La astaxantina, un carotenoide responsable del color rojizo del salmón, no solo aporta atractivo visual a este pescado, sino que también desempeña un papel fundamental en la protección de la piel frente a los daños solares y en la defensa antioxidante del organismo.
Este compuesto, junto con el omega 3, el selenio y las vitaminas A y E, convierte al salmón en un alimento con propiedades que van mucho más allá de su valor nutricional básico.
Así, el consumo regular de salmón se asocia con una serie de beneficios que impactan en la prevención y el tratamiento de diversas enfermedades, según un estudio del Ministerio de Alimentación, Pesca y Agricultura de España.
La noticia central reside en que el salmón, gracias a su perfil nutricional, ofrece propiedades curativas que abarcan desde la protección cardiovascular hasta el fortalecimiento del sistema inmune y la regulación metabólica.
Este pescado azul graso destaca por su contenido en proteínas de alta calidad, grasas saludables, vitaminas y minerales esenciales, lo que lo convierte en un aliado integral para la salud.
Uno de los efectos más estudiados del salmón es su capacidad para cuidar la salud del corazón. El omega 3, junto con la vitamina E, la vitamina A y el selenio, actúa como antioxidante y antiinflamatorio, lo que contribuye a reducir el colesterol LDL y aumentar el HDL.
Además, el omega 3 ejerce un efecto anticoagulante, disminuye la formación de coágulos y ayuda a regular la presión arterial gracias al potasio, lo que reduce el riesgo de infarto, arritmias e insuficiencia cardíaca.
El potencial antiinflamatorio del salmón se debe a la acción conjunta de sus antioxidantes y ácidos grasos, que limitan la producción de citocinas y pueden mejorar cuadros como la artritis reumatoide o la enfermedad inflamatoria intestinal.
En el ámbito muscular, 100 gramos de salmón aportan 20,7 gramos de proteínas, lo que favorece el aumento y la preservación de la masa muscular, especialmente en personas mayores, y acelera la recuperación tras el ejercicio.
El salmón también contribuye a la salud ocular, capilar y cutánea. El DHA, un tipo de omega 3, mantiene la integridad de las membranas celulares de la piel, mientras que la vitamina A previene enfermedades visuales como la xeroftalmia.
La vitamina E, por su parte, mejora la circulación en el cuero cabelludo y fortalece el cabello.
En cuanto al sistema inmune, el consumo de salmón refuerza las defensas del organismo, ayudando a combatir infecciones comunes. Además, el omega 3 y la astaxantina favorecen la función cerebral, reducen el riesgo de enfermedades neurodegenerativas y mejoran la memoria y la atención.
El salmón también apoya la pérdida de peso al regular las hormonas del apetito y aumentar la saciedad, mientras que el selenio contribuye al funcionamiento de la tiroides y a la reducción de la inflamación asociada al exceso de peso.
Por último, la combinación de antioxidantes y omega 3 ayuda a controlar la glucemia y a prevenir enfermedades autoinmunes, como la diabetes tipo 1 y la esclerosis múltiple.
El Ministerio de Alimentación, Pesca y Agricultura de España destaca que cada 100 gramos de salmón contienen 22 gramos de proteína, 6 gramos de grasas monoinsaturadas y 2 gramos de poliinsaturadas, además de vitaminas A, B1, B2, B3, B6, B9, B12, C, D y E, y minerales como magnesio, zinc, calcio, hierro, yodo, sodio, potasio, fósforo y selenio.