Realm of Ink: el roguelite que quiere escapar de la sombra de Hades

Leap Studio apuesta por la tinta china, la metanarrativa y la variedad de builds para darle identidad propia a su juego

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Realm of Ink - Leap Studio

No es necesario viajar en el tiempo y mencionar a Rogue (1980) para hablar del género roguelite. Podemos hablar de Spelunky (2008) o The Binding of Isaac (2011) también, por ejemplo. Pero es verdad que, para muchos, el que le otorgó el peso que tiene el género actualmente fue Hades. No por reinventar la ruedas, sino por imponer que ya no era suficiente ofrecer combates veloces, builds variables y runs que podían durar una eternidad. El verdadero desafío pasaba por encontrar una identidad propia, el hecho de no parecerse a otros títulos, algo muy similar a lo que puede ocurrir con el género metroidvania. Ahí es donde Realm of Ink, de Leap Studio, intenta jugar sus cartas.

A primera vista, el juego abraza las reglas básicas del género: acción isométrica, progresión permanente, jefes, habilidades desbloqueables y una estructura diseñada para morir, volver a empezar y probar una estrategia distinta. Pero se hace fuerte desde otra arista. La protagonista, Red, no solo persigue a un misterioso demonio con forma de zorro, sino que en pleno recorrido descubre que ella misma es una figura atrapada dentro de una historia ya escrita, una pieza más de un manuscrito conocido como el Reino de la Tinta. Si nos ponemos a pensar en las reglas, esa idea metanarrativa encaja de manera natural con el concepto general del roguelite, donde cada muerte deja de ser un simple reinicio mecánico y pasa a sentirse como un “punto y aparte”. La historia no termina ahí, pero tenemos que comenzar a escribir un nuevo párrafo de nuestra aventura.

Realm of Ink - Leap Studio

En vistas de alcanzar un diferencial, la estética visual de Realm of Ink también busca despegarse de la competencia. Los diseños y su semblante están inspirados en la pintura tradicional china, y desde Leap Studio optaron por un bello 2.5D y efectos que simulan trazos de tinta fresca, que en algún punto me hicieron recordar a Ōkami, pero también a Street Fighter V, que tomó ese concepto del trazo de tinta negra para aportar un nuevo detalle visual, o algo más profundo como el Disney Epic Mickey: Rebrushed, que utiliza este concepto en sus mecánicas y en el sentido de su historia. Claramente no estoy diciendo que uno se copió del otro, sino que -justamente- esta decisión estética le da una personalidad inmediata y concreta. No es un detalle menor en un género saturado de propuestas similares.

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Después aparecen sus sistemas de personalización, que no digo que sean menos importantes que su estética visual, pero lo otro es lo que primero entra por los ojos. La protagonista puede acceder a múltiples formas de combate, armas, reliquias, perks y más de 40 Ink Gems elementales capaces de modificar habilidades, estados y estilos ofensivos. Pero el componente más llamativo llega con los Ink Pets, que resultan ser criaturas de apoyo cuya forma, comportamiento y rol táctico cambian según las combinaciones equipadas por el jugador. Puede resultar abrumador todo esto a simple vista, hasta que entendemos que cada uno construye su propia estrategia y nada nos obliga a movernos mucho de ahí. Lo genial es tener la posibilidad de tanta combinación y realmente poder tomarnos el tiempo para ir experimentando.

Realm of Ink - Leap Studio

Queda claro, entonces, que la idea no solo amplía las posibilidades de crear diferentes builds, sino que también nos propone detenernos y pensar la comunión entre protagonista y acompañante. Una configuración específica, por ejemplo, puede priorizar el daño a distancia, mientras otra, el combate cuerpo a cuerpo. En la teoría, estamos frente a uno de los sistemas más interesantes que se han visto dentro del género.

De todas formas, fiel al concepto del yin y yang, la libertad para experimentar también deja expuestas algunas posibles grietas, porque en la inmensidad de opciones, existen distintas combinaciones particularmente poderosas que pueden desequilibrar el progreso hasta el punto de diluir buena parte del desafío, algo que podemos ver cuando ciertas builds de daño en área comienzan a eliminar enemigos y jefes sin mayor complejidad. Obviamente esto tiene dos posturas: por un lado, quienes buscan la construcción más purista del género, el factor dificultad queda bastante obsoleto. Pero aquellos quizás más reticentes al género, pueden encontrar una bienvenida mucho más amable gracias a esa dificultad que no se convierte en algo exigente ni determinante, hablando en términos generales.

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Realm of Ink - Leap Studio

Esa dualidad que resulta ambigua y crucial al mismo tiempo, es lo que, al unísono, parece definir buena parte de Realm of Ink, ya que termina siendo un roguelite que entiende muy bien los detalles que hicieron grande a títulos que vinieron después de Hades, pero que intenta jugar con ellos desde una sensibilidad propia, apoyándose en el folklore chino, el metalenguaje y, como venimos destacando, sistemas de combate profundamente configurables. No creo que haya muchos grises respecto a este juego. Esta dualidad de la que hablo sitúa a los jugadores de un lado o del otro. Pero, aún así, es una propuesta que apuesta fuerte por su diferencial original y lo defiende a capa y espada. Su éxito es gracias a eso: la victoria de años de trabajo y la aceptación total de una comunidad que supo entender esa apuesta.