La violencia derivada del abatimiento del narcotraficante Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), se ha extendido a múltiples puntos del estado de Michoacán.
La noche de este lunes, una sucursal del Banco del Bienestar ubicada en el municipio de Tarímbaro fue atacada a balazos, con los agresores huyendo hacia zonas de parcelas luego de abrir fuego contra la fachada del inmueble.
Con este hecho suman 23 sucursales de esa institución financiera que han sido balaceadas, incendiadas o vandalizadas en distintos municipios de la entidad en las últimas 48 horas.
La Guardia Civil de Michoacán confirmó que el ataque en Tarímbaro ocurrió alrededor de las 20:45 horas y que, pese a la proximidad de la base de la Policía Municipal, los agresores lograron escapar antes de ser detenidos.
Las autoridades estatales desplegaron un operativo conjunto —federal, estatal y municipal— para intentar rastrear a los responsables.
Impacto social y respuesta gubernamental
El gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, calificó estos ataques como una agresión directa contra un programa social emblemático del gobierno federal, pues las sucursales del Banco del Bienestar son puntos cruciales para la dispersión de apoyos sociales.
Ramírez Bedolla exigió a la Secretaría del Bienestar que informe con precisión sobre el número de sucursales dañadas y las afectaciones, aunque señaló que “se está brindando seguridad” en las zonas donde ocurrieron los hechos.
Además de los ataques a bancos, la entidad michoacana ha registrado bloqueos carreteros con vehículos incendiados en más de 50 municipios, lo que refleja la magnitud de la respuesta violenta atribuida a grupos del crimen organizado.
La violencia se suma a un contexto generalizado de disturbios en varias entidades del país tras la muerte de El Mencho, victoria significativa para las autoridades pero acompañada de un fuerte repunte en actos delictivos.
Organizaciones y expertos han advertido que estos eventos pueden afectar no solo la percepción de seguridad, sino también la prestación de servicios públicos y la economía local si persisten las agresiones.
Repercusión en la seguridad estatal
La ola de violencia en Michoacán ha obligado a reforzar la presencia policial en zonas rurales y urbanas, con patrullajes constantes y operativos preventivos para proteger tanto a la población como a la infraestructura crítica.
Analistas señalan que la escalada de ataques tras la caída de un jefe criminal como El Mencho es un fenómeno recurrente en la historia del crimen organizado mexicano: cuando se debilita a un líder, sus grupos suelen reaccionar con violencia para demostrar presencia y controlar territorios.