Los riñones filtran desechos, regulan la presión arterial y estimulan la producción de glóbulos rojos, pero no siempre generan señales claras cuando algo falla. La National Kidney Foundation advierte que los problemas renales suelen avanzar sin síntomas evidentes, lo que convierte la detección temprana en el factor determinante para evitar daño permanente.
Cuando los riñones acumulan toxinas sin poder eliminarlas, el cuerpo lo manifiesta de formas que pueden confundirse con otras condiciones: hinchazón en piernas, pies o rostro, fatiga persistente, cambios en la orina y presión arterial elevada, según la National Kidney Foundation. Un análisis de sangre y orina es suficiente para evaluar si los órganos filtran con normalidad.
La orina y la hinchazón, los primeros indicadores
La orina espumosa o con burbujas, la presencia de sangre, el color muy oscuro o los cambios en la frecuencia urinaria son señales de alerta directa, de acuerdo con la National Kidney Foundation. La espuma indica que proteínas que deberían quedarse en la sangre están escapando hacia la orina, lo que apunta a un filtro renal deteriorado.
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La hinchazón en piernas, tobillos, pies o alrededor de los ojos ocurre cuando los riñones retienen líquidos en lugar de eliminarlos. El portal de salud Tua Saúde, con revisión clínica de la nutricionista Andreina De Almeida, añade que la micción poco frecuente, los calambres musculares, las náuseas, la pérdida de apetito y el insomnio también forman parte del cuadro de riñones inflamados, condición médica denominada nefritis.
La fatiga constante tiene una explicación fisiológica concreta: cuando los riñones fallan, producen menos eritropoyetina, la hormona que estimula la generación de glóbulos rojos, lo que deriva en anemia y sensación de debilidad, señala la National Kidney Foundation.
La presión arterial alta, causa y consecuencia al mismo tiempo
La hipertensión tiene una relación bidireccional con la salud renal: puede provocar daño en los riñones y, al mismo tiempo, ser consecuencia de su mal funcionamiento. Los riñones regulan la presión arterial mediante el control del volumen de líquidos en el organismo; cuando ese mecanismo falla, la presión sube y agrava el deterioro del órgano, advierte la National Kidney Foundation.
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Infección renal: cuándo la urgencia es inmediata
La infección renal, conocida médicamente como pielonefritis, presenta síntomas distintos a los de la sobrecarga tóxica crónica. El Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales (NIDDK), parte de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos, describe un cuadro que incluye escalofríos, fiebre, dolor en la espalda o la ingle, náuseas, vómito y micción frecuente y dolorosa.
El NIDDK advierte que una infección renal no tratada puede derivar en septicemia, una afección potencialmente mortal cuyos síntomas incluyen fiebre, escalofríos, respiración y frecuencia cardíaca aceleradas, erupción cutánea y confusión. En adultos mayores de 65 años, la infección renal puede manifestarse únicamente como confusión, alucinaciones o lenguaje enredado, sin los síntomas típicos.
La mayoría de las infecciones renales comienzan en la vejiga y ascienden hacia uno o ambos riñones. La causa más frecuente son bacterias intestinales que el organismo no logra eliminar al orinar, según el NIDDK.
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Cuándo ir al médico y qué esperar
Ante uno o más de estos síntomas, la National Kidney Foundation recomienda no postergar la consulta. El diagnóstico de función renal se realiza con un análisis de sangre —que mide creatinina, nitrógeno ureico en sangre (BUN) y tasa de filtración glomerular— y un examen general de orina. En casos de sospecha de inflamación o infección, el nefrólogo puede solicitar un TAC, una resonancia magnética o una biopsia renal, detalla Tua Saúde.
Una infección renal crónica o sin tratamiento puede causar daño renal permanente, precisa el NIDDK.