En medio de la conversación pública por el partido entre México, Inglaterra y el Mundial 2026, volvió a tomar fuerza un tema que rebasa lo deportivo: el Museo Británico conserva una sala dedicada a culturas prehispánicas del territorio mexicano y exhibe piezas como el códice Zouche-Nuttall, un mosaico de serpiente bicéfala azteca, una escultura de una diosa huasteca y el dintel de Yaxchilán.
El recinto es uno de los museos más antiguos del mundo y resguarda más de 8 millones de objetos de distintas regiones y culturas. Parte de ese acervo fue obtenida durante la época del Imperio Británico y en territorios colonizados, una condición que en años recientes provocó polémicas y peticiones formales de devolución de bienes considerados patrimonio de sus países de origen.
La discusión reapareció este domingo 5 de julio, fecha en la que la Selección Mexicana disputa ante Inglaterra su partido de octavos de final del Mundial 2026, un cruce que ha detonado comparaciones culturales y musicales en redes sociales. Entre esos intercambios también resurgió la referencia a las piezas mexicanas que forman parte de una de las exhibiciones más conocidas del museo inglés.
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El Museo Británico dedica una sala a culturas prehispánicas del actual territorio mexicano
El museo cuenta con un espacio centrado en culturas prehispánicas que se desarrollaron en lo que hoy es México. Ahí aparecen referencias a pueblos como los olmecas, mayas, mixtecas y aztecas.
Ese acervo puede revisarse incluso a distancia. El propio recinto ofrece un recorrido virtual en su sitio oficial, donde se observan artefactos, esculturas y objetos de uso cotidiano elaborados antes de la Conquista de España.
Entre las piezas que el museo destaca como parte de ese conjunto aparecen cuatro objetos señalados de forma expresa. Se trata del códice Zouche-Nuttall, un mosaico de serpiente bicéfala azteca, una escultura de la diosa huasteca y el dintel de Yaxchilán.
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Cada una de estas obras forma parte de la sección dedicada a las civilizaciones mesoamericanas dentro del recinto londinense. El señalamiento de estas piezas ha sido uno de los puntos más recordados cuando reaparece el debate sobre bienes culturales mexicanos que se encuentran fuera del país.
México sí ha impulsado la devolución de piezas con valor patrimonial
La respuesta a si México ha pedido el regreso de objetos conservados en el museo inglés es sí. Durante la administración federal pasada, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador promovió una campaña diplomática junto con la Secretaría de Cultura y el INAH para solicitar a ese y otros museos la devolución de piezas con valor artístico, cultural y patrimonial.
Esa estrategia no se limitó al caso del Museo Británico. También buscó recuperar bienes localizados en otros países, dentro de una política enfocada en el retorno de objetos arqueológicos e históricos vinculados con el legado mexicano.
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Uno de los ejemplos mencionados en ese esfuerzo ocurrió en febrero de 2026, cuando la Secretaría de Cultura gestionó el regreso de siete piezas arqueológicas que estaban en una subasta en los Países Bajos. Ese caso fue presentado como muestra de las acciones emprendidas por el gobierno mexicano para recuperar patrimonio fuera del territorio nacional.
El fondo del debate no se reduce a la posesión material de las obras, sino a la manera en que llegaron a colecciones extranjeras. En el caso del museo londinense, la controversia se alimenta de que parte de sus colecciones fue reunida durante la expansión imperial británica, un origen que ha motivado reclamos de distintos países.
Para México, el tema adquiere un peso adicional porque las piezas exhibidas remiten a culturas que se desarrollaron antes de la invasión española y forman parte de la memoria histórica del país. Por eso, cuando el nombre de Inglaterra ocupa la conversación pública, también vuelve la pregunta sobre qué objetos mexicanos permanecen en ese museo y bajo qué contexto histórico llegaron ahí.
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- El Museo Británico exhibe piezas del actual territorio mexicano como el códice Zouche-Nuttall, el mosaico de serpiente bicéfala azteca, una escultura de la diosa huasteca y el dintel de Yaxchilán.
- El recinto conserva más de 8 millones de objetos y parte de su colección fue obtenida durante la época del Imperio Británico, lo que ha provocado polémicas y solicitudes de devolución.
- El gobierno de AMLO, junto con la Secretaría de Cultura y el INAH, impulsó peticiones de restitución; en febrero de 2026 logró gestionar el regreso de siete piezas arqueológicas desde Países Bajos.
Tlazoltéotl, diosa de la lujuria
La Escultura de Tlazoltéotl fue elaborada por la Cultura huasteca entre los años 900-1521, que fueron un pueblo indígena que se desarrolló en una vasta región de México conocida como la Huasteca, compartida por los actuales estados de Veracruz, San Luis Potosí, Hidalgo, Tamaulipas, Querétaro y Puebla. Hablaban una lengua de origen mayense, de la que desciende el idioma huasteco actual. El nombre huasteco se deriva del vocablo náhuatl cuextécatl, que tiene dos posibles acepciones: de cuechtic o cuechtli “caracol pequeño o caracolillo” o de guaxin “guaje”, que es una pequeña leguminosa.
El pueblo huasteco no desapareció con la Conquista española; sus descendientes continúan viviendo en la región que históricamente habitaron sus antepasados.
