Cuando Elvis resucitó en Las Vegas: la historia íntima del regreso que cambió a la Ciudad del Pecado

En 1969 la carrera de Elvis Presley parecía no tener futuro. Desde la aparición de Los Beatles no había podido encontrar su lugar en el nuevo negocio. Sin embargo, él y su representante apostaron por una “residencia” en Las Vegas. Y produjeron uno de los regresos más impactantes de la historia de la música y un cambio de paradigma en la ciudad

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Elvis Presley en Las Vegas
Elvis Presley en Las Vegas

En el teatro hay dos mil personas ansiosas. El cómico de stand up que oficia de telonero sale del escenario y pasa junto al cantante: se da cuenta que no es un buen momento para saludarlo ni para desearle suerte. En su ajustado traje estrambótico con el cuello levantado, Elvis Presley busca aire. Con la mirada vacía y la mandíbula tensa se dirige a uno de su músicos: “No sé si voy a poder”, le dice.

Se va a enfrentar al público por primera vez en nueve años. Mientras se espera que el locutor anuncie la atracción principal (una costumbre de época: “Señoras y señores, con ustedes, el Rey, Elvis Presley”. La banda comienza a tocar. Imprevistamente se escucha “Well, it’s a one for the money; two for the show” (“Bueno, es uno por el dinero; dos para el show”). Elvis ingresa al escenario cantando Zapatos de gamuza azul (Blue suede shoes). La voz se muestra firme y vital pero el micrófono tiembla en su mano. Los dos mil espectadores se ponen de pie y comienzan a aullar. La ovación dura varios minutos.

Elvis Presley había regresado.

Esa vuelta a los escenarios de 1969 fue un mojón fundamental en la historia de Elvis, fue una especie de renacimiento. Al tiempo se convirtió en el punto crucial de la relación entre Las Vegas, el espectáculo y los grandes artistas. A partir de ese momento ya no volvería a ser lo mismo. Ni para Las Vegas ni para Elvis, que había vuelto a llegar a la cima. Parecía que no tenía límites, pero a partir de ese momento el desmoronamiento profesional y personal fue inevitable.

Elvis ya se había presentado en Las Vegas. Al principio de su carrera, 1956, en medio del boom de su aparición, su manager el Coronel Parker firmó un contrato por 15 mil dólares para que cerrara un show. Sólo debía cantar 4 canciones por noche. Antes que Elvis se presentaba un número cómico, una big band y un grupo vocal (de doo wop). Las actuaciones no resultaron lo que se esperaban. Fue el primer fracaso de su carrera.

El público se acercaba por curiosidad, para saber de qué se trataba ese nuevo fenómeno, pero no entendía nada. Le molestaba el volumen y la velocidad de la música y ese cantante que no paraba de moverse (¡Y cómo se movía!). Eran, principalmente, apostadores, gente de mediana edad o de más de 50 para los que esa nueva música, el rock, sólo era ruido. Los músicos de Presley decían que por primera vez en todo el año se escuchaban entre ellos cuando tocaban. Estaban acostumbrados al ruido y al griterío de las fanáticas. Pero una costumbre de la ciudad mostró otra cara. Una tarde de domingo hubo una función especial para adolescentes. La entrada era de un dólar y cientos quedaron afuera. Esa tarde, en esa función, el clima fue el mismo que en el resto del país. Elvis fue el Rey.

Si bien desde hacía años que se presentaban distintos artistas en la ciudad, fue Frank Sinatra mientras filmaba Ocean’s 11, en 1960, quien dio un vuelco en la concepción del espectáculo de Las Vegas. Cada noche se presentaba con Dean Martin, Peter Lawford, Sammy Davis Jr y Joey Bishop. El Rat Pack.

Cantaban alguna canción, hacían bromas de vestuario, fumaban, tomaban y paseaban su encanto por el escenario. Un show de club nocturno en una sala más grande. Se convirtió en el epítome de los shows de Las Vegas. Luego llegaron las estrellas de Broadway, crooners (los mejores después de Sinatra: Nat King Cole, Tony Bennett, Bobby Darin), los cómicos de stand up y algunas orquestas. El teatro de mayor capacidad tenía 1000 butacas. Las Vegas era el lugar para divertirse. Sus residentes no llegaban a ser 60 mil. Pero cada día recibía 200 mil visitantes dispuestos a gastar, apostar y disfrutar.

Elvis Presley "In the ghetto" en vivo en Las Vegas

La relación de Elvis con Las Vegas fue fluida y permanente. Después de aquel fracaso de 1956, el único momento de sus primeros tiempos en los que una audiencia no enloqueció, volvió cada año. Pero sólo trabajó en 1963 en el que filmó la película Viva Las Vegas. Luego siempre fue a pasarla bien. Noches de alcohol, apuestas, amigos y mujeres. En 1967 se casó con Priscilla en la ciudad, casi como cumpliendo un requisito, como confirmando un lugar común.

