El puerto de Mazatlán fue la primera parada para una adolescente que escapaba del horror nazi. Miroslava Stern llegó a México en 1941, con quince años y una familia judía marcada por la persecución y el paso fugaz por un campo de concentración.
La vida de la joven nacida cambió en ese viaje forzado. Praga quedó atrás; el idioma y la cultura, también. Su familia buscó refugio en un país desconocido, después de perderlo todo en Europa.
Primeros intentos de vivir y de morir
Antes de cumplir los veinte, Miroslava acumuló heridas profundas. En Nueva York, donde estudió idiomas, se reportó el primer intento de suicidio tras la muerte de un novio militar. Regresó a México, probó suerte con el diseño y la pintura, pero una beca la llevó a California a estudiar actuación.
En 1945, el cáncer le arrebató a su madre. La noticia quebró aún más su ánimo. Volvió a intentar quitarse la vida.
Carrera acelerada: del debut al estrellato
La pantalla la recibió en 1946 con Bodas trágicas. Al año siguiente, su papel en ¡A volar joven! junto a Mario Moreno Cantinflas la lanzó a la fama nacional. Después, Hollywood la llamó para tres películas, pero México la reclamó de vuelta.
Entre 1949 y 1955, Miroslava participó en unas 30 películas. En 1953 fue nominada a los premios Ariel por Las tres perfectas casadas. Los éxitos siguieron con Escuela de vagabundos y, bajo la dirección de Luis Buñuel, Ensayo de un crimen. En ese último rodaje, sus amigos notaron que ya no era la misma.
Amores, rumores y la sombra de la tragedia
El amor nunca se estabilizó en su vida. Un matrimonio breve con Jesús Jaime Gómez Obregón terminó pronto, bajo el rumor de que él solo buscaba una fachada.
Se le atribuyeron romances con Pedro Infante, Pedro Armendáriz y el torero español Luis Miguel Dominguín, quien luego se casó inesperadamente con Lucía Bosé. Se dijo que Miroslava no soportó esa noticia.
Pero otra versión, reforzada años después por el periodista Jacobo Zabludovsky y el actor Ernesto Alonso, colocó a Cantinflas en el centro de la historia. Según ellos, la actriz estuvo enamorada de él, creyó que dejaría a su esposa Valentina Ivanova, y recibió una carta definitiva donde él le pedía que no se hiciera ilusiones.
El final: cartas, pastillas y un enigma irresuelto
El 9 de marzo de 1955, el ama de llaves encontró el cuerpo de Miroslava en la recámara. Tenía 29 años. Junto a ella, dos cartas: una para su padre y otra para su hermano. Una mezcla de alcohol y pastillas antidepresivas puso fin a una carrera prometedora.
La prensa reportó la existencia de una tercera carta, destinada a Eduardo Lucio, para el pago de deudas. También se mencionó la presencia de una fotografía de Dominguín, aunque el entorno de Miroslava no lo confirmó de manera oficial.
Las teorías sobre los motivos de su suicidio dividen a quienes la conocieron. Para algunos, el corazón roto por el torero; para otros, la carta de despedida de Cantinflas fue el golpe final.
El dato más concreto permanece: Miroslava Stern murió joven, dejando tras de sí una filmografía notable y un misterio sin resolver.