Miguel Cortés Miranda, el feminicida serial de Iztacalco, murió en prisión el 13 de febrero de 2025, casi un año después del crimen de la joven de 17 años María José y el intento de asesinato de Casandra, su madre el 16 de abril de 2024. Ahora la abogada de sus últimas víctimas, Erendari Trujillo reveló la verdad detrás de la polémica muerte y detalles que indican un suicidio.
La licenciada narró para Infobae México un detalle crucial que no se había dado a conocer y que explica mucho del caso. Miguel Cortés guardaba el medicamento controlado que le recetaban y que después de ingerir una gran cantidad para lograr una sobredosis, el interno cayó de una litera (en la parte de arriba) en el reclusorio, fue ahí donde tuvo un golpe en la cabeza. Las cámaras muestran que Cortés fue trasladado con vida al hospital, donde los peritajes detectaron un alto contenido de medicamentos en su organismo por lo que le realizaron un lavado de estómago y le atendieron las lesiones por traumatismo craneoencefálico.
Trujillo afirma: “No hay señales de que hubiera sido, eh, un homicidio. Lo que sí apunta [...] es que muy probablemente va a determinar que al momento del empastillarse se marea porque las literas son muy pequeñas y es cuando cae”.
A la espera de los dictámenes finales, la abogada concluye que las pruebas disponibles no arrojan otra causa de muerte que no haya sido el hecho de que él solo se privó de la vida. Incluso ella fue clave para que realizaran un examen psicológico y perfil criminal con especialistas por lo que lo tuvo frente a frente en varias ocasiones y él mismo le reveló que sus dos objetivos en la vida eran “matar mujeres y luego matarse él”.
Enfatiza que el sistema penitenciario debía garantizar la vida del recluso, por lo que existen carpetas de investigación abiertas contra servidores públicos por posibles omisiones, obstaculización de la justicia o maltrato a las víctimas.
Trujillo explica que, tras la muerte de Cortés Miranda, se corroboró científicamente su identidad mediante necropsia y otras pruebas, despejando dudas sobre su fallecimiento. El Ministerio Público, junto con la asesoría jurídica privada a cargo de Trujillo, prepara el trámite formal de reparación del daño integral para Casandra y su familia.
En sus últimos días le marcó a las familias de sus víctimas
Casandra, madre de María José, narró cómo dentro del penal le marcó a su hija alrededor de media hora, lo que la impactó.
“Él murió el domingo y días antes, el jueves, le marca a mi hija, le dijo que lo perdonara, que él quería hablar, que iba a cooperar, que él no quería lastimarnos a nosotras, que se le salió de control y que quería hablar conmigo. Nosotros supimos que habló de un celular porque al marcar de regreso sonaba apagado y en las dos cabinas telefónicas dentro del penal no suena así. Cuando le dice a mi hija ´perdóname´ una persona que estaba detrás se oye que le dice ‘eres un pendejo’, él mismo le dice a mi hija que él había cometido muchas más atrocidades y no sólo las que aparecían en televisión, que había como 30 o 40 víctimas cuando somos ocho víctimas reconocidas”, dijo en el programa de Youtube Relatos forenses podcast.
Además añadió: “La justicia nunca llegó para nadie. Él no llegó a las autoridades por las mismas autoridades, llegó ahí por sus últimas víctimas que fuimos nosotras. Lo tienen las autoridades pero no porque ellos hayan trabajado para ello. Lo tienen y se les muere, entonces a pesar de que estaba señalado como le responsable de tantas otras víctimas que ahora sabemos, nadie tuvimos justicia al morir, es más fácil eso que pagar por lo que hizo. No hay justicia para ellas ni para María José ni para mí, en el reclusorio se deslindan y nadie me va a regresar a mi hija”.
Su vida en la cárcel: quería ser tratado como estrella y dar clases de química
Sobre la vida cotidiana del acusado en el reclusorio, la abogada detalló a Infobae México que éste se dedicó a lavar ropa de otros internos como medio para subsistir, ya que dentro del penal todos los servicios tienen costo, excepto los alimentos básicos proporcionados oficialmente.
La defensora señala que Miguel mostraba inconformidad con la rutina y aspiraba a “ser tratado como una estrella de rock”, esperando acceder a privilegios como impartir clases de química a los reclusos para destacar o convivir con la población general, lo cual no le fue permitido por cuestiones de seguridad y el perfil de delitos que enfrenta ya que su seguridad estaba en riesgo y varios internos “le traían ganas (de violentarlo)” debido a sus atroces crímenes.
La abrupta muerte de Miguel Cortés Miranda frena proceso judicial pero no detiene las pesquisas
Miguel Cortés Miranda llegó a contactar personalmente a Casandra, a Fernanda —hermana de la víctima— y a otras familias afectadas, utilizando información confidencial para realizar llamadas desde el reclusorio. “Solo hay dos formas de obtener esos datos, una es a través de la fiscalía y otra a través de las unidades de gestión. El reclusorio no tiene acceso a los números de teléfono de ninguna víctima”, enfatiza Trujillo.
Advierte que se facilitó al agresor el acceso a información personal de las víctimas, lo que le permitió comunicarse para intentar manipularlas emocionalmente o, en sus palabras, “decirles lo que aparentemente quieran escuchar”.
En la llamada, Cortés Miranda le manifestó a Fernanda que no se arrepentía de los crímenes, calificándola como “una niña muy fuerte”, y ensayando un discurso ambivalente entre fingido arrepentimiento y orgullo por los hechos.
Miguel Cortés no sólo le llamó a Fernanda, hermana de María José e hija mayor de Casandra, además a la mayoría de familiares de sus víctimas no se sabe si fue como una especie de despedida, pero algo fue claro y él mismo lo dijo, no se arrepentía de nada.