Pero todo cambió en 1969. Ese año la carrera de Elvis no pasaba por un buen momento. Era claro que necesitaba un viraje. Hacía casi una década que no cantaba en vivo. Y hacía también mucho tiempo que una canción suya no entraba en los charts. Desde su regreso de sus dos años en el ejército, a principios de los 60, todo se reducía a las películas. Había hecho 24 en ese lapso.

Un productor dijo que “el único negocio seguro en Hollywood era una película con Elvis”. Pero ese negocio también peligraba. Se había tornado en una trayectoria burocrática, las canciones cada vez eran peores, los guiones más pueriles y ya no alcanzaba con la imagen magnética de El Rey. Su carrera se impulsaba cansadamente por un camino de inercia y desdén. Pero por cada película cobraba 500 mil dólares. Una fortuna para esos tiempos que le permitía seguir disfrutando sin preocuparse demasiado por nada y, principalmente, sin esforzarse.

En 1968 tuvo la primera reacción, un especial televisivo de una hora de duración que fue una gran éxito. Elvis estaba vivo. Pero su gran regreso, el Comeback del Siglo, se dio en 1969.

Se suele asociar la estadía de Presley en Las Vegas como la etapa de su decadencia. El exceso de peso, las drogas, el mal estado de su voz, la conducta errática en el escenario (y fuera de él). Sin embargo, esas actuaciones de 1969 (y también las de 1970) fueron un triunfo artístico. Tal vez la cumbre de su habilidad en un escenario.

El Coronel Parker, su representante, negoció con el Hotel Internacional que estaba por inaugurarse. La oferta era tentadora. 500 mil dólares por un mes de actuaciones. 2 funciones por día. El lugar era el más grande de Las Vegas. Duplicaba a los existentes. 2000 personas. Le ofrecieron inaugurar la sala. Parker no aceptó a pesar de que había un bono de 100 mil dólares. No podía dar ni un paso en falso. La elegida fue Barbra Streisand. Luego llegó Presley. Y la explosión.

Un mes después. 101.000 personas habían visto el colosal regreso de Elvis. En los años siguientes siguió cantando allí. Inicio la costumbre de las “residencias”. Fueron en total 636 funciones. En Las Vegas suelen vanagloriarse del dato que sigue: nunca, en ninguna función quedó alguna entrada sin función. Entradas agotadas en cada presentación.

Parker propuso que hicieran un espectáculo típico de Las Vegas, sin riesgo alguno. Hasta poco tiempo atrás era él quien tomaba las decisiones y Elvis acataba. Había tenido un alto nivel de aciertos en los primeros años. Un personaje enigmático y algo despótico, el Coronel Parker había manejado con pulso firme la carrera de Presley. Su habilidad de monetizar ocasiones que antes no generaban dinero era única. Su desparpajo y falta de escrúpulos también. Desarrolló a su manera un nuevo negocio. Pero en los últimos años, todo se había detenido. Ni su representante ni el artista encontraban el lugar en ese nuevo tiempo. Desde la revolución ocasionada por los Beatles no había podido encontrar su lugar. Los hits se habían espaciado hasta desaparecer, Presley ya no actuaba en vivo. Sólo quedaba el cine y el recurso se estaba agotando. Su público eran las chicas que ya habían crecido pero mantenían la nostalgia. Los jóvenes, lo que se llamaba la contracultura, detestaba a Presley. Su música era de plástico para ellos, sin riesgo, burocrática. Presley era parte del pasado.

Parker insistió en que debía haber bailarinas, luces de neón, y nada de osadía. Elvis se puso firme por primera vez en mucho tiempo. Si iba a poner el cuerpo, que al menos valiera la pena. Sabía que era una de sus últimas oportunidades. Tenía sólo 34 años pero ya parecía un veterano. Su banda tendría 6 integrantes. Le aconsejaron que contratara al guitarrista James Burton (la primera opción había sido Glenn Campbell pero su carrera solista había explotado en esos días) para comandarla. Consiguió su teléfono y lo llamó. Burton pensó que se trataba de una broma. Otro imitador de Elvis se dijo cuando escuchó las primera frases luego de atender. Pero el Rey en persona que le estaba ofreciendo el trabajo de su vida. La charla duró más de tres horas. El guitarrista quiso cortar en varias oportunidades pero Elvis seguía hablando como si no escuchara. Burton tenía una sesión de grabación a la que, naturalmente, faltó. Valió la pena: consiguió el mejor trabajo de su vida.