La escultura representa a Tlazoltéotl, (en náhuatl “Devoradora de la Mugre”) diosa mexica de la tierra, el sexo, la lujuria y el nacimiento en la cultura azteca. En la cultura huasteca era la «“eidad de la pasión y la lujuria. Provocaba el adulterio mediante el amor apasionado y carnal, pero también lo perdonaba. Asimismo era diosa del arte adivinatorio, de la medicina y de las hierbas medicinales; de los médicos en general, de los que hacen sangrías, los que ponen lavados los que purgan, los que curan los ojos, los que quitan el mal a la gente, los que sacan gusanos de los dientes y de los ojos”.
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Era la diosa que eliminaba del mundo el pecado y la diosa más relacionada con la sexualidad y las fases de la Luna. La fertilidad era un tema recurrente en el arte huasteco precolombino. Generalmente se representada con figuras de piedra de diosas femeninas, ancianos y falos.
Serpiente bicéfala
La serpiente bicéfala o de dos cabezas es una singular escultura mexica conservada en el Museo Británico de Londres, Reino Unido. Representa a una serpiente de cola ondulada y dos cabezas en los extremos compuestas en su mayoría por piezas de color turquesa aplicadas sobre una base de madera, es uno de los nueve mosaicos de material similar en el Museo Británico. Se cree que existen unas 25 piezas de ese período en toda Europa. Tiene su origen en el imperio mexica y podría haber sido usado o exhibido en ceremonias religiosas. “El término náhuatl ‘coatl’ puede traducirse como serpiente y gemelo. Los mexicas consideraban a las serpientes criaturas poderosas y multifacéticas que podían conectar las esferas (el inframundo, el agua y el cielo) debido a sus características físicas y míticas.
Las serpientes también se asociaban con la fertilidad.y con el agua, debido al movimiento ondulante de sus cuerpos. En la iconografía mexica, las serpientes turquesas (xiuhcoatl) están relacionadas con eventos celestiales. En la Piedra del Calendario Mexica, dos xiuhcoatl acompañan al sol en su viaje diario a través del cielo.
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Las serpientes de dos cabezas (maquizcoatl) eran consideradas portadoras de malos presagios y estaban asociadas con figuras de la élite. Los mexicas creían que quien encontrara una en su camino debía colocarla en su brazo. Si la serpiente no se podía mover, significaba que la muerte se acercaba. Maquizcoatl era uno de los nombres dados al dios supremo mexica Huitzilopochtli. Por lo tanto, no es coincidencia que cuatro serpientes de dos cabezas, usadas como brazaletes y tobilleras en la escultura monumental de su hermana vencida Coyolxauhqui, excavada en el Templo Mayor.
El códice Zouche-Nuttall
Se estima que fue realizado entre fines del siglo XIV y principios del siglo XV en Tilantongo o Teozacoalco. Su contenido es histórico, genealógico y narrativo.
El códice Zouche-Nuttall es un manuscrito pictórico prehispánico de origen mixteco, elaborado en piel de venado y doblado en forma de biombo. Mide 11.41 metros de largo y registra la historia, genealogías y la biografía del célebre gobernante y guerrero Ocho Venado Garra de Jaguar. Actualmente se resguarda en el Museo Británico de Londres.
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El documento se divide en dos lados que narran distintas temáticas:
Lado 1 (Anverso): Detalla las dinastías, alianzas matrimoniales y conquistas de diversos señoríos de la Mixteca, como Tilantongo y Teozacoalco.
Lado 2 (Reverso): Contiene la biografía del Señor 8 Venado “Garra de Jaguar” (1063-1115 d.C.), uno de los líderes más prominentes de la época prehispánica que logró unificar gran parte de la región mixteca.
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Dintel de Yaxchilán
Dintel de piedra caliza tallada que muestra un ritual de derramamiento de sangre realizado por la Dama K’ab’al Xook. El gobernante de Yaxchilán, Itzaamnaj B’ahlam (su esposo), sostiene una antorcha encendida sobre su esposa, quien se pasa una cuerda con incrustaciones de obsidiana por la lengua. Se observan pergaminos de sangre alrededor de su boca.
El dintel está pintado y conserva restos de pigmento rojo y azul.
Máscara de serpiente de Tláloc -Quetzatcóatl
En forma de dos serpientes entrelazadas y en bucle, trabajadas en mosaico turquesa de colores contrastantes. Hecha de madera de cedro (Cedrela odorata) con adhesivo de resina de pino. Los dientes están hechos de concha de caracola (Strombus) y el adhesivo de resina en la boca está coloreado de rojo con hematita. Los cascabeles de las colas de las serpientes estaban originalmente dorados.Están moldeadas a partir de una mezcla de cera de abejas y resina de pino; la misma mezcla de resina recubre la superficie interior de la máscara.
Máscara de Xiuhtecuhtli
Por último, está la máscara que, se considera, representa a Xiuhtecuhtli, el espíritu del fuego y el calor. Esta es la más semejante a un rostro humano de entre toda la colección.
De acuerdo con su descripción, fue fabricada con madera de cedro, y cubierta con mosaico turquesa y cabujones que destacan dispersos en toda la máscara.
Los ojos que salen de ambas cuencas fueron hechas a partir de nácar, mientras que los dientes, presumiblemente fueron hechos de concha blanca. Dos de ellos fueron puestos durante los últimos años a falta de los mismos, y sus párpados fueron bañados en oro con una fina capa.
Además, al interior e la máscara encontraron cinabrio, un mineral que habrían usado para pintar la obra por completo; y al igual que la de Quetzalcóatl, utilizaron resina de pino para pegarla.