El estreno de La Captura en Netflix, el 21 de agosto de 2026, volvió a poner bajo la lupa uno de los operativos más tensos de la historia reciente de México: la madrugada del 8 de enero de 2016, elementos de las Fuerzas Especiales de la Secretaría de Marina irrumpieron en una casa de seguridad en Los Mochis, Sinaloa, y desataron una cadena de hechos que terminó con la tercera y última detención de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, líder del Cártel de Sinaloa, quien había escapado del penal del Altiplano seis meses antes a través de un túnel.
La producción de Netflix, protagonizada por Alfonso “Poncho” Herrera, Noé Hernández y Héctor Kotsifakis, recrea los hechos desde la perspectiva de los policías federales que interceptaron al capo. Su título internacional es Facing El Chapo.
La fuga del Altiplano que desató la cacería
En julio de 2015, Guzmán Loera escapó del Centro Federal de Readaptación Social Número 1, conocido como el Altiplano, a través de un túnel que conectaba la regadera de su celda con una casa en construcción en el exterior. La fuga fue la segunda del capo y sumergió al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto en una de sus peores crisis de credibilidad.
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Durante los meses siguientes, el Ejército Mexicano, la Policía Federal, la entonces Procuraduría General de la República y el CISEN coordinaron los trabajos de inteligencia para localizarlo. El operativo que finalmente lo atrapó recibió el nombre en clave de Cisne Negro, derivado de un cateo realizado en 2015 en el Rancho Los Ciruelos, donde las autoridades aseguraron cisnes negros que, según reportes periodísticos, eran las aves predilectas del capo.
El asalto a la casa de seguridad en Los Mochis
A las 4:00 de la mañana del 8 de enero de 2016, la Unidad de Operaciones Especiales de la Semar, al mando de Marco Antonio Ortega Siu, irrumpió en un inmueble del fraccionamiento Las Palmas en Los Mochis. Los trabajos de inteligencia apuntaban a la presencia de un mando de alto nivel del Cártel de Sinaloa; el objetivo inicial era capturar a Orso Iván Gastélum Cruz, alias “El Cholo Iván”, uno de los hombres de mayor confianza del capo.
Los marinos avanzaron entre disparos y explosiones de granadas a través de una construcción de varios pisos. Una cámara corporal de uno de los efectivos registró el operativo; en las frecuencias de radio se escuchó a un agente reportar: “Tenemos tres masculinos, uno abatido y tenemos dos femeninas”.
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El enfrentamiento dejó seis personas muertas y cinco detenidas entre los integrantes del grupo criminal. En medio del tiroteo, Guzmán Loera y Gastélum lograron abandonar el inmueble sin ser capturados.
De acuerdo con las investigaciones, los dos fugitivos usaron un narcotúnel que conectaba el inmueble con la red de drenaje pluvial de la ciudad. Desde ese punto salieron a la superficie por una alcantarilla cubiertos de agua y lodo, según los reportes oficiales.
La estrategia les permitió alejarse del cerco de la Marina, pero las lluvias registradas la noche anterior elevaron los niveles del drenaje y los forzaron a regresar a la superficie antes de lo planeado. La misma infraestructura subterránea que los había ocultado los expulsó.
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Ya en la calle, Gastélum portaba un arma. Los dos despojaron a conductores de un Volkswagen Jetta blanco y, poco después, de un Ford Focus rojo, con el propósito de dificultar que las autoridades identificaran el vehículo en que viajaban.
La persecución sobre la carretera Los Mochis-Navojoa
Los propietarios de los vehículos robados reportaron los hechos al C-4. Uno de ellos describió a los responsables como “dos tipos en ropa interior”, en referencia al estado en que salieron del drenaje.
Aproximadamente 4 kilómetros después, sobre la carretera Los Mochis-Navojoa, dos agentes de la entonces Policía Federal ubicaron el Ford Focus. Gastélum conducía a gran velocidad y no obedeció la orden de detenerse; los policías cerraron el paso al automóvil.
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Al descender del vehículo, los agentes observaron que Gastélum aún tenía un arma en la mano, aunque no llegó a disparar. Guzmán, según una versión de los hechos, permaneció agachado en el asiento trasero durante la intercepción.
El motel Doux y los sobornos que nadie aceptó
Tras identificar al capo, los agentes enfrentaron una situación de alto riesgo: por radiofrecuencia escucharon que alrededor de 30 camionetas con hombres armados se desplazaban hacia la zona para rescatar a Guzmán. Para evitar que sus comunicaciones fueran intervenidas, solicitaron refuerzos por teléfono.
Los policías calcularon que no alcanzarían a llegar a su cuartel y eligieron el motel Doux como refugio temporal. Escondieron las patrullas dentro del garaje, ocuparon las habitaciones 51 y 19, y colocaron a dos agentes en la azotea con armas largas para vigilar un posible ataque.
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Durante el traslado, Guzmán pidió a los agentes que lo llevaran hasta Chemoris y les prometió que podía cambiar sus vidas para siempre. Ya en el motel, los ofrecimientos incluyeron dinero, casas, empresas y negocios; todos fueron rechazados.
Según los reportes, en un momento el capo ofreció USD 50 millones a uno de los agentes a cambio de su liberación. La propuesta fue desestimada.
La orden de los mandos era obtener una fotografía de Guzmán para confirmar su identidad. La imagen fue enviada al comisionado nacional de Seguridad, Renato Sales, quien la hizo llegar al secretario de Gobernación.
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La captura definitiva y el cierre del operativo
Alrededor de las 10:30 de la mañana, marinos y soldados llegaron al motel Doux. Uno de los mandos, que había participado en la detención de Guzmán en 2014, le dijo: “Se te acabaron tus vacaciones de seis meses”. El capo respondió: “Sí, se me acabaron”.
La Operación Cisne Negro tuvo una duración aproximada de seis horas, desde la irrupción en el inmueble de Los Mochis hasta la captura definitiva. El operativo estuvo coordinado entre la Semar, la Policía Federal, la Procuraduría General de la República y el CISEN, según la Crónica Presidencial.
Guzmán Loera fue trasladado bajo custodia a la Ciudad de México y recluido nuevamente en el Altiplano, esta vez bajo medidas reforzadas de vigilancia. En enero de 2017, el gobierno mexicano concretó su extradición a Estados Unidos.
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En 2019, un tribunal federal estadounidense lo declaró culpable de cargos de narcotráfico, delincuencia organizada, lavado de dinero y uso de armas de fuego. Cumple una condena de cadena perpetua más 30 años adicionales en la prisión de máxima seguridad ADX Florence, en el estado de Colorado.
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