El Metro de la Ciudad de México no sólo está hecho de kilómetros de vías y toneladas de hormigón, también ha sido construido con historias que parecen surgir de sus enormes lumbreras (túneles de ventilación), y una de ellas sugiere la existencia de un túnel secreto entre la Línea 7 y la antigua residencia presidencial de Los Pinos, con el objetivo de servir de refugio a la familia presidencial.
Según este rumor popular, durante su mandato Miguel de la Madrid Hurtado instruyó que la Línea 7 sirviera como una especie de búnker en caso de una guerra nuclear. El supuesto temor del mandatario mexicano obedecía al contexto de la intensa rivalidad política y militar entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la segunda mitad del siglo pasado.
De la Madrid gobernó de 1982 a 1988, y las primeras cuatro estaciones de la Línea 7 que recorrían de Tacuba a Auditorio (junto al campo Marte) fueron inauguradas el 20 de diciembre de 1984. En los siguientes ocho meses el trazo se amplió con las estaciones de Tacubaya y Constituyentes, justamente esta última quedó situada a unos cuantos metros de la entonces residencia oficial de Los Pinos.
La Línea 7 fue trazada bajo el suelo montañoso del poniente del Valle de México, lo que obligó a los ingenieros a implementar el método de túnel profundo, a unos 30 metros bajo la superficie, y un revestimiento de concreto hidráulico, para evitar deformaciones de la estructura.
Estos aspectos técnicos fueron utilizados hace algunos años para difundir en redes sociales la versión sobre un supuesto búnker nuclear, que estaría oculto entre los túneles del Metro. La imaginación de quien difundió esta versión lo llevó a construir una habitación que podía ser utilizada, de ser necesario, por el presidente y su familia para protegerse de un ataque con bombas.
En 2018 la Residencia Oficial de Los Pinos se convirtió en un centro cultural abierto al público, y en 2020, su director, Homero Fernández, reveló el verdadero secreto sobre el búnker y el túnel secreto bajo la antigua sede del Poder Ejecutivo.
En efecto, existe un pasaje bajo el complejo y de acuerdo con Fernández, partía desde la habitación principal, conectaba con el despacho presidencial, y desde ahí conducía a un sótano, revestido con paredes de acero. Por lo tanto, podía ser usado como búnker.
Este refugio, a su vez, tenía una vía de escape en caso de emergencia, pero no lleva hasta los túneles de la Línea 7, sino que desemboca en el Parque de La Hormiga. Por lo tanto, la ruta de escape del presidente no llevaba hacia las profundidades del Metro.
De acuerdo con los proyectos del Centro Cultural Los Pinos, se espera habilitar este túnel como una atracción más para el público, aunque hasta la fecha no se ha informado sobre una fecha tentativa para su apertura.
Esta es sólo una de las historias que se generan desde las profundidades del STC, fascinación a la que no han sido ajenos los propios escritores, como José Emilio Pacheco, quien trazó un cuento en el que los túneles lograban conectar el tiempo moderno con un grupo de antiguos habitantes de Tenochtitlán, quienes esperaban agazapados bajo las instalaciones de la Línea 1 en espera de ofrecer nuevos sacrificios a los antiguos dioses.
Aunque la Línea 7 es considerada una de las más discretas de toda la red, debido a que sus estaciones no albergan eventos culturales, su particular ingeniería la convierte en una de las más misteriosas. Aunque su profundidad media los 30 metros, en la estación Camarones la distancia entre las vías y la superficie es de 40 metros.