Yahir reveló durante una de las pláticas en La Casa de los Famosos México 2026 que su madre, Dora Aurelia, padece Alzheimer, una enfermedad sin cura que avanza con rapidez y que desafortunadamente ya no recuerda que su hijo es cantante. El artista sonorense lo contó en una conversación con Ese Pérez dentro del reality, donde describió cómo la familia reorganizó su vida entera para cuidarla las 24 horas del día.
“Ya no se acuerda mi jefa, tiene Alzheimer, ya no se acuerda que canto”, dijo Yahir. La frase cayó en la conversación sin dramatismo, pero con el peso de quien lleva tiempo asimilando una pérdida que ocurre en vida. Doña Dora Aurelia, mujer que alguna vez apoyó con entusiasmo la carrera de su hijo, ya no conecta ese recuerdo con la persona que tiene enfrente.
La enfermedad avanzó más rápido de lo que esperaban
El deterioro no llegó de golpe. Yahir contó que los primeros indicios aparecieron con los nombres: empezó a olvidarlos. Él y sus hermanos lo detectaron pronto, aunque en ese momento no dimensionaron del todo lo que venía. “Lógicamente, mis carnales y yo de volada detectamos el problema”, dijo. El diagnóstico llegó después, y con él la obligación de dejar de trabajar.
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“Ya cuando le dieron el diagnóstico tuvo que dejar de trabajar. Ya estaba más enfocada a estar en la casa. De repente se iba a chambear y dejaba la estufa prendida”, relató Yahir. En una ocasión, los sartenes quedaron encendidos durante ocho horas. Esas señales, vistas en retrospectiva, ya anunciaban lo que vendría.
El cantante también mencionó que el Alzheimer no llegó solo: hubo un período en que su madre enfrentó depresión al mismo tiempo. “Había como depresión y Alzheimer, o sea, las dos cosas”, explicó. A eso se sumó la dificultad de que nadie puede obligar a un familiar a asistir a terapias si no quiere ir.
“Me parte el alma”: Yahir describe lo que vive cada visita
Cuando Ese Pérez le preguntó directamente si le pesaba la situación, Yahir no buscó palabras elaboradas: “Me parte el alma, güey. Me parte el alma”. Su madre lo reconoce como hijo —se alegra cuando lo ve, le brinca a los brazos— pero no recuerda que estuvo con ella el día anterior, ni que salieron a desayunar el domingo.
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“Siempre me dice: ‘Tenía un chingo de ganas de verte, no te había visto’. Y yo: aquí estuve ayer”, contó. Ese ciclo se repite en cada visita. El cuerpo de Dora Aurelia está presente; la continuidad de los recuerdos, no.
Yahir también reflexionó sobre la alimentación de su madre. Al hacer memoria, identificó que ella consumía grandes cantidades de azúcar desde que él era niño: cuatro cucharadas en el café, cereal, pan dulce, galletas y pasteles que ella misma horneaba. “Haciendo memoria para atrás ya me fui dando cuenta: mi jefa nunca en la vida desayunando huevos. Siempre era cereal, siempre era el pan dulce”, dijo.
Ante la imposibilidad de dejar a Dora Aurelia sola ni un minuto, la familia tomó una decisión: mudarse a otra casa y contratar cuidado especializado de tiempo completo. “El cuidado es veinticuatro horas”, precisó Yahir. Sus hermanos participan activamente. “Se han fajado mis carnales. Estamos bien unidos, gracias a Dios”, afirmó.
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A pesar del peso emocional, Yahir describe a su madre como una mujer contenta. Tiene las uñas pintadas, el cabello peinado, convive con alegría cuando llegan visitas y a veces baila y canta. “Bien pintadita, las uñas, bien peinadita”, dijo con una mezcla de ternura y alivio. Su padre, en contraste, mantiene plena lucidez y hace ejercicio con regularidad.
“Mi jefita fue una santa con nosotros”, cerró Yahir. Testigo de Jehová, entregada a su familia, panadera de oficio. El cantante la nombró por primera vez en público con todas sus letras: Dora Aurelia.