El Ministro de Salud de Guatemala, Joaquín Barnoya Pérez, afirmó que el brote de sarampión aún no ha terminado en el país centroamericano, aunque aclaró que la situación no constituye una epidemia.
El funcionario explicó que, tras alcanzar un pico máximo de 2.250 casos por semana, la transmisión acumula más de diez semanas de descenso consecutivo, situándose en la actualidad por debajo de los 200 casos semanales.
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No obstante, advirtió durante una conferencia de prensa para informar acciones de la Feria de Salud, sobre la presencia de zonas vulnerables donde persisten grupos susceptibles sin inmunizar.
Las autoridades sanitarias focalizaron sus intervenciones en los departamentos de Sololá, Chiquimula, Izabal y Quiché, donde se identificaron los mayores focos de riesgo.
Para contener la propagación del sarampión, el Ministerio de Salud desplegó jornadas intensivas de vacunación entre el 16 y el 24 de septiembre.
El ministro instó a la población a consultar la plataforma oficial saludjuntos.gt para verificar los puntos de inmunización disponibles y enfatizó que el estancamiento o la baja en los contagios no significa la finalización de la emergencia sanitaria.
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Hasta la fecha, el gobierno guatemalteco aplicó casi dos millones de dosis de vacunas y dispone de un inventario adicional de 1,3 millones de dosis, mientras coordina nuevas adquisiciones junto a la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Barnoya Pérez señaló que la baja cobertura de vacunación responde a la desatención acumulada en el sistema sanitario y a las interrupciones causadas por la pandemia de COVID-19, por lo que recalcó la importancia de completar los esquemas básicos mediante iniciativas comunitarias como la Feria de la Salud.
Fiebre alta, tos y erupciones cutáneas caracterizan el cuadro clínico del contagio
El sarampión es una enfermedad vírica altamente contagiosa que se transmite por vía aérea mediante gotas de saliva. Los primeros signos clínicos aparecen entre siete y 14 días después de la exposición al virus.
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El cuadro inicial se manifiesta con fiebre elevada, tos persistente, secreción nasal y enrojecimiento ocular con lagrimeo.
Durante la fase inicial, pueden formarse pequeñas manchas blancas con centro azulado en la mucosa interna de la boca, conocidas como manchas de Koplik.
Entre tres y cinco días después del inicio de las manifestaciones previas, brota una erupción cutánea característica compuesta por manchas rojas planas y levemente abultadas.
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La erupción comienza en el rostro y la parte superior del cuello, extendiéndose progresivamente hacia el tronco, los brazos y las extremidades inferiores.
Hidratación, descanso y aislamiento previenen complicaciones durante la recuperación en el hogar
Al no existir un tratamiento antiviral específico contra el sarampión, el manejo de los casos leves en el hogar se centra en el alivio sintomático y en el soporte general del paciente.
Resulta fundamental mantener un reposo absoluto y garantizar un abundante consumo de líquidos como agua o soluciones de rehidratación oral para evitar cuadros de deshidratación.
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Para controlar la fiebre y los dolores corporales, se pueden administrar medicamentos analgésicos o antitérmicos bajo indicación médica, evitando estrictamente la aspirina en niños.
Asimismo, es imprescindible mantener al paciente en aislamiento estricto durante al menos cuatro días a partir de la aparición del sarpullido para prevenir la transmisión del virus a otras personas. Se debe acudir de inmediato a un centro médico si el enfermo presenta dificultad respiratoria, somnolencia extrema o fiebre persistente.
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