Foto del día: ¿Cómo influyó Monte Albán en la civilización mesoamericana?

Este centro prehispánico fue un núcleo de intercambios culturales y comerciales. Su legado perdura en la arquitectura y saberes que se difundieron a través de diversas etnias

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La zona arqueológica de Monte Albán fue declarada por la UNESCO conjuntamente con el Centro Histórico de la Ciudad de Oaxaca como Patrimonio Cultural de la Humanidad el 11 de diciembre de 1987.(INAH)

La fotografía es una herramienta poderosa para explorar el mundo que nos rodea. Al capturar estructuras arquitectónicas, animales, paisajes o personas, podemos apreciar la belleza y el sentido estético en un momento suspendido en el tiempo.

Incluso en medio de la monotonía, una imagen de un rincón de México puede ser entretenida y nos deja conocer algo nuevo que podríamos compartir en reuniones.

La imagen del día, proporcionada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), nos invita a reflexionar sobre la creatividad humana y la belleza que se encuentra en nuestro país. Sin más retrasos, aquí está la imagen del día.

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Monte Albán: 37 años como Patrimonio Mundial

El INAH muestra un aspecto importante del país a través de una imagen. (Daniel Santaella. INAH.)"

De acuerdo al INAH, Monte Albán, el centro urbano más grande de los valles centrales de Oaxaca durante la época prehispánica, alcanzó su máximo esplendor entre los años 200 y 600 d.C. En este periodo, la ciudad albergaba aproximadamente a 40 mil habitantes distribuidos en una extensión de 20 kilómetros cuadrados.

La Gran Plaza, un espacio ceremonial de 300 metros de largo por 150 de ancho, se convirtió en el corazón de la ciudad, rodeada de imponentes estructuras como las plataformas Norte y Sur, y un conjunto de edificios alineados en dirección Norte-Sur.

El desarrollo de Monte Albán comenzó alrededor del año 500 a.C., cuando los primeros asentamientos zapotecas se establecieron en los cerros de Monte Albán, El Gallo y Bonete. Durante la Época I (500-100 a.C.), las comunidades se ubicaron cerca de recursos naturales esenciales como tierras fértiles, cuerpos de agua y vegetación densa, lo que facilitó la agricultura y la recolección de alimentos.

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Las viviendas iniciales, construidas con materiales perecederos, evolucionaron rápidamente hacia estructuras más duraderas de piedra, adobe y estuco, lo que permitió un crecimiento poblacional significativo y un ambicioso programa constructivo.

La Época II (100 a.C.-200 d.C.) marcó un periodo de expansión y transformación arquitectónica en Monte Albán. Se erigieron nuevas estructuras y se modificaron otras, destacando el Monumento J en la Gran Plaza. Las lápidas de los Danzantes, piedras grabadas con figuras humanas, fueron reutilizadas en nuevas construcciones. Estas imágenes, que podrían representar cautivos sacrificados o individuos enfermos, reflejan el poder militar de la ciudad y el uso de un sistema de escritura con glifos y numerales, evidenciando el registro de eventos históricos.

Durante la Época III (200-600 d.C.), Monte Albán consolidó su influencia regional. La ciudad se convirtió en un centro ceremonial, público y residencial, con terrazas domésticas en las faldas de los cerros y casas de piedra con entierros sencillos. La infraestructura incluía templos, plataformas escalonadas, palacios residenciales, tumbas de piedra, sistemas de agua y estructuras para el juego de pelota, además de monumentos para la observación astronómica.

La organización social de Monte Albán ya mostraba una clara división de clases y especialización artesanal. La construcción de obras públicas y la gestión del trabajo requerían líderes y una población numerosa. La concentración de materias primas, la producción de excedentes y el comercio a gran escala fueron fundamentales para el desarrollo y expansión de la ciudad en el ámbito regional.

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