La vida suele presentar momentos duros en los que el dolor y la sensación de pérdida nos dejan sin palabras y nos sumergen en un vacío difícil de transitar. Es precisamente a explorar ese abismo emocional donde nos lleva Deer & Boy, el título de Lifeline Games, que más que una aventura de plataformas en 2.5D ofrece la posibilidad de acompañar a un niño a lo largo de su proceso de sanación. La propuesta inevitablemente recuerda a obras como Limbo o Planet of Lana, e invita a reflexionar sobre las dificultades de aceptar el luto y encontrar la fuerza para seguir adelante. Es una obra que atrapa pero no por la acción, sino por cómo aborda la pérdida, ofreciendo un espacio íntimo e interactivo donde el dolor se transforma en aceptación.
En Deer & Boy tomamos el control de un niño que, en un intento desesperado de huir de su realidad, escapa de su hogar para adentrarse en un bosque misterioso. Allí, el destino hace que cruce su camino con un pequeño ciervo huérfano. A partir de entonces, la aventura se transforma en un viaje de supervivencia y protección mutua en un mundo que alterna entre un paseo a través de bellos paisajes naturales y el peligro latente que estos albergan. De más está decir que sobrevivir no implica mecánicas como comer o beber agua, sino proteger a esta inusual pareja de amenazas como una manada de lobos o un jabalí salvaje.
Una de las cosas que más me gustó es la decisión de prescindir por completo de la palabra hablada o escrita. Es un juego silente donde toda la comunicación se basa en la expresividad de los personajes. De este modo, el juego se las arregla muy bien para explorar temáticas complejas y dolorosas con una gran delicadeza. Tal es así que me atrevo a decir que el título logra reflejar el dolor de la pérdida, entendiendo que, a veces, el silencio es el recipiente idóneo para albergar el dolor. A decir verdad, cuesta profundizar en la historia sin hacer spoilers, aunque puedo asegurar que el viaje es muy interesante ya que se transforma en una especie de metáfora sobre el crecimiento.
PUBLICIDAD
En cuanto a la jugabilidad, el título gira alrededor de la resolución de acertijos y las plataformas, integrando estas mecánicas de forma muy natural con el mundo. Los rompecabezas me parecieron sencillos, con un tono muy de cuento de hadas, lo que me permitió avanzar sin frustraciones y mantener el foco en la experiencia emocional. Creo que esta simplicidad es intencionada ya que funciona como un engranaje bien aceitado que hace que el ritmo de la historia no se estanque. Cada bloque movido y cada palanca activada se siente como un paso firme en el proceso de duelo que atraviesan los protagonistas.
La progresión en términos de mecánicas se manifiesta a través de la constante evolución de la relación entre el niño y el ciervo a lo largo de su travesía. Durante las aproximadamente cuatro horas que dura la historia, el juego nos muestra cómo el ciervo deja de sentirse como una carga frágil para convertirse en un aliado formidable. A medida que el animal crece físicamente, adquiere nuevas habilidades que nos ayudan a progresar y cambian la forma en que podemos interactuar con el escenario. Además de añadir variedad, todo esto se siente como una analogía ludonarrativa que enseña que el dolor que cargamos al principio del luto puede transformarse en la fuerza que ayuda a seguir adelante.
Pese a su corta duración, la obra cuenta con una más que generosa variedad de situaciones, lo que hace que el viaje no se sienta en absoluto monótono. Además de resolver puzzles, Deer & Boy siempre tiene algo bajo la manga como para mantener el interés. Esta versatilidad, unida al propio ritmo de la aventura, logra un equilibrio excelente. Por un lado, porque posee una capa de ternura y simpatía sobre la que construye una bonita aventura, y por el otro, porque detrás de ello esconde una narrativa densa y profunda que resulta increíblemente reflexiva.
PUBLICIDAD
A pesar de sus múltiples virtudes y encanto, el título no está exento de inconvenientes. Nada particularmente grave, pero por momentos el control no responde como se espera. En determinadas secuencias, donde hace falta agilidad y velocidad de reacción en los movimientos de nuestro personaje, parece como si quedara literalmente clavado al piso durante unos breves instantes. Esta falta de pulido en un elemento tan crucial como lo son los controles, deriva en “muertes” sumamente injustas que obligan a repetir la misma secuencia más de lo estrictamente necesario, cortando de este modo con el ritmo de la aventura. De todos modos, creo que es algo que se puede solucionar fácilmente con un parche.
Visualmente, el juego es simple pero encantador. Los escenarios parecen dibujos poligonales hechos a mano, con mucha atención por los pequeños detalles. La paleta de colores es cálida y reconfortante, aunque también logra aportar cierto tono de oscuridad cuando es necesario. Más allá de sentirse como un envoltorio bonito, el apartado gráfico actúa como otro elemento que ayuda a apuntalar la narrativa, pintando los estados de ánimo del protagonista directamente sobre los bosques y las ruinas que visitamos.
Por otra parte, la banda sonora que acompaña, oscila entre lo ingenuo y lo opresivo según lo dicte el entorno. Sin embargo, el punto culminante de este viaje auditivo llega de la mano de la hermosísima canción I Am by Your Side interpretada por la voz de Louise Dissous. Cuando su voz irrumpe, se siente como una caricia a los oídos. Funciona como una catarsis emocional absoluta, un abrazo sonoro en medio de la oscuridad que eleva los sentimientos de compañerismo, esperanza y sanación a cotas magistrales.
PUBLICIDAD
Deer & Boy es un videojuego hermoso que sólo necesitó de una narrativa sin palabras y expresividad en sus personajes para sumergirme en un viaje tan emotivo como fantástico. Con estos elementos, el juego consigue tejer un tapiz emocional para explorar la profundidad del duelo en una propuesta sumamente accesible. Un viaje cálido y melancólico que nos recuerda, a través de la mirada de un niño y un ciervo, que incluso en las etapas más oscuras de nuestra vida, nunca estamos realmente solos.