La Procuraduría General de la Nación (PGN) de Guatemala compartió un comunicado de prensa anunciando una investigación formal este 17 de febrero de 2026 por adopciones irregulares que afectaron a miles de niños en dicho país.
El origen de esta decisión reside en los señalamientos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que recientemente alertó sobre la debilidad regulatoria y las redes de corrupción que posibilitaron miles de adopciones bajo procedimientos legales dudosos.
La proliferación de las llamadas “adopciones notariales”, gestionadas por abogados privados con escasa supervisión estatal, permitió la comisión de delitos como la falsificación de documentos, el robo de infantes y la ejecución de procesos sin el consentimiento pleno de las madres, muchas de ellas de comunidades indígenas y en condiciones de pobreza.
ONU informó que al menos 80 niños indígenas habrían sido víctimas de adopciones ilegales internacionales tras pasar por el Hogar Temporal Elisa Martínez en Guatemala, entre 1968 y 1996. Según los expertos, estos casos incluyeron fraude, falsificación de documentos, coacción y ausencia de consentimiento de los padres, además de beneficios económicos para intermediarios. Las madres aún no han recibido reconocimiento ni reparación.
De igual manera, la organización pidió investigar a funcionarios implicados, incluyendo a María Consuelo Porras Argueta, exdirectora del hogar y tutora legal de los niños en 1982.
Según los expertos, los niños quedaron bajo custodia institucional tras ser capturados y desaparecer de forma forzada, para luego ser involucrados en adopciones internacionales ilegales. Señalan que Porras asumió el rol de tutora legal de estos menores entre el 21 de enero y el 30 de agosto de 1982.
La estrategia de la PGN y desafíos para el proceso
El comunicado oficial de la PGN puntualizó que el objetivo es “determinar las acciones legales en contra de quien o quienes resulten responsables de los flagelos que se han denunciado”, en línea con su mandato constitucional.
La entidad remarcó que la nueva etapa busca dilucidar hechos que dejaron una huella profunda en el tejido social guatemalteco.
La investigación abordará tanto la responsabilidad penal como el derecho de las personas afectadas a conocer su identidad original. Expertos consultados por la ONU advirtieron que la antigüedad de los expedientes y la posible desaparición de registros configuran obstáculos para acceder a la verdad, lo que convierte a los bancos de datos genéticos y la cooperación internacional en elementos clave.
La denuncia marca una transición respecto a la actitud estatal de años anteriores, que había sido caracterizada por la inacción y la dilación. La presión internacional impulsó una revisión crítica de los hechos, obligando al Estado guatemalteco a dar un paso hacia la verdad y la reparación.
Los riesgos legales y las posiciones de la sociedad civil
El principal reto reside en la compleja interpretación de leyes