Un hombre murió después de ser atacado en dos ocasiones por su propio perro de raza pitbull en la colonia Hato de Enmedio, en Tegucigalpa, en un caso que ha vuelto a abrir preguntas sobre la tenencia responsable de animales con gran capacidad física y sobre los protocolos que deben seguirse después de una agresión severa.
Reportes iniciales identificaron a la víctima como Ulises Alonso, pero información posterior difundida tras la intervención de las autoridades municipales lo identificó como Alex Alfonso Maldonado Bonilla.
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Debido a esa discrepancia, conviene tomar como referencia la identificación más reciente mientras las autoridades completan el expediente oficial.
De acuerdo con información divulgada posteriormente, el primer ataque ocurrió alrededor de las 11:00 de la mañana. Maldonado sufrió lesiones en una de sus manos y fue trasladado a un centro asistencial.
Después de recibir atención médica regresó a la vivienda.
Horas más tarde, cerca de las 5:00 de la tarde, Zeus volvió a atacarlo. Esta vez las lesiones fueron mucho más graves y terminaron provocándole la muerte. Reportes de medios indican que el animal le produjo una lesión traumática severa en una extremidad inferior.
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El hijo de la víctima intentó intervenir para auxiliar a su padre y también resultó herido, principalmente en ambas manos.
Tras el ataque, policías acudieron al inmueble y lograron controlar al animal sin que se produjeran nuevas agresiones.
Este martes, autoridades municipales y sanitarias retiraron a Zeus de la vivienda para someterlo a un período de observación de diez días, destinado a vigilar posibles signos compatibles con rabia.
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El procedimiento tiene una finalidad sanitaria: después de una mordedura grave, conocer el estado del animal ayuda a las autoridades médicas a valorar el riesgo para las personas expuestas.
Según las autoridades citadas en el caso, después de completar el período de observación el perro sería trasladado a un refugio para permanecer bajo cuidado.
Las autoridades municipales señalaron que no procederán automáticamente a sacrificar al animal y que buscarán una alternativa para mantenerlo bajo condiciones controladas.
También hicieron énfasis en las condiciones de crianza y cuestionaron prácticas como mantener permanentemente encadenados a los perros.
Hasta el momento no se ha establecido públicamente qué provocó las dos agresiones. Por ello, factores como enfermedades, dolor, condiciones de confinamiento, antecedentes conductuales o circunstancias específicas del momento deberán evaluarse antes de atribuir una causa.
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Vecinos dijeron a medios locales que Zeus había mostrado previamente comportamientos agresivos y que en otra ocasión habría atacado a otro perro, aunque esos testimonios forman parte de los antecedentes relatados por residentes y no explican por sí solos el ataque mortal.
La tragedia también obliga a evitar una conclusión demasiado simple: que una raza, por sí sola, explica automáticamente un ataque.
En incidentes graves deben analizarse elementos como socialización, entrenamiento, supervisión, condiciones de vivienda, manejo del animal y señales previas de agresividad.
Lo que sí cambia con perros de gran fuerza física es la magnitud potencial del daño cuando ocurre una agresión.
Por eso, después de un episodio violento previo, la evaluación profesional y el aislamiento preventivo pueden resultar esenciales para evitar un segundo incidente.
En Hato de Enmedio, precisamente, la pregunta que queda pendiente es cómo un primer ataque que obligó a llevar al propietario a un centro asistencial terminó seguido, pocas horas después, por una segunda agresión fatal.
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Ahora las autoridades deberán aclarar tanto las circunstancias del ataque como el destino definitivo de Zeus una vez termine su vigilancia sanitaria.
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