El agua bajó en un tramo ubicado a unos dos kilómetros del Lago de Yojoa y permitió nuevamente el tránsito de vehículos hacia comunidades de San José de Comayagua que durante más de tres semanas enfrentaron dificultades para movilizarse.
La emergencia afectó a unas 400 familias, equivalentes a más de 1.000 personas, que durante semanas tuvieron problemas para salir hacia la ciudad y realizar actividades cotidianas.
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El alcalde de San José de Comayagua, Melkín Muñoz, explicó que el nivel del agua disminuyó y que el paso fue reparado de manera provisional. Sin embargo, el agua todavía atraviesa el sector, por lo que la circulación continúa dependiendo de las condiciones del terreno y del comportamiento del caudal.
La zona afectada se encuentra entre San José de Comayagua y Taulabé, cerca de la carretera CA-5 y del Lago de Yojoa.
El agua comenzó a regresar al lago
El comportamiento del agua cambió en los últimos días. Después de permanecer acumulada en los sectores de Vacadilla y La Pita y afectar el acceso a varias comunidades, parte del caudal comenzó a retornar hacia el Lago de Yojoa.
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La situación, sin embargo, no equivale a una solución definitiva. El agua continúa pasando por el sector y cualquier incremento del nivel podría volver a dificultar el tránsito.
Días atrás, pobladores de varias comunidades habían advertido que la corriente había convertido el acceso en un punto prácticamente intransitable y que la movilidad se había reducido considerablemente.
El impacto no se limitó al estado de una carretera. Para las familias de estas comunidades, el deterioro del paso significó dificultades para trasladarse hasta los centros urbanos, adquirir alimentos, movilizar productos y atender otras necesidades que requieren salir de la zona.
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Muñoz señaló que algunas familias llevaban entre 20 y 25 días con problemas para desplazarse hacia la ciudad y pidió asistencia al Gobierno central para atender a los pobladores.
La preocupación aumentó debido a que nuevas lluvias podían provocar otra crecida y cortar nuevamente la comunicación. La situación también generó inquietud entre los habitantes por el manejo del agua en el sector de Cañaveral.
La reparación solo es provisional
La municipalidad logró habilitar nuevamente el paso mediante una reparación provisional. La disminución del nivel del agua permitió que los vehículos volvieran a circular, aunque el cruce todavía se encuentra condicionado por la presencia de agua.
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Para el alcalde, la solución no pasa únicamente por reparar el camino cada vez que queda afectado. La propuesta es construir un vado con alcantarillas que permita elevar la vía y, al mismo tiempo, facilitar la circulación del agua por debajo de la estructura, para evitar que el flujo vuelva a cortar la carretera cuando aumente el nivel.
Muñoz solicitó apoyo al Gobierno central para ejecutar esa infraestructura, debido a que la municipalidad considera que una reparación temporal no resolverá el problema de fondo.
Otro punto de preocupación está relacionado con las estructuras de control de agua ubicadas hacia Cañaveral. El alcalde pidió mantener vigilancia sobre las denominadas cortinas y advirtió que determinadas decisiones sobre su manejo podrían prolongar la permanencia del agua en el sector.
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El problema no se limita al tramo donde se encuentra la carretera. El nivel del agua y su desplazamiento entre las zonas cercanas al Lago de Yojoa condicionan tanto la vía como las comunidades que dependen de ella. Cualquier interrupción del acceso tiene consecuencias directas sobre cientos de familias que necesitan esa ruta para comunicarse con otras localidades.
El riesgo todavía permanece
El panorama actual es menos crítico que el registrado durante las últimas semanas. Los vehículos ya pueden atravesar nuevamente el punto afectado y el nivel del agua comenzó a descender. Sin embargo, el hecho de que el agua todavía circule por el sector mantiene vulnerable la comunicación terrestre.
Para los pobladores, el riesgo es que nuevas lluvias vuelvan a elevar el caudal y los obliguen a enfrentar nuevamente el aislamiento. La experiencia de las últimas semanas dejó en evidencia la fragilidad de un acceso del que dependen cientos de familias.
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La petición municipal se concentra en una obra permanente que permita mantener el paso aun cuando aumente el volumen de agua. Mientras esa infraestructura no exista, la reapertura de la vía seguirá siendo provisional y las comunidades permanecerán expuestas a que una nueva crecida vuelva a cerrarles el camino.
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