta por sí sola una enfermedad avanzada, pero sí describe una asociación con menor daño progresivo.

Una revisión publicada en 2020 por The New England Journal of Medicine aborda los efectos del café en la salud y menciona sus posibles beneficios frente a enfermedades del hígado. El consumo debe analizarse dentro de un cuadro completo: alimentación, actividad física, peso corporal, consumo de alcohol, diabetes y otras enfermedades.

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El café se asocia con menos fibrosis hepática

(Crédito: Google Trends)

La fibrosis es una cicatrización interna del hígado. Aparece cuando el órgano enfrenta agresiones persistentes, como acumulación de grasa, consumo excesivo de alcohol, hepatitis virales, ciertos medicamentos o enfermedades autoinmunes.

Con el paso del tiempo, esa cicatrización puede avanzar hacia cirrosis. En esa etapa, el tejido sano disminuye y el hígado pierde parte de sus funciones. La cirrosis también eleva el riesgo de cáncer hepático.

Un estudio publicado en 2017 en el Journal of Hepatology evaluó la fibrosis en pacientes de Países Bajos. La investigación reportó que quienes consumían más de tres tazas de café al día presentaban menor fibrosis hepática que quienes tomaban menos o no consumían la bebida.

Ese hallazgo no significa que todas las personas deban superar esa cantidad. La tolerancia a la cafeína cambia entre individuos y puede depender de padecimientos previos, medicamentos, hábitos de sueño y antecedentes cardiovasculares.

La relación entre café y fibrosis se explica, en parte, por una menor inflamación y menor estrés oxidativo. El organismo genera sustancias oxidantes durante distintos procesos metabólicos. Cuando se acumulan, pueden dañar células y activar mecanismos que favorecen la cicatrización del hígado.

Dos a tres tazas al día concentran la recomendación

La información médica reunida sobre hígado graso suele ubicar el consumo protector entre dos y tres tazas diarias. Otros trabajos identifican beneficios en personas que toman más de tres tazas, aunque una dosis mayor no es una instrucción general para todos los pacientes.

La medida también depende del tamaño de la taza y de la preparación. Una taza pequeña de café filtrado no contiene la misma cantidad de cafeína que un vaso grande de café concentrado, una bebida energética o un espresso doble.

Los estudios citados no establecen una recomendación distinta para hombres y mujeres ni una cantidad específica por grupo de edad adulto. La orientación se centra en un consumo moderado y en la respuesta de cada persona a la cafeína.

En adultos mayores, personas con trastornos del sueño, ansiedad, arritmias, presión arterial no controlada o sensibilidad marcada a la cafeína, el consumo debe revisarse con un médico. También conviene consultar en caso de embarazo, lactancia o uso de fármacos que puedan interactuar con estimulantes.

Las personas con enfermedad hepática diagnosticada no deben asumir que el café reemplaza las consultas. Un gastroenterólogo o hepatólogo puede identificar si el daño se relaciona con hígado graso, alcohol, hepatitis B o C, enfermedad de Wilson, hepatitis autoinmune u otra causa.

El café filtrado reduce los agregados que afectan el metabolismo

El café filtrado reduce los agregados que afectan el metabolismo (Imagen Ilustrativa Infobae)

El café pasado o filtrado suele ser la preparación sugerida frente a bebidas instantáneas o productos con exceso de azúcares, cremas y jarabes. El beneficio metabólico atribuido al café puede disminuir cuando se acompaña con ingredientes de alto contenido calórico.

Una bebida con azúcar añadida, crema endulzada o jarabes puede elevar la ingesta de calorías y dificultar el control de glucosa y peso. Ambos factores influyen en el desarrollo y la progresión del hígado graso asociado a alteraciones metabólicas.

La recomendación práctica consiste en tomarlo solo o con la menor cantidad posible de azúcar. La leche no convierte el café en un producto dañino por sí misma, pero las preparaciones comerciales suelen concentrar endulzantes y grasas que cambian el perfil de la bebida.

También hay evidencia sobre café descafeinado. Un metaanálisis publicado en 2017 en BMJ Open encontró una asociación entre el consumo de café, con o sin cafeína, y menor riesgo de carcinoma hepatocelular, el cáncer primario más frecuente del hígado.

Ese dato apunta a que los compuestos distintos de la cafeína también tendrían un papel en el efecto observado. Aun así, el descafeinado no elimina por completo las precauciones para personas con enfermedades específicas o indicaciones médicas particulares.

Obesidad y alcohol mantienen el mayor riesgo para el hígado

El café puede formar parte de una rutina de cuidado, pero no compensa los efectos de la obesidad, el sedentarismo, la diabetes sin control o el consumo excesivo de alcohol. El hígado graso es una de las causas más frecuentes de fibrosis y requiere cambios sostenidos en el estilo de vida.

El exceso de alcohol daña directamente al hígado. La capacidad del órgano para metabolizarlo no aumenta porque una persona deje de beber entre semana y concentre el consumo durante el fin de semana.

El control de peso, una alimentación con menor cantidad de azúcares y ultraprocesados, actividad física regular y atención médica cuando existen alteraciones en pruebas hepáticas son medidas que acompañan el consumo moderado de café.

Las personas con dolor abdominal persistente, coloración amarilla en piel u ojos, inflamación abdominal, cansancio intenso o antecedentes de enfermedad hepática deben buscar valoración médica. El café puede acompañar una estrategia de prevención, pero el diagnóstico temprano define el tratamiento cuando ya existe fibrosis, cirrosis o riesgo de cáncer hepático.

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