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CJNG perfecciona ataques con drones y los extiende a cinco estados de México, alerta InSight Crime

La organización criminal utiliza tecnología comercial adaptada para atacar a fuerzas de seguridad y ampliar sus capacidades; organizaciones como Cárteles Unidos y Los Ardillos también han incorporado drones a sus operaciones

Miembros del CJNG posan con un dron el 1 de julio de 2021. (Crédito: Reuters)

El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) mantiene una unidad especializada en el uso de drones que ha extendido sus operaciones a cinco estados de México, donde estos dispositivos han sido utilizados para atacar a fuerzas de seguridad, vehículos y edificios, de acuerdo con Jeremy McDermott, codirector de InSight Crime.

En una entrevista publicada por el portal especializado en crimen organizado, McDermott explicó que el CJNG no fabrica sus propios drones, sino que adapta equipos disponibles comercialmente para utilizarlos en operaciones criminales. La unidad especializada ha sido identificada en Michoacán, Guanajuato, Chihuahua, Jalisco y Baja California.

El investigador señaló que los drones han sido utilizados para lanzar bombas que han dañado edificios y para atacar a policías tanto en posiciones fijas como a bordo de vehículos. También relató que un helicóptero del Ejército fue alcanzado mediante una combinación de disparos y un artefacto explosivo improvisado (IED) transportado por uno de estos dispositivos.

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La evolución de esta tecnología también incluye su utilización para transportar dispositivos con sustancias químicas. McDermott recordó ataques registrados en Michoacán en los que los artefactos provocaron problemas respiratorios entre habitantes. El punto que ahora destaca el investigador es la capacidad del CJNG para adaptar con rapidez tecnología disponible en el mercado y emplearla en distintos escenarios, una práctica que podría facilitar la incorporación de drones a las operaciones de organizaciones criminales con menores recursos.

Los “Operadores Droneros”, la unidad del CJNG que comenzó a utilizar drones con explosivos

InSight Crime ya había documentado en 2025 la existencia de los llamados “Operadores Droneros”, una unidad especializada del CJNG dedicada al manejo de drones y artefactos explosivos.

Un dron sobrevuela un vehículo blindado perteneciente al Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), el 1 de julio de 2021. (Crédito: Reuters)

De acuerdo con esa investigación, la célula comenzó a operar alrededor de 2020 y utilizaba drones para lanzar explosivos contra grupos rivales y comunidades locales, principalmente en Jalisco y Michoacán. Con el tiempo, esta capacidad fue incorporada a las disputas por el control territorial.

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El medio también documentó que los integrantes de la unidad utilizaban un parche circular con una calavera, el nombre de “Operadores Droneros” y las siglas CJNG como distintivo. Los ataques eran además difundidos mediante redes sociales para mostrar la capacidad de fuego de la organización y enviar un mensaje de intimidación a rivales y población.

La investigación de 2025 había identificado ataques con artefactos explosivos improvisados principalmente en Michoacán, Chihuahua y Guanajuato, mientras que la entrevista de 2026 amplía el panorama al señalar que la unidad del CJNG ha sido utilizada también en Jalisco y Baja California.

Así, la información más reciente apunta a una evolución de aquella capacidad especializada: de los primeros ataques documentados en Jalisco y Michoacán a una herramienta que, según McDermott, se desplaza entre distintas entidades del país.

El uso de drones también alcanza a grupos criminales más pequeños

El fenómeno ya no estaría limitado al CJNG. McDermott señaló que Cárteles Unidos y Los Ardillos también cuentan con antecedentes en el uso de drones, lo que, a su juicio, muestra que esta tecnología comienza a extenderse entre organizaciones criminales de menor tamaño.

El CJNG cuenta con una unidad especializada en el manejo de drones que, de acuerdo con InSight Crime, ha operado en cinco estados de México. (Crédito: Reuters)

La facilidad para adquirir drones comerciales y la disponibilidad de información para modificarlos reducen la barrera tecnológica para los grupos delictivos. Según el investigador, ya no es necesario contar con conocimientos altamente especializados para aprender a adaptar estos dispositivos.

Los drones pueden utilizarse para vigilancia, reconocimiento y ataques, lo que amplía las posibilidades de las organizaciones para conocer movimientos de fuerzas de seguridad, proteger territorios y atacar objetivos a distancia.

McDermott advirtió que esta evolución representa un desafío para las autoridades debido a que la tecnología también avanza rápidamente y los grupos criminales pueden incorporar nuevas aplicaciones conforme aparecen en el mercado.

México y Estados Unidos profundizan cooperación antidrones

La expansión de estas capacidades ocurre mientras México y Estados Unidos avanzan en una estrategia conjunta para enfrentar el uso criminal de drones.

De acuerdo con InSight Crime, ambos países firmaron el 17 de agosto una declaración de intenciones para profundizar la cooperación en tecnología de drones y antidrones. Como parte del acuerdo, Washington permitirá al Ministerio de Defensa de México acceder a la plataforma digital de adquisiciones del Ejército estadounidense para adquirir sistemas aéreos no tripulados y equipos destinados a contrarrestarlos.

McDermott explicó que México está siguiendo un camino diferente al de Colombia, que ha planteado una estrategia de mayor escala para enfrentar los drones utilizados por grupos armados. En territorio mexicano, además del componente tecnológico, las autoridades han recurrido a medidas legales contra el uso criminal de drones y explosivos.

Para el investigador, sin embargo, la respuesta antidrones enfrenta una dificultad central: los dispositivos tienen múltiples usos legítimos y su disponibilidad comercial hace prácticamente imposible eliminarlos del mercado.

La advertencia de InSight Crime es que neutralizar los drones no equivale a desarticular al crimen organizado. Los dispositivos representan una de las herramientas que utilizan los grupos criminales para proteger sus negocios, disputar territorios y enfrentar a las autoridades.

La expansión de su uso entre organizaciones de distintos tamaños plantea así un escenario en el que el Estado debe responder no sólo a los ataques, sino también a la rapidez con la que el crimen organizado incorpora tecnología disponible comercialmente.

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