El poeta español y director del Instituto Cervantes Luis García Montero cree que morir no significa desaparecer y, a partir de los recuerdos, es posible mantener la relación con el amor ausente, lo cual intenta asumir con su esposa fallecida, la novelista Almudena Grandes.
“Para mí la muerte tiene mucho de animal doméstico. Me siento en el sofá donde veía la televisión con Almudena y ahí está la muerte porque me sobra sofá por todos sitios. Para una persona sin ideas religiosas, como yo, la muerte se convierte en un animal de compañía”, aseguró este sábado el escritor en entrevista a Efe.
La idea aparece en una de las piezas de Un año y tres meses, el poemario que el escritor dedicó a su mujer, presentado esta semana en México. Se trata de una obra con 25 poemas relacionados con los 15 meses vividos por la pareja entre el anuncio de la enfermedad de la autora y su desaparición física, ocurrida en noviembre de 2021.
“Es un libro necesario y difícil. Necesario porque la manera que tengo de relacionarme con la vida, conmigo mismo desde que soy adolescente es la poesía y ante una experiencia tan dolorosa como la pérdida de mi mujer, necesitaba buscarle un sentido a la vida que se me había quedado vacía”, confesó.
Además, el poeta se pronunció en defensa del español, que aseguró que no es “un idioma de pobres” y que “tiene más de 130 millones de hablantes en México y 60 millones en Estados Unidos”. Y agregó: “No aceptamos el desprecio de señores como el expresidente Donald Trump porque tenemos mucho que ofrecer”.
El dolor convertido en amor
El poeta lleva una barba blanca que le da a su rostro una imagen de patriarca. Su mirada es triste, sin embargo, defiende la idea de convertir el dolor en amor, de asumirlo como una consecuencia de los milagros vividos con su esposa. “Si una pérdida duele tanto es porque uno ha tenido la suerte de compartir un amor. Solo duele aquello que ha tenido un papel fundamental en la vida; es una suerte haber compartido durante tanto tiempo esta historia porque hay mucha gente que se muere sin saber lo que es el amor”, aseguró.
Si bien se refiere a uno de los golpes de la vida que son como el odio de Dios, idea del poeta César Vallejo, el libro de García Montero no es un mar de lágrimas, sino una invitación al lector a razonar sobre la pérdida. “Si yo escribo un poema sobre la muerte no me interesa solo decir cuánto siento la muerte de mi compañera o que el lector diga “cuánto la quería”. El reto es que el poema sea parte de la meditación del lector, que se emocione y piense en su propia relación con la muerte, con la vida y con el amor”, aseveró.
La obra tiene un aire de eternidad como en el poema “Amor de siempre”, en el que el escritor sugiere que su modo de sentirse definitivamente hundido es una forma más de estar enamorado para empezar de nuevo una vida distinta con el amor de siempre.
“La dignidad humana, más allá del consumo y del narcisismo tiene que ver con la conciencia del dolor y de la muerte; es importante intentar dar una visión alternativa de la vida que dignifique la enfermedad y la muerte. De eso habla este libro también”, opina.
Ajuste de cuentas
Almudena Grandes se dedicó a la literatura porque quedó impresionada con una versión infantil de La Odisea que le regaló su abuelo. Según García Montero, con ese libro aprendió que la literatura es un ajuste de cuentas con la realidad.
El poeta, nacido en Granada hace 64 años, no puede cambiar la vida, sí la manera de asumirla y lo hace de la forma que conoce, con poesía, para visitar a su esposa como hacía los viernes de hace casi 30 años en la casa de ella en Madrid.
“Con este libro de poemas he intentado encontrarle un sentido a la vida que la realidad me había quitado. Es un intento de recuperar lo que he perdido”, confiesa, mientras cuenta la historia de Negrín, el gato que durante un montón de años solía aparecer en los lugares más inesperados de la casa, como hacen ahora los recuerdos.
“Yo daba por supuesto que la muerte no iba a ser una duda metafísica, pero desconocía hasta que punto daña como animal doméstico”, dice uno de los poemas del volumen editado por Tusquets.
¿Idioma de pobres?
“El español tiene más de 130 millones de hablantes en México y 60 millones en Estados Unidos. Es un compromiso para decir que no es una lengua de pobres, y que no aceptamos el desprecio de señores como el expresidente Donald Trump porque tenemos mucho que ofrecer”, dijo el escritor a Efe.
Originario de Granada (España), García Montero recordó que a día de hoy la comunidad hispana en los Estados Unidos formaría por sí sola la séptima economía del mundo y poner eso al servicio del desarrollo democrático de las comunidades sería prometedor. “Si lo conseguimos, tendremos por delante un futuro para defender la democracia y los valores de los derechos humanos en un horizonte internacional lleno de referencias que no respetan a las mujeres, las libertades, la democracia, ni la diversidad”, opinó.
Fundado en 1991, el Instituto Cervantes difunde la cultura española en un país con cuatro idiomas oficiales, el gallego, el euskera, el catalán y el español, hablado en el mundo por unos 500 millones de personas, el 8 % en España. “La tarea es divulgar valores democráticos en una comunidad que es fuerte”, dijo, antes de añadir que la comunidad que habla español tiene la capacidad “para imponer una cultura de prestigio democrático que se haga fuerte no solo en la literatura sino en la ciencia y en la tecnología”, dijo.
García Montero destacó la inauguración hace unas semanas del Instituto Cervantes en Los Ángeles, algo que era necesario en el estado de California, donde hay 12 millones de hablantes hispanos, la mayoría de origen mexicano: “El futuro del Instituto es formar alianza con los otros países que comparten el idioma, enriquecernos en el respeto con las lenguas con las que convivimos; en América con las lenguas indígenas, en España con las otras lenguas oficiales y mostrarnos como un idioma de futuro”.
Fuente: EFE
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