
Al menos 350 personas entre disidentes políticos y guerrilleros fueron lanzados al mar por elementos del Ejército mexicano durante la denominada Guerra Sucia entre 1974 y 1979, de acuerdo con una investigación periodística que tuvo acceso a una investigación militar que fue guardada durante más de 20 años.
De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), la Guerra Sucia es un sistema de gobierno que se refiere a la serie de mecanismos y tácticas de represión que el Estado ejerció contra sus enemigos políticos entre 1965 y 1984.
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En este periodo de tiempo, el Ejército mexicano realizó al menos 54 vuelos nocturnos a unas 54 millas al norte de la Base Aérea Militar número 7 de Pie de la Cuesta en el estado de Guerrero para cometer estas acciones, reveló el medio Fábrica de Periodismo.
La investigación periodística refiere que peritos del Ejército mexicano llegaron al Escuadrón 301 de la Base Militar de Santa Lucía el miércoles 27 de junio del 2001 para inspeccionar cuatro aviones Aravá, entre los que se encontraba la aeronave con matrícula 3005, en donde se hizo una recreación de los asesinatos de los disidentes y guerrilleros, en la cual participó el mecánico retirado Margarito Monroy Candia, testigo que participó en otro de los pasajes oscuros de las fuerzas armadas.
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De acuerdo con el investigador Rodolfo Gamino Muñoz, del Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana, elementos policiales-militares vestidos de civil bajo el mando del general Francisco Quiroz Hermosillo eran los encargados de ingresar en vehículos particulares a la Base Militar de Pie de la Cuesta de Acapulco, mismos que llevaban a hombres y mujeres con ojos vendados, también identificados como “paquetes”, los cuales fueron ingresados en una cabaña a la que no tenían acceso el “personal militar regular”.
Todo esto sucedió mientras el capitán Francisco Javier Barquín Alonso registraba en un ‘libro de pasta negra’ a cada persona que ingresaba.
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“A los ‘paquetes’ se les sienta en sillas de madera, les dicen que todo ha acabado y que en ese momento se les tomará ‘la foto del recuerdo’. Por detrás, a la altura de la nuca, una pistola calibre 380 está a punto de acabar con sus vidas. Por lo menos en 200 ocasiones fue Acosta Chaparro, por instrucciones de Quiroz Hermosillo, el que jalaba del gatillo de la ‘espada justiciera’”, se lee en la investigación “Fuerzas armadas, contrainsurgencia y desaparición forzada en Guerrero en la década de los sesenta y setenta” publicada en septiembre del 2017.

Según lo reportado por el catedrático, “los cadáveres eran depositados en bolsas de lona, rellenas con piedras e ingresados a un avión Arava (...) del entonces Escuadrón 301, el cual despegaba en la pista iluminada por antorchas. El Arava despegaba sin luces y se dirigía a las costas oaxaqueñas para tirar su carga: unos 12 cuerpos en cada vuelo. En ocasiones la operación era filmada por militares”.
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Pese a lo reportado por Gamino Muñoz, las pesquisas del MP militar, a las que tuvo acceso Fábrica de Periodismo, revelaron que en esos aviones cabían ocho cuerpos en forma transversal.
El reportaje periodístico señala que dentro de la investigación militar se tomó la declaración al teniente coronel piloto aviador Apolinar Ceballos Espinoza, quien también participó como copiloto de estos “vuelos de la muerte”, mismo que recordó que fue el 15 de febrero de 1979 que se le ordenó hacer un primer vuelo a las tres de la madrugada.
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Dijo que al llegar a unas 50 millas de la Base Aérea se le ordenaba bajar la aeronave a una latitud a unos 160 a 170 metros de altura y a una velocidad de 115 a 120 nudos.
“Apolinar Ceballos recuerda bien que se escuchaba que atrás arrastraban bultos y después de un ratito, alguien gritó ‘listo’, por lo que la tripulación enfiló de regreso a la base aérea. Al bajar, Apolinar vio una lona azul o verde semidoblada y manchada de sangre en el avión”, se lee en la investigación del medio publicado el 26 de noviembre.
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Fábrica de Periodismo aseguró que pese a esta evidencia, y otras que explica en su reportaje, la investigación militar no ubicó el libro donde se apuntaron los nombres de las víctimas que fueron aventadas al mar ni tampoco los videos que se filmaron en el avión.
“Ni a los generales Francisco Quirós Hermosillo y Arturo Acosta Chaparro ni al mayor Francisco Barquín se les juzgó por el homicidio y la desaparición forzada de cientos de mujeres y hombres lanzados al Pacífico”, precisa el reportaje en donde se menciona que si bien fueron recluidos por delitos contra la salud en la prisión del Campo Militar No. 1, no se hizo por este crimen militar.
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