“Al rescate de nuestra hija”: descubrieron un horror y se convirtieron en padres de una sobreviviente

Patricia Ramos llevaba más de una década yendo a dos Hogares de niños de Corrientes a llevar donaciones. Era, incluso, madrina de uno de los chicos. Todo parecía ir bien hasta que el año pasado su ahijado apareció muerto y la escenografía se derrumbó. La muerte terminó develando lo que de verdad pasaba puertas adentro. Una historia de amor, igual, nació en medio del espanto

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En el centro, Alejandra, la adolescente del Hogar que ahora es la hija de Patricia y Hernando
En el centro, Alejandra, la adolescente del Hogar que ahora es la hija de Patricia y Hernando

La idea se puso en marcha en el otoño de 2010. En ese entonces Patricia tenía 33 años, no estaba en pareja, tampoco tenía hijos. Charlando con un grupo de amigos habían tomado la decisión: querían empezar a viajar al pueblo en el que ella había nacido, en Corrientes, para llevar juguetes, útiles escolares, ropa, sábanas, productos de higiene y comida a los chicos que crecían -sin familias- en dos hogares de niños estatales.

Empezaron a ir a Virasoro dos veces por año, no sólo para llevar donaciones: eran 30, a veces 40 personas que viajaban para pasar tiempo con los chicos, para festejarles los cumpleaños, para inventar obras de teatro, para jugar.

A la izquierda, Patricia con Alejandra cuando la conoció. A la derecha, cuando Alejandra ya era adolescente
A la izquierda, Patricia con Alejandra cuando la conoció. A la derecha, cuando Alejandra ya era adolescente

Y es acá donde Patricia frena el recuerdo y cambia una diapositiva por otra, una mucho más oscura.

“Todavía me cuesta creer cómo yo visité esos hogares durante 11 años y no me di cuenta de lo que estaba pasando”, dice a Infobae.

Con la idea de que todos los chicos sintieran que eran especiales para alguien, cada adulto de “El Faro Solidario”, la agrupación a la que ella pertenece, había apadrinado a uno. El ahijado de Patricia se llamaba Claudio, lo había conocido cuando era un nene de tres años.

“Un día me llamó un vecino del Hogar y me dijo a los gritos ‘¡Patricia, están sacando el cuerpo de tu ahijado!’”.

Claudio Florez era un adolescente, acababa de cumplir 15 años. Fue su muerte lo que destapó el pozo del horror.

La trama

Patricia Ramos tiene 46 años, vive en Almagro y trabaja en su propia empresa de limpieza. Ninguno de los chicos a los que iba a ver a los Hogares “Rincón de Luz” y “María de Nazaret” venía, por supuesto, de tener una buena vida: o habían sido abandonados o habían sufrido tantas violencias por parte de sus familias biológicas que la Justicia los había separado.

Todos crecían esperando ser adoptados.

Claudio era músico, tenía 15 años, vivía en el Hogar desde los 3 años
Claudio era músico, tenía 15 años, vivía en el Hogar desde los 3 años

Como Patricia fue designada madrina de Claudio fueron construyendo juntos un vínculo especial. Lo vio aprender a hablar, a escribir, a tocar la guitarra después, lo vio convertirse en músico: un músico encerrado. La mejor amiga de Patricia fue designada madrina de Alejandra, otra de las protagonistas de esta historia.

Los viajes a Corrientes eran tan el corazón de la vida de Patricia que hace tres años, cuando se puso de novia con Hernando, lo invitó a que la acompañara. Hernando García también es músico y cuando conoció al ahijado de Patricia la conexión fue inmediata.

“Así que cuando nos enteramos de todo el horror… ¿la verdad? Nos destrozó”, interrumpe.

"Siempre tuvimos un vínculos muy especial", cuenta Patricia
"Siempre tuvimos un vínculos muy especial", cuenta Patricia

En febrero de 2022, cuando el vecino la llamó para decirle que estaban sacando el cuerpo de Claudio, escucharon una primera versión.

“Supuestamente se había suicidado”, dice, y frunce la cara.

Patricia, rota, hizo una publicación en su cuenta de Facebook: “En nombre de la Argentina te pido perdón... vos querías una familia pero el Estado te hizo esperar años. Para la justicia eras un archivo, escribió.

