¿Qué se hace con la ropa que no se puede reciclar o reutilizar para evitar el impacto en el medioambiente?

El fast fashion y la industria textil son de las más contaminantes, pues millones de prendas terminan cada año en vertederos o incineradas. Para cuidar el planeta, es clave prolongar la vida útil de la ropa

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Una fábrica con chimeneas humeantes y un río contaminado contrastan con un telar y una montaña de ropa, indicando el ciclo de la producción textil. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La ropa que ya no puede reutilizarse ni reciclarse representa uno de los mayores desafíos ambientales de la actualidad. Aunque donar prendas en buen estado sigue siendo una de las mejores opciones, millones de textiles deteriorados, contaminados o fabricados con mezclas de materiales terminan convertidos en residuos difíciles de aprovechar.

De acuerdo con un informe del Parlamento Europeo, la llamada moda rápida (fast fashion) ha incrementado de manera acelerada la producción y el consumo de prendas, provocando que cada vez más ropa sea desechada después de muy pocos usos. El problema no solo radica en la enorme cantidad de residuos que genera, sino también en el consumo de agua, energía y materias primas necesarias para fabricar cada prenda.

Frente a este escenario, la Unión Europea impulsa nuevas normas para alargar la vida útil de la ropa, fomentar su reparación y garantizar que los fabricantes asuman parte de la responsabilidad sobre los residuos textiles. Pero, ¿qué ocurre cuando una prenda ya no puede reutilizarse ni reciclarse?

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¿Qué pasa con la ropa que ya no puede reciclarse o reutilizarse?

La realidad es que gran parte de estos textiles termina en vertederos o es enviada a plantas de incineración para generar energía. Según el Parlamento Europeo, incluso la ropa que se deposita en contenedores especiales no siempre encuentra una segunda vida.

El organismo europeo señala que:

  • Menos de la mitad de la ropa usada se recoge para ser reutilizada o reciclada.
  • Apenas 1 % de la ropa usada logra reciclarse para convertirse nuevamente en prendas de vestir.
  • Entre 4 % y 9 % de los textiles que llegan al mercado europeo son destruidos sin haber sido utilizados.
  • Cerca del 87 % de la ropa usada termina finalmente incinerada o en vertederos.
Un paisaje desolado ilustra el impacto ambiental de la industria textil con montañas de ropa, un río contaminado y chimeneas humeantes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esto ocurre porque muchas prendas están confeccionadas con mezclas de fibras naturales y sintéticas, contienen cierres, botones, estampados o tratamientos químicos que dificultan separar los materiales para reciclarlos de forma eficiente.

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Cuando el reciclaje textil no es técnicamente viable, la prioridad ambiental consiste en evitar que esos residuos permanezcan durante décadas en rellenos sanitarios, por lo que algunos países recurren a la valorización energética mediante la incineración controlada, aunque esta alternativa sigue generando emisiones de gases de efecto invernadero.

¿Por qué la industria textil preocupa tanto al medioambiente?

El informe del Parlamento Europeo destaca que la producción textil es una de las actividades con mayor impacto ambiental a nivel mundial.

Entre los datos más relevantes sobresalen:

  • Fabricar una sola camiseta de algodón requiere alrededor de 2 mil 700 litros de agua, equivalente a la cantidad que una persona bebe durante aproximadamente dos años y medio.
  • En 2022, cada habitante de la Unión Europea consumió en promedio 19 kilogramos de textiles al año.
  • Ese consumo implicó utilizar aproximadamente 323 metros cuadrados de suelo, 12 metros cúbicos de agua y 523 kilogramos de materias primas por persona.
  • La producción textil es responsable de alrededor del 20 % de la contaminación mundial del agua potable, debido principalmente al uso de tintes y productos químicos durante el acabado de las telas.
  • Una sola carga de ropa de poliéster puede liberar hasta 700 mil fibras microplásticas, las cuales terminan en ríos, mares y eventualmente en la cadena alimentaria.

Además, la fabricación y consumo de textiles generan importantes emisiones de dióxido de carbono, lo que contribuye al calentamiento global y al cambio climático.

Las soluciones para reducir el problema de la ropa desechada

Ante el crecimiento de los residuos textiles, la Unión Europea ha impulsado diversas medidas enfocadas en la economía circular.

Entre ellas destacan:

  • Diseñar prendas más resistentes y fáciles de reparar.
  • Favorecer la reutilización y el alquiler de ropa.
  • Impulsar el reciclaje de fibras textiles.
  • Combatir la moda rápida mediante productos con mayor duración.
  • Exigir a los fabricantes hacerse responsables de la recolección y reciclaje de sus productos al finalizar su vida útil.

Asimismo, desde 2025 los países miembros están obligados a realizar la recolección separada de residuos textiles, mientras que nuevas disposiciones establecen sistemas de responsabilidad ampliada del productor, mediante los cuales las empresas deberán financiar la clasificación, reutilización y reciclaje de la ropa que comercializan.

Otra medida relevante es el Reglamento de Ecodiseño, que establece requisitos mínimos de durabilidad, reparabilidad y reciclabilidad para numerosos productos, incluidos los textiles.

Además, a partir de 2026, las grandes empresas ya no podrán destruir ropa, calzado y accesorios que no hayan logrado vender, una práctica que durante años generó millones de toneladas de residuos perfectamente utilizables.

En paralelo, también se endurecieron las reglas contra el llamado greenwashing, con el objetivo de impedir que las marcas hagan afirmaciones ambientales engañosas sin respaldo científico.

Aunque las nuevas regulaciones representan un paso importante, especialistas coinciden en que el cambio también depende de los consumidores. Comprar prendas de mejor calidad, reparar la ropa antes de reemplazarla, adquirir artículos de segunda mano y donar textiles en buen estado son acciones que ayudan a disminuir la presión sobre los recursos naturales y reducen la cantidad de residuos que termina en vertederos o plantas de incineración.

De acuerdo con el Parlamento Europeo, avanzar hacia una economía circular en la industria de la moda será fundamental para disminuir el impacto ambiental de uno de los sectores más contaminantes del mundo y aprovechar mejor los materiales que ya existen antes de fabricar nuevos productos.