Para una parte de los adolescentes migrantes que regresan a Honduras, el retorno no representa el final del viaje. El 28% de los jóvenes encuestados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) afirmó haber considerado volver a migrar, una cifra que pone en evidencia la fragilidad de las condiciones de reintegración.
La perspectiva de los adolescentes contrasta con la de sus cuidadores: solo el 9,3% de los adultos consultados cree posible que el menor vuelva a irse. La distancia entre ambas respuestas puede reflejar expectativas distintas dentro de las familias y la dificultad para dimensionar las presiones que enfrentan los jóvenes después de regresar.
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El informe de la OIM identifica que las razones para migrar no responden a un único factor. Entre los adolescentes consultados, el 46,8% mencionó la búsqueda de mejores condiciones de vida como motivo de salida, mientras que el 27,7% señaló la necesidad de empleo e ingresos. También aparecieron la reunificación familiar, la violencia y la seguridad, la educación, la salud y las dificultades ambientales o de medios de vida.
Las condiciones de los hogares a los que retornan ayudan a explicar por qué la opción de una nueva salida sigue presente. Aunque el 63,6% de los cuidadores describió los ingresos familiares como “constantes”, más de la mitad de los hogares relevados se concentró entre quienes no tenían ingresos y quienes recibían menos de 3.000 lempiras mensuales.
Además, contar con familiares en el extranjero no equivale necesariamente a tener respaldo económico. El 78,9% de los niños y adolescentes tenía al menos un familiar fuera de Honduras, pero el 64,2% de los hogares no recibía apoyo económico desde el exterior antes de la migración.
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Migración no acompañada
Los retornos analizados provinieron principalmente de Estados Unidos: el 86,3% de los casos. Según los cuidadores, el 56,8% de los regresos fue forzado por autoridades migratorias. En paralelo, el 15,5% de los menores reportó haber realizado el trayecto migratorio solo, sin acompañamiento de familiares.
Entre mayo de 2015 y agosto de 2026, Honduras registró 151.284 retornos de niñas, niños y adolescentes, según datos del Instituto Nacional de Migración citados por la OIM. El fenómeno, advierte el organismo, requiere respuestas que vayan más allá de la asistencia inmediata: empleo para las familias, continuidad educativa, documentación, protección y acompañamiento territorial.
“El retorno constituye el punto de partida de un proceso”, concluye el estudio. Si esas condiciones no se transforman, la migración puede volver a aparecer como una alternativa para adolescentes que no encuentran oportunidades suficientes en sus comunidades, señalo Mariana Rendón, jefa de misión de la OIM en Honduras.
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Respuesta de Honduras
Desde el Gobierno, la apuesta pasa por fortalecer la reintegración de quienes regresan al país y, al mismo tiempo, atender las condiciones que pueden impulsar una nueva salida. En marzo de 2026, la ministra de Desarrollo Social, Fátima Juárez, encabezó la firma de una alianza para fortalecer el Sistema Nacional de Reintegración, con acciones que incluyen formación técnica, intermediación laboral, atención psicosocial y apoyo al emprendimiento.
La Secretaría de Desarrollo Social señala que estas medidas también buscan prevenir la migración irregular mediante la atención de sus causas estructurales en los territorios.
Así mismo, el propio Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH) ha planteado que la respuesta debe incluir empleo, educación, salud, seguridad y mecanismos de reintegración social y económica, especialmente a nivel de las comunidades y municipios de origen.
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El planteamiento oficial coloca el empleo y las oportunidades económicas como parte de la respuesta, pero los datos de la OIM muestran que el desafío es más amplio cuando se trata de niños y adolescentes.
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