Los mexicanos y mexicano-estadunidenses que radican en Estados Unidos crean una economía cuyo valor supera a la producción de países como Brasil, Canadá y el propio México, y ese potencial sería todavía mayor si tanto Washington como la Ciudad de México dejaran de aplicar políticas antimigrantes y apostaran por una nueva estrategia conjunta de integración. Así lo señala Raúl Hinojosa Ojeda, presidente del Departamento de Estudios Chicanos/as y Centroamericanos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), en un informe que identifica a esta población como un motor de crecimiento subutilizado.
La magnitud del aporte económico de los habitantes de origen mexicano en Estados Unidos equivale a 2.27 billones de dólares en el Producto Interno Bruto durante 2024. Esta suma convierte a la población mexicano-estadunidense en la octava economía más grande del mundo, representa el 54% del total generado por la comunidad latina en ese país —que asciende a 4.2 billones de dólares— y constituye el 11% de toda la economía estadounidense.
Por sí sola, la actividad económica de los inmigrantes mexicanos —quienes nacieron en México, con o sin documentación— llegó a 792 mil millones de dólares en el último ciclo. La población estadounidense de origen mexicano nacida en ese país durante varias generaciones aportó 1 billón 311 mil millones en el mismo periodo. El total de la actividad económica latina en Estados Unidos alcanzó una cifra comparable con el producto nacional de Alemania.
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Las cifras de integración y el saldo de la deportación
El informe, elaborado por el Centro de Integración y Desarrollo de América del Norte en UCLA, subraya que la integración binacional enfrenta un saldo negativo por decisiones políticas. Hinojosa sostiene que las oportunidades perdidas por la falta de una estrategia coordinada de integración en las últimas tres décadas se acentuaron bajo el gobierno de Donald Trump y sus políticas antimigrantes.
La estrategia de deportación masiva, advierte Hinojosa, constituye “el peor desastre económico autoinfligido” por Estados Unidos y, en su opinión, sus efectos superan incluso a los de una guerra comercial. No se trata solo del último gobierno republicano. Hinojosa argumenta que la omisión, en el tratado de libre comercio original, de mecanismos para la migración documentada y la inversión compartida en capital humano e infraestructura provocó una pérdida de oportunidades a gran escala.
Mediante modelos económicos desarrollados en colaboración con el Peterson Institute for International Economics y con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), Hinojosa calculó que, si desde los años 90 se hubiera instalado un esquema integral binacional, el Producto Interno Bruto de las personas de origen mexicano en Estados Unidos sería cercano a 3 billones de dólares. El Producto Interno Bruto mexicano sería entonces el doble de su tamaño actual.
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Hinojosa sostiene que la regularización de aproximadamente 4 millones de mexicanos indocumentados ampliaría en al menos 15 mil millones de dólares los ingresos fiscales estadounidenses cada año, incrementaría salarios generales de trabajadores no calificados y reduciría la economía informal que hoy subsidia la explotación laboral. La cifra de mexicanos indocumentados contribuye anualmente con 36 mil millones de dólares en impuestos, de los cuales 14 mil millones van a programas sociales a los que no pueden acceder.
Estrategias para potenciar el vínculo México-Estados Unidos
Entre las recomendaciones del informe está el fortalecimiento de la infraestructura laboral y ambiental incluida en el T-MEC, así como la reactivación del Banco de Desarrollo de América del Norte y el Programa de Ajuste de Inversión Comunitaria, proyectos que originalmente formaban parte del tratado comercial y estuvieron activos antes de su abandono.
Hinojosa propone habilitar un mecanismo financiero para canalizar hasta el 10% de las remesas para consumo hacia inversiones productivas en México. Sostiene que el gobierno mexicano podría ofrecer a los migrantes la posibilidad de ahorrar en Cetes, con una tasa de rendimiento del 10%. Ejemplos en India, China e Israel muestran que estos instrumentos se convirtieron en fuentes de capital para el desarrollo nacional.
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Con remesas superiores a 60 mil millones de dólares anuales, el fondo tendría la capacidad de generar hasta 6 mil millones de dólares destinados a invertir en las regiones más pobres de México. Esta política podría implementarse de forma unilateral por el gobierno mexicano, afirma Hinojosa, y favorece tanto a la economía mexicana como a su contraparte estadounidense. Plantea la eliminación del impuesto del 1% a remesas que aprobó el Congreso estadounidense el año anterior.
La inversión productiva en comunidades expulsoras de migrantes no solo fortalecería la economía local, sino que también reduciría los incentivos para migrar hacia Estados Unidos.
El informe, de 70 cuartillas, incluye materiales y series estadísticas que detallan este análisis, junto con un agente de inteligencia artificial diseñado para responder dudas y ampliar la información disponible sobre estas propuestas.
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- La población mexicana y mexico-estadunidense en Estados Unidos genera un PIB de 2.27 billones de dólares, superior al de Brasil o Canadá.
- Regularizar a 4 millones de mexicanos indocumentados aportaría 15 mil millones de dólares anuales en impuestos y reduciría la economía informal.
- Canalizar el 10% de las remesas a inversiones productivas podría generar hasta 6 mil millones de dólares al año para las regiones más pobres de México.