Desde que Donald Trump asumió la presidencia de Estados Unidos en enero de 2025, la derecha ha ganado las siete elecciones presidenciales celebradas en América Latina. El fenómeno no tiene precedentes en términos de velocidad, amplitud ni uniformidad, según un análisis publicado esta semana por la revista The Economist.
La publicación británica describe un patrón que va más allá de un simple voto de castigo a los gobiernos en turno. No se trata de un retorno al centroderecha, sino de una política más radical que imita a Trump, y que tiene entre sus figuras más visibles a Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador, José Antonio Kast en Chile y Abelardo de la Espriella, quien ganó la presidencia de Colombia el 21 de junio pasado.
Los temas que impulsan este giro son los mismos que dominan la agenda de Trump: seguridad, pandillas y migración irregular. La región concentra cerca de un tercio de los homicidios mundiales, a pesar de representar tan solo el 8% de la población mundial, un dato que ha colocado la seguridad como el eje central de las campañas electorales en Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras y Perú.
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México: la excepción que siente la presión
En ese mapa, México aparece como el único gran país que no ha seguido la corriente. México, en la frontera con Trump, es la única gran excepción clara al giro regional, señala The Economist.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha sostenido que esa condición se mantendrá.
Sin embargo, la propia mandataria ha reconocido que el escenario no está exento de riesgos. Ante el avance de la reforma impulsada por Ricardo Monreal para anular comicios por injerencia externa, Sheinbaum afirmó que “sí, sí puede haber un riesgo de una intervención extranjera en las elecciones de México” de 2027.
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Esa reforma, aprobada en la Cámara de Diputados a finales de mayo, establece la posibilidad de anular una elección cuando se compruebe la participación o financiamiento extranjero en favor o en contra de candidaturas. Sheinbaum reconoció que aún falta definir en legislación secundaria los criterios para acreditar una intervención, a fin de evitar interpretaciones subjetivas.
La maquinaria detrás del giro
The Economist documenta que el avance de la derecha regional no es espontáneo. Detrás existe una red de estrategas, influencers y medios digitales que ha operado de manera coordinada para instalar candidatos afines a Trump en distintos países.
Alrededor del 40% de los latinoamericanos afirma que las redes sociales son su principal fuente de noticias, el doble que en Europa, un factor que, según la publicación, ha resultado determinante para candidatos ajenos al sistema político tradicional.
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La revista también apunta que los candidatos de centroderecha tradicionales han sido superados repetidamente por los que ofrecen los mensajes más extremos sobre la lucha contra la delincuencia, una tendencia que ha dejado a las fuerzas moderadas sin espacio electoral.
En ese contexto, la administración de Sheinbaum enfrenta una creciente presión por parte de Washington debido a funcionarios de Morena presuntamente involucrados con la delincuencia organizada, de los cuales 10 ya han sido acusados formalmente, entre ellos el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y el senador Enrique Inzunza.
2027, la prueba de fuego
Las elecciones intermedias de 2027 serán el primer examen electoral de Morena en un continente que ha cambiado radicalmente. En esos comicios se renovarán 500 diputados federales, en 17 estados habrá renovación de gubernaturas, congresos locales y más de mil ayuntamientos.
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The Economist advierte que, aunque la derecha radical podría enfrentar dificultades para consolidar sus promesas en materia de seguridad y crecimiento económico, incluso figuras de centroderecha se han vuelto más extremas para intentar mantenerse relevantes, lo que sugiere que el corrimiento ideológico en la región difícilmente será temporal.
Para México, la pregunta no es únicamente si el trumpismo puede ganar una elección, sino si el entorno regional, las presiones bilaterales y el desgaste interno de la 4T pueden generar las condiciones para que esa posibilidad deje de ser descartable.