Guatemala se ha convertido en una de las piezas estratégicas del narcotráfico mexicano. Su frontera extensa y difícil de vigilar, la cercanía con Chiapas y el control de rutas clave hacia Estados Unidos la transformaron en un territorio en disputa entre cárteles transnacionales, grupos locales y fuerzas estatales.
En ese escenario, organizaciones como el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) han consolidado y ampliado su presencia en territorio guatemalteco mediante alianzas, confrontaciones y control territorial, reconfigurando la seguridad en la región.
Este reacomodo criminal no es reciente. Sin embargo, volvió al centro del debate público tras el recrudecimiento de la violencia en el país, marcado por ataques contra fuerzas de seguridad, que llevaron a las autoridades a decretar un estado de sitio en varios municipios como respuesta extraordinaria al deterioro del escenario de seguridad.
Ese posicionamiento responde a factores geográficos, logísticos y criminales que han convertido a Guatemala en un corredor clave para el narcotráfico transnacional.
Guatemala en la estrategia de los cárteles mexicanos
Guatemala se ubica en una ruta estratégica para el tráfico de drogas, armas y migrantes entre Sudamérica, México y Estados Unidos. De acuerdo con las investigaciones de InSight Crime, los dos grandes cárteles mexicanos (el de Sinaloa y Jalisco) han establecido alianzas con grupos guatemaltecos, como Los Huistas, para controlar rutas en departamentos fronterizos como Huehuetenango, San Marcos y Petén.
Estas alianzas permiten el paso de cargamentos de cocaína, heroína y metanfetaminas, así como el cobro de cuotas por el tráfico de personas.
Durante años, la frontera entre Guatemala y México mantuvo una relativa estabilidad criminal sustentada en acuerdos entre mafias locales y el Cártel de Sinaloa, de acuerdo con el analista en seguridad David Saucedo. Este esquema permitió el flujo constante de drogas y otras economías ilícitas sin enfrentamientos abiertos ni disputas prolongadas por el control territorial.
Ese equilibrio comenzó a fracturarse con la llegada del CJNG a la región, aunque su presencia venía documentándose desde años previos, quedó plenamente expuesta en enero de 2024, cuando elementos del ejército guatemalteco se enfrentaron a miembros de la organización liderada por Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, que intentaban cruzar la frontera desde Chiapas.
Medios locales han documentado incursiones de los jaliscienses en La Mesilla, Nentón, La Democracia y Tacaná, donde se han reportado incidentes armados y el uso de tecnología para operaciones criminales, como el uso de drones.
“Estas mafias, cuando llegan a Guatemala, replican exactamente los modelos de violencia que han utilizado en México. Eso es lo que estamos empezando a ver”, afirmó el analista en seguridad David Saucedo en entrevista con Prensa Libre hace un mes.
Las autoridades de Guatemala han coordinado acciones con el ejército mexicano para contener estos avances, aunque los reportes de desplazados y ataques mortales persisten.
En hechos suscitados en diciembre de 2025 se pudo ver la huella de los cárteles mexicanos, cuando el director de la Policía Nacional Civil (PNC), David Custodio Boteo, señaló el uso de drones kamikaze en enfrentamientos, así como la quema de vehículos y la colocación de mensajes intimidatorios.
Alianzas, pandillas y transformación del mapa criminal
La incursión del grupo jalisciense introdujo una dinámica de confrontación con estructuras ya establecidas y derivó en la aparición de una nueva organización conocida como el Cártel Chiapas-Guatemala (CCyG), integrada por actores locales y vinculada a la disputa por rutas estratégicas en la frontera.
La irrupción del CJNG y la consolidación de su filial CCyG modificaron el mapa criminal y abrieron una etapa de enfrentamientos más visibles contra los sinaloenses y sus aliados locales.
En diciembre pasado, durante uno de los operativos más recientes, que además despertó debate por el actuar de policías que cruzaron de México a Guatemala, murió Baldemar Calderón Carrillo, alias “Tío Balde”, identificado por las autoridades como uno de los principales operadores del CCyG.
Estos reacomodos también han impactado a las pandillas centroamericanas. La Mara Salvatrucha (MS13) y Barrio 18, que durante años dominaron el narcomenudeo y algunas rutas migratorias, pasaron a desempeñar un papel subordinado dentro de la estructura criminal, bajo el control de los grandes cárteles mexicanos.
La MS13, a través de su denominado “Programa México”, mantuvo en distintos momentos alianzas con organizaciones como Los Zetas, el Cártel del Golfo, el CJNG y el Cártel de Sinaloa para el tráfico de drogas y personas.
Sin embargo, en la actualidad, según ha documentado Associated Press, estas pandillas operan principalmente como redes de venta local y extorsión, supervisadas por estructuras criminales de mayor alcance en regiones de Chiapas y la frontera con Guatemala.