Lo hizo abatida, como un llamado a la reflexión para que más gente se animara a adoptar a adolescentes: chicos que llevan vidas esperando tener una familia, “ser hijos” de alguien. Pero la publicación empezó a circular por otros carriles y fue así que Patricia empezó a recibir decenas de mensajes y se enteró de las denuncias.

“¿Denuncias? ¿De qué hablan?”, pensó. Siete años antes, una médica había detectado que varias de las nenas y pre adolescentes del Hogar tenían enfermedades sexuales. Como eran menores de edad, había hecho la denuncia.

Cuando Patricia se puso a averiguar quedó desencajada, no lo podía creer.

Alejandra es una sobreviviente del horror
Alejandra es una sobreviviente del horror

“Había una causa por abuso sexual agravado contra dos cuidadores del Hogar. Uno ya había sido condenado, la causa del otro había sido archivada. Cuando empezamos a sacar a la luz todo esto, se desarchivó y lo condenaron”. Ambos eran empleados estatales.

En 2019, además, una empleada de uno de los Hogares había denunciado que mandaban a varias adolescentes -de 14 y 15 años- a trabajar de niñeras. En ese lugar al que iban a trabajar siendo menores además, el jefe abusaba de ellas. La causa contra ese hombre, el zapatero Marcos Núñez de Lima, no había avanzado.

“Cuando las llevaban a declarar no decían nada por miedo, imaginate: si decían algo después tenían que volver al Hogar, que era donde comían, donde dormían”, explica Patricia.

“No sabía qué hacer, entonces se me ocurrió ir a hablar con chicos que habían salido de los Hogares, o porque habían sido adoptados o porque habían cumplido la mayoría de edad. Ellos me contaron todas las situaciones horrorosas que habían vivido. Todos habían sido torturados, abusados, los hacían comer alimentos de perro, los quemaban, hasta los pinchaban con agujas”.

Sus nuevos tíos, que viven en Estados Unidos, vinieron a conocerla
Sus nuevos tíos, que viven en Estados Unidos, vinieron a conocerla

Ni Patricia ni el resto de los adultos se habían dado cuenta.

“Los chicos nos dijeron ‘es que cuando ustedes iban hasta nos maquillaban’, o nos daban helado unos días antes para que no habláramos’. El hermano de Claudio me dijo ‘las veces que nosotros pedimos ayuda nos fue mal, porque cuando volvíamos los castigos y los abusos eran peores’”.

En ese espanto se enmarcó la muerte de Claudio Florez. ¿Cómo llegó al suicidio? ¿Fue un suicidio? ¿Inducido? ¿Estaba harto, desbordado?

Las preguntas empezaron a sangrar, Patricia a zamarrear el árbol hasta ver qué caía.

En abril de este año lograron que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU fuera a relevar el caso. En el apartado “muerte bajo custodia” publicado en junio dice que una investigación ordenada por la Corte Suprema de Justicia de la Provincia, constató que no se le había realizado ni siquiera una autopsia del joven.

“Esta investigación reveló las torturas y malos tratos a los niños en el centro y la desprotección que provocó la muerte de Claudio, dice el texto. Claudio murió por ahorcamiento pero hay testimonios que sostienen que nadie lo vio ahorcado, sino directamente sentado en el piso sin vida.

Ahora la directora del Hogar, Sonia Prystupczuk, y un cuidador, Nelson Pintos, están procesados por homicidio culposo. Ella también por abuso de autoridad.

Hija

En su cumpleaños, con la nueva familia
En su cumpleaños, con la nueva familia

Patricia siempre había tenido con Alejandra, la ahijada de su mejor amiga, un vínculo distinto. “La conocí cuando tenía cuatro años”, dice, y vuelve a cambiar la diapositiva, se ilumina.

“Cada vez que iba al Hogar, Ale se me prendía del brazo. Algunos chicos eran más tímidos pero ella lo primero que hacía era abrazarme, desde chiquita”.

Alejandra también había llegado al Hogar tras una historia de violencias y abandono por parte de su familia biológica. En el lugar en el que se suponía que tenían que cuidarla hasta que encontraran una familia adoptiva se había convertido, en cambio, en sobreviviente de otra edición del horror.

“Ale cumplió los 18 años en medio de todas las denuncias. Recién cuando cumplió la mayoría de edad y le permitieron salir pudo contar las aberraciones que sufrió durante esos 14 años”.

Patricia y su novio, todavía conmocionados, lograron alquilarle un lugar para que la adolescente viviera con sus dos hermanos. Pero enseguida se dieron cuenta de que estaban en el mismo pueblo que sus victimarios, encerrados por miedo.

Un día de septiembre del año pasado, Alejandra se tomó un micro y viajó de Virasoro, Corrientes, a Mercedes, Buenos Aires, con la idea de buscar a su mamá biológica. No tenía casi vínculo con ella, pero tampoco tenía otras sogas de las que agarrarse.

Cuando Patricia se enteró que había venido sola, fue a buscarla.

Comieron juntos: Patricia, Hernando y la adolescente.

Con mamá y papá
Con mamá y papá

“Volvimos a hablar de todo lo que le había pasado, lo que le habían hecho”, recuerda Patricia, y ya le tiembla la voz. “En un momento le preguntamos cuál era su sueño. Ella tenía 18 años, yo pensé que nos iba a decir ‘conseguir un trabajo, una casa, una moto’. Y ella nos respondió ‘tener una familia’”.

Patricia la escuchó y se tragó la desesperación. Después la llevó hasta la estación de tren, Alejandra se iba otra vez a Mercedes.

“Volví a casa destruida, en el camino le pedí a Dios que por favor mi pareja quisiera ser papá, porque yo sentía la necesidad de ser la mamá de Ale”.

Hernando la estaba esperando con la cena. Cuando le vio la cara le preguntó qué le pasaba.

“Se me desgarra el corazón de saber que va a volver a estar sola”, le contestó ella, llorando.

Él le respondió: “A mí también”.

Y antes de que Patricia pudiera preguntarle, siguió: “¿Por qué la dejamos subir al tren? Llamala, llamala ya, que vuelva”.

Un pacto de familia entre los tres
Un pacto de familia entre los tres

Patricia la llamó.

“Le dijimos que no le queríamos ofrecer un lugar para vivir, que le queríamos ofrecer un hogar. Que si ella estaba de acuerdo nosotros queríamos ser su mamá y su papá”.

Alejandra se emocionó en silencio. “Era una felicidad que no sé cómo explicarla”, cuenta a Infobae la joven. “Pensé ‘me bajo del tren ahora, me vuelvo sin nada, pero eran las dos de la madrugada’”, sonríe con timidez.

Al día siguiente volvió con sus cosas, los tres se abrazaron, lloraron sin saber bien qué decir.

“En el fondo -dice Patricia- éramos tres ‘solos’ que nos habíamos encontrado. Tres ‘solos’ que siempre habíamos soñado con tener una familia”.

Alejandra había cumplido la mayoría de edad sin ser adoptada pero nunca -cuenta ahora- lo había dado por perdido: “Siempre que adoptaban a un chico más chiquito yo pensaba ‘bueno, ya en cualquier momento me tocará a mí’.

Tenía razón.

En la mesa de un restaurante, los tres hicieron “un pacto de familia”. Hace tres meses, Patricia y Hernando se casaron: Alejandra estuvo en el altar con ellos.

Se casaron hace tres meses, con ella de "mentora"
Se casaron hace tres meses, con ella de "mentora"

Ya hace un año y dos meses que viven juntos, que son una familia de tres. Para que lo sean legalmente (que Alejandra se cambie el apellido por el de ellos, que es lo que ella desea, y sea su heredera) decidieron esperar.

Hay algo de qué ocuparse antes: hay tres causas abiertas, Alejandra deberá declarar en las tres.

“Espero realmente que el juicio arranque el próximo año y los que tengan que ir presos, vayan presos”, se despide Patricia.

“Es muy duro para Ale y para el resto de sus compañeros, que siguen allá esperando una familia, porque el deseo de ser hijo no se te pasa nunca. Van a tener que contar y revivir todo lo que pasaron, algunos siguen viviendo en el mismo lugar que sus abusadores. Ellos fueron valientes y lo siguen siendo, ahora necesitan que la Justicia los escuche”.