
La reciente suspensión de clases en quince escuelas de Jalisco por un brote de sarampión refleja la alerta sanitarioa que enfrenta México en su lucha contra esta enfermedad. El infectólogo Alejandro Macías explicó cuál es el escenario ideal para evitar un contagio masivo en el país y región.
Fue el 11 de noviembre el 2025 que la Organización Panamericana de Salud declaró que la región ya no estaba libre de sarampión como en añops anteriores. Durante décadas mantuvo su estatus de territorio libre de esta altamente contagiosa enfermedad.
Según las proyecciones, México tardará hasta 2026 en recuperar la cobertura adecuada, mientras la amenaza sanitaria se extiende a decenas de millones de personas que quedaron expuestas por la caída de la inmunidad colectiva.
El propio doctor Macías señala que resulta “muy lamentable” la ocurrencia de las más de veinte muertes asociadas al sarampión en México, reportadas por las autoridades. Subraya que, a diferencia de otras enfermedades, la mayoría de los casos de sarampión presentan cuadros serios, con complicaciones frecuentes como otitis, encefalitis o neumonía, además del impacto sobre la memoria inmunológica y la desnutrición infantil.
De acuerdo con el especialista, el cierre temporal de escuelas solo tiene un efecto limitado, además que usar otros métodos de prevención como el uso de cubrebocas. Macías asegura que las estrategias realmente efectivas se centran en impulsar la vacunación, ya que, dice, “lo único que funciona es incrementar la vacunación”. Al perderse la inmunidad de rebaño entre los menores de cinco años antes de la pandemia, el país quedó vulnerable. El especialista indica que el descenso en la cobertura se inició en 2018 y 2019, y se profundizó en la administración pasada, llevando los índices, que superaban el 95 %, a niveles por debajo del 90 %, incluso hasta el 80 % en la población infantil.
Esta situación obliga ahora a un esfuerzo mucho mayor: en vez de vacunar a los nacidos cada año (alrededor de dos millones por año), el objetivo debe ampliarse a adolescentes y adultos. Macías estima que, en total, será necesario vacunar entre treinta y cuarenta millones de personas para restablecer el nivel de inmunidad colectiva. Ya se han aplicado más de doce o trece millones de dosis, pero queda un largo camino por recorrer para lograr el objetivo.
Respecto al contexto internacional, Macías descarta que el repunte nacional obedezca a factores únicamente locales o que se deba solo a la pandemia. Recalca que el descenso en la vacunación antecede al confinamiento, y que otros países como España y Estados Unidos también experimentan un aumento de contagios. Sin embargo, sostiene que México no debe conformarse con este “mal de muchos, remedio de tontos”, y que su tradición como país de vacunación está en juego.

La inmunización sigue siendo la principal recomendación. Quienes no tengan la certeza de haber recibido las dos dosis, así como niños, adolescentes y adultos menores de cincuenta años, deben vacunarse. Los mayores de cincuenta años que padecieron la enfermedad y aquellos con dos dosis completas están exentos, al igual que las mujeres embarazadas, por tratarse de una vacuna de virus vivos, y las personas con inmunosupresión intensa. Estos últimos, junto a embarazadas y pacientes con cáncer en tratamiento o con VIH/SIDA en mal control, solo pueden protegerse mediante la inmunidad de rebaño.
A pesar del avance de la campaña de vacunación, Macías insiste en que “alcanzar más del 95 % de cobertura no será nada fácil”. Recuperar el terreno perdido tras el déficit de la administración anterior tardará años. Mientras, el brote en Jalisco solo se controlará cuando la proporción de personas inmunizadas o que ya padecieron el sarampión supere ese umbral.
El sarampión, insiste el experto, “nunca se irá” y siempre habrá países en los que circule activamente. Para la población, la única protección eficaz es acudir por la vacuna, asegura Macías. La gran preocupación, añade, no se reduce a las muertes: “el sarampión siempre es serio”, lleva a quienes lo contraen a dos semanas de cama, y “no hay que medirlo nada más en las muertes”, porque deja secuelas y expone innecesariamente a quienes pueden evitarlo con una vacuna extraordinariamente eficaz y económica.
Quedan excluidos de la vacunación las embarazadas, los mayores de cincuenta años (que ya tengan las dos dosis) y los inmunosuprimidos graves. Para los demás sectores, la indicación es clara: acudir a vacunarse para contribuir a la recuperación del control del sarampión en México.
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