Además de esta banda de 6 músicos, Elvis estaba acompañado por una gran orquesta y dos grupos vocales. Uno masculino de Doo Wop y una de soul femenino comandado por Cissy Houston, la madre de Whitney.

(Shutterstock)
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Elvis no estaría vestido de cualquier manera. Su diseñador personal era Bill Belew. Se inspiró en el gusto (casi obsesión) de Elvis por el karate. Diseñó 7 trajes de dos piezas, de distintos colores, con lazos, abierto en el pecho, con el cuello levantado. Una nueva imagen, icónica, se establecería. Las primeras funciones las hizo con el traje azul oscuro, después pasaría al blanco.

Parker era un genio publicitario. Sabía, de manera innata, cómo generar interés, qué mostrar, que retacear a los medios. Este caso no fue la excepción. Jugaba a su favor la magnífico del escenario, una ciudad de ensueño, en un hotel gigante y moderno. Y en especial la abstinencia del público. Tenía un depósito repleto de carteles, pancartas, fotos, afiches, globos y demás elementos de publicidad y merchandising de Presley. Cada taxi de Las Vegas llevaba el anuncio de los conciertos. Publicó avisos en más de 100 diarios de todo el país. Quería -necesitaba- que todo el mundo supiera que Elvis Presley estaba de vuelta.

Pero hacía demasiado que Elvis no se presentaba en vivo. El cantante tenía ciertos temores. ¿Se acordarían de él? ¿Le interesaría a la gente su show? ¿Viajarían hasta Las Vegas o debía conformarse con el público que ya lo había rechazado 13 años antes? ¿Daría él la talla casi 10 años después de la última vez que se enfrentó al público? ¿Podría generar la misma magia que en los 50? Aunque parezca mentira, en ese momento ninguna de esas preguntas tenía una contundente respuesta afirmativa. La incertidumbre era enorme.

El 31 de julio de 1969 a las 8 de la noche Elvis volvió a un escenario. La actuación fue consagratoria. La sala estaba repleta de figuras del espectáculo y de periodista de todos los medios de Estados Unidos (que arribaron en un avión privado fletado por Parker). La crítica fue unánime. Desde los medios tradicionales como el New York Times hasta los más revolucionarios como o era en ese entonces la Rolling Stone. Había sorpresa y admiración. El repertorio osciló entre los clásicos de sus inicios, Ryhtm & Blues y algunos temas de reciente cosecha como alguno de Ray Charles o Yesterday. También brilló con In the Gheto y con un inédito de casi 7 minutos que puso de pie a toda la sala: Suspicious Mind.

Fueron 75 minutos. Una hora y cuarto que bastó para dejar una marca indeleble en la historia del espectáculo. A la maña siguiente el Coronel Parker firmó un contrato por 5 años con dos temporadas cada 12 meses. Esos le aseguraba un millón de dólares. Pero exigió y logró una cláusula especial. Si algún artista conseguía un contrato mejor en la ciudad, los ingresos de Elvis se acrecentarían hasta alcanzar esa cifra.

Elvis Presley "Suspicious Minds" en vivo en Las Vegas

Lo que mostró en esas actuaciones y en las del año siguiente fue su genio vocal y escénico. Concentrado, con ángel, en buena forma, con energía para disfrutar del escenario y del trato con el público. Pero no lo podría mantener por demasiada tiempo. Luego lo bizarro dominó la escena.

Estas presentaciones no sólo impulsaron a la trayectoria de Presley y le dieron una segunda vida en el momento en que parecía que ya no podría recuperar el rumbo. También modificaron la historia de Las Vegas como capital del espectáculo. A partir de la residencia de Elvis, otros artistas se animaron y los espectáculos cambiaron. Con Elvis se produjo un nuevo fenómeno. El público que estaba en Las Vegas iba a ver los shows que los casino ofrecían. La gente iba a jugar, a comer, a bailar y a casarse y como programa adicional disfrutaba de algún artista. A partir de estos recitales del 69, la gente fue a la ciudad a ver a un artista en particular y de paso disfrutar de las demás bondades y distracciones. Un nuevo paradigma.

Julio/agosto de 1969. Hotel Internacional de Las Vegas. Sobre el escenario, con esa vestimenta ajustada y estrafalaria, que a otro le hubiera quedado ridícula y en él relucía, con dominio del escenario, con la voz en gran estado, impecable físicamente, mientras despliega el conjuro de sus canciones para enloquecer a 2 mil personas dos veces por noche, Elvis Presley a sus 34 años vuelve a dominar el mundo.

Y parece invencible.

Pero sólo lo parece.

A partir de ese momento, llegará la caída. Primero en forma de caricatura de sí mismo, una máscara deformada de lo que fue. Luego, tan sólo 8 años después de esta cumbre artística, de este regreso triunfal, llegaría la muerte prematura, triste y previsible.

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