La habilidad de enrollar la lengua en forma de “taco” ha sido durante décadas un ejemplo clásico en las clases de genética para ilustrar cómo se heredan ciertos rasgos humanos.
Sin embargo, la ciencia actual revela que la explicación tradicional resulta demasiado simple, aunque se decía que era un gen dominante.
Lo que revela la ciencia sobre el enrollamiento lingual
Actualmente, la comunidad científica coincide en que la capacidad de enrollar la lengua no es un rasgo mendeliano simple.
Las investigaciones originales, junto con estudios con gemelos y análisis de familias, han demostrado que la explicación genética tradicional es insuficiente y que existen muchos factores involucrados.
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El fenómeno se entiende ahora como el resultado de una predisposición genética, combinada con la influencia del entorno y la práctica personal.
Si puedes hacer “taquito” con la lengua, posees una habilidad curiosa que depende tanto de tu herencia como de tu experiencia.
El mito del gen dominante para el “taco” de lengua
Durante mucho tiempo, se pensó que la capacidad de enrollar la lengua dependía exclusivamente de un gen dominante.
Según esta idea, solo quienes tuvieran al menos una copia de ese gen podrían realizar el gesto, mientras que aquellos con dos genes recesivos no podrían hacerlo nunca.
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Esta teoría, popularizada en la década de 1940 por el genetista Alfred Sturtevant, fue ampliamente aceptada y replicada en libros escolares.
Estudios posteriores demostraron que la realidad es más compleja.
Investigaciones de mitad del siglo XX, como las de Komai y otros autores, mostraron que entre el 65 y el 81 % de las personas pueden enrollar la lengua, con una proporción ligeramente mayor en mujeres.
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Además, los científicos observaron que algunos niños que al principio no lograban el movimiento, sí lo conseguían después de cierta edad, lo que sugiere que la habilidad puede aprenderse y no depende solo de la genética.
¿Por qué algunas personas pueden enrollar la lengua y otras no?
La respuesta más precisa es que no existe un único gen responsable.
Aunque la herencia genética influye, los factores ambientales y la práctica también juegan un papel clave.
Estudios realizados con gemelos idénticos, quienes comparten el mismo ADN, revelaron que no siempre ambos comparten la habilidad. Esto indica que aunque existe una predisposición genética, el entorno y el aprendizaje pueden modificar el resultado.
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En concreto, los estudios familiares muestran que tener padres capaces de enrollar la lengua aumenta la probabilidad de heredar la habilidad, pero no la garantiza.
También existen casos de hijos que pueden enrollar la lengua aunque ninguno de sus padres tenga la habilidad, lo que contradice la idea de un control genético absoluto.
Un dato clave es que, en investigaciones con gemelos, se halló que algunos pares idénticos no coincidían en la capacidad de enrollar la lengua.
Esto demuestra que la habilidad no es puramente hereditaria, sino que intervienen factores no genéticos, y que la explicación más adecuada es una combinación de predisposición y experiencia.
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Habilidad, creatividad y otros mitos
En los últimos años, algunos estudios de psicología han sugerido que quienes pueden hacer “taquito” con la lengua podrían mostrar ciertas tendencias hacia la creatividad y el pensamiento analítico.
Sin embargo, los expertos aclaran que no existe una relación automática entre la habilidad de la lengua y la inteligencia o la creatividad.
Las capacidades mentales surgen de una interacción compleja entre genética, aprendizaje y entorno.
Así, poder enrollar la lengua se convierte en una curiosidad anatómica más que en un marcador de talento o personalidad. Es un ejemplo útil para entender cómo el cuerpo humano combina la herencia con el entorno y la práctica cotidiana.
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Otros rasgos atribuidos a la genética simple
La tendencia a asociar características físicas con genes únicos no se limita a la lengua.
Otros ejemplos comunes incluyen la forma del lóbulo de la oreja, la pigmentación del iris, la curvatura del dedo meñique o la presencia de hoyuelos en las mejillas.