El 8 de enero de 2016, cuando los agentes federales Arturo Carmona y Héctor Rosales detuvieron un auto robado en Los Mochis, Sinaloa, no sabían que entre sus ocupantes estaba Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, el líder del Cártel de Sinaloa. Guzmán acababa de escapar por el drenaje de la ciudad tras el operativo de la Secretaría de Marina y tenía un destino claro: Juan José Ríos, conocido como “Che Ríos”, una localidad a 17 kilómetros de Los Mochis donde, según sus propias palabras, tenía gente que podía auxiliarlo.
La urgencia del capo por llegar a ese poblado quedó registrada en las crónicas del periodista Héctor de Mauleón, publicadas en la revista Nexos y en el diario El Universal, y es uno de los momentos centrales de la película La Captura, disponible en Netflix y dirigida por Chava Cartas.
Qué es Juan José Ríos y por qué se le llama “Che Ríos”
Juan José Ríos es una ciudad agrícola ubicada en el norte del estado de Sinaloa, México. Su nombre proviene del general Juan José Ríos, un político y militar de la Revolución Mexicana que fue gobernador de Colima, secretario de Guerra y Marina durante la presidencia de Venustiano Carranza, y secretario de Gobernación en 1932.
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El asentamiento fue fundado el 21 de septiembre de 1938 por resolución del entonces presidente Lázaro Cárdenas del Río, bajo el nombre de Ejido Las Vacas. Tenía entonces una superficie de 16.420 hectáreas y 179 habitantes, de los cuales 64 eran ejidatarios.
El apelativo popular “Che Ríos” es una contracción coloquial del nombre oficial. El 5 de marzo de 2021, la LXIII Legislatura del Congreso del Estado de Sinaloa elevó la localidad a la categoría de municipio, aunque su ayuntamiento no entró en vigor sino hasta el 1 de noviembre de 2024.
La ciudad tiene una posición geográfica particular: su territorio quedó dividido entre los municipios de Ahome —donde también se ubica Los Mochis— y Guasave. Según un reportaje de SinEmbargo publicado en enero de 2016, esa división administrativa la convirtió en tierra de nadie, ignorada por ambos ayuntamientos.
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El mismo reportaje de SinEmbargo describió a Che Ríos como “el pedazo de tierra donde se han enfrentado las huestes de Guzmán Loera con las de los hermanos Beltrán Leyva”. La ruptura entre el Cártel de Sinaloa y los Beltrán Leyva se precipitó en 2008, cuando estos últimos responsabilizaron a la facción de ‘El Chapo’ por el arresto de Alfredo “El Mochomo” Beltrán Leyva, según documentó la BBC.
En esa geografía de disputa, Guzmán Loera concentró parte de sus operadores en la zona norte de Sinaloa. Che Ríos funcionaba como un nodo de apoyo dentro de esa red territorial.
La frase que el capo dirigió a los agentes Carmona y Rosales sintetiza esa lógica operativa. “Ayúdenme a llegar a ‘Che’ Ríos —les dijo—. Yo les arreglo la vida para siempre. Ahí está mi gente. Ahí los van a apoyar”, según el relato de Héctor de Mauleón recogido por medios locales.
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La petición no fue una improvisación: era la ruta de escape más lógica para alguien que acababa de perder su casa de seguridad y necesitaba alcanzar un territorio donde contaba con respaldo humano y logístico.
La fuga por Los Mochis y el auto robado
El operativo que antecedió a la captura comenzó en la madrugada del 8 de enero de 2016, alrededor de las 4:00 horas, cuando elementos de las Fuerzas Especiales de la Secretaría de Marina irrumpieron en un inmueble de Los Mochis. El objetivo inicial era otro operador del cártel, pero las labores de inteligencia revelaron que Guzmán también estaba en el lugar.
El enfrentamiento dejó cinco escoltas del capo muertos y un marino herido. Guzmán y su jefe de seguridad, Jorge Iván “El Cholo Iván” Gastélum, escaparon por un túnel que conectaba la vivienda con el sistema de drenaje de la ciudad.
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Permanecieron bajo tierra durante varias horas. Al salir, despojaron a una conductora de su vehículo y huyeron cubiertos de lodo. Ese auto fue reportado como robado minutos después, lo que permitió a los agentes federales identificarlo y detenerlos sin saber quiénes eran sus ocupantes, de acuerdo con la reconstrucción de De Mauleón citada por Quinto Poder y El Financiero.
Las promesas y la respuesta de los agentes
Ante los agentes, Guzmán insistió dos veces en su petición. La segunda vez se dirigió directamente al mando: “Comandante, le doy lo que pida. Lléveme a ‘Che’ Ríos”, según el mismo relato de De Mauleón. La respuesta del oficial fue: “Espérese tantito. Ahorita vemos qué hacemos”.
Los agentes no accedieron al traslado. Según reportes citados por Infobae México, Guzmán también ofreció USD 50 millones a uno de los agentes a cambio de su libertad, propuesta que también fue rechazada.
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El capo y “El Cholo Iván” fueron trasladados al Motel Doux, donde permanecieron en la habitación 51 en espera de refuerzos. El periodista Héctor de Mauleón reveló en agosto de 2026, a través de su columna en El Universal, tres videos inéditos de esas horas: en uno de ellos, Guzmán aparece lavándose el rostro cubierto de lodo; en otro, abatido durante el traslado a un hangar rumbo a la Ciudad de México; en el tercero, con ropa limpia, conversando con agentes sobre la estructura de Los Zetas.
La Operación Cisne Negro tuvo una duración aproximada de seis horas y estuvo a cargo de Marco Antonio Ortega Siu, entonces jefe de la Unidad de Operaciones Especiales de la Secretaría de Marina.
La película y las crónicas que reconstruyeron los hechos
La Captura toma como base dos textos de Héctor de Mauleón: “Cómo atrapamos al Chapo” y “Veinte minutos a solas con ‘El Chapo’”, publicados en 2016, más una reconstrucción más extensa titulada “El último amanecer del Chapo”, publicada recientemente en Nexos, según Zeta Tijuana. El guion fue escrito por Bernardo Esquinca.
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La cercanía entre las crónicas y la película es tal que algunos diálogos se reproducen de forma casi literal, según el mismo medio. En la ficción, el agente Carmona es interpretado por Alfonso Herrera y Rosales por Noé Hernández.
Un año después de su captura en Los Mochis, Guzmán fue extraditado a Estados Unidos. Actualmente cumple una condena de cadena perpetua en una prisión federal estadounidense, además de 30 años adicionales en la prisión de máxima seguridad ADX Florence, en Colorado.
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