Estudio revela que uso plásticos podría reducir la presencia de vitaminas esenciales en la sangre

Una nueva investigación revela cómo los materiales presentes en envases comunes podrían estar debilitando el sistema inmunológico de muchas personas, más allá de lo que la dieta solía proteger

El trabajo de científicos españoles evidencia que la contaminación invisible de ciertos productos cotidianos podría estar detrás de una inesperada escasez de nutrientes clave en la población. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una investigación liderada por el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada y el Hospital Universitario Clínico San Cecilio demuestra que la exposición diaria a plásticos y químicos presentes en objetos de uso cotidiano está alterando el metabolismo y provocando un déficit sostenido de vitaminas esenciales en la población.

El fenómeno ocurre aunque las personas sigan una dieta equilibrada o pasen suficiente tiempo al sol, lo que indica que el principal factor es la contaminación química y no los hábitos alimenticios.

Según las conclusiones de este grupo de expertos en salud pública, el déficit de vitamina D y de otros micronutrientes críticos es cada vez más frecuente.

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Especialistas explican que el efecto no se explica por carencias en la dieta ni por la falta de exposición solar, sino por la presencia constante de “disruptores endocrinos” en el entorno inmediato de la población.

El déficit vitamínico, causado por disruptores endocrinos, incrementa la vulnerabilidad a enfermedades crónicas y debilita el sistema inmune y óseo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los químicos presentes en plásticos alteran el metabolismo humano

El estudio identifica como responsables principales a los bisfenoles y ftalatos: compuestos químicos habituales en plásticos, cosméticos y recubrimientos de muchos productos de consumo.

La evidencia recabada por el equipo de Granada muestra que estas sustancias imitan el comportamiento de las hormonas humanas y “confunden” al sistema endocrino, lo que desencadena una alteración en las rutas metabólicas encargadas de procesar y almacenar vitaminas.

El proceso, describen los investigadores, se traduce en una degradación acelerada de vitaminas esenciales en el torrente sanguíneo.

El efecto es acumulativo: no importa una exposición puntual, sino la permanencia reiterada de estos contaminantes, que se hallan en productos tan comunes como fiambreras, botellas de agua y hasta en los tickets de compra.

Una de las citas destacadas advierte: “La presencia de plásticos en nuestro entorno diario no solo afecta al medio ambiente, sino que actúa como un ladrón silencioso de nutrientes dentro de nuestro propio torrente sanguíneo.”

El resultado de esta contaminación metabólica es que las vitaminas pierden capacidad para proteger tanto el sistema inmunológico como el sistema óseo.

El cuerpo se vuelve más vulnerable a enfermedades crónicas, incluso cuando la alimentación parece adecuada. Los especialistas advierten que el déficit vitamínico, en estas condiciones, responde a un fenómeno ambiental y no solo alimentario.

Bisfenoles y ftalatos presentes en plásticos, cosméticos y recubrimientos alteran el metabolismo al interferir en el sistema endocrino humano. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Llamado a la acción: reducir drásticamente tóxicos en la cadena de consumo

El reporte señala que la solución no se encuentra en aumentar el consumo de suplementos vitamínicos, sino en “una reducción drástica de la presencia de tóxicos en la cadena de consumo”.

Los investigadores subrayan que, si no existen regulaciones más estrictas que limiten el uso de determinados plásticos y polímeros en contacto con los alimentos, “los esfuerzos nutricionales de la población seguirán siendo insuficientes”.

Los especialistas recomiendan sustituir el plástico por materiales considerados inertes como el vidrio o el acero para almacenar y transportar alimentos.

La estrategia de protección, concluyen, debe enfocarse en una “desintoxicación del hogar” y en fortalecer la regulación de los materiales empleados en la industria alimentaria.

La investigación coloca, como una de sus afirmaciones centrales, la necesidad de comprender la reserva vitamínica como un recurso en riesgo permanente frente a la “omnipresencia del plástico”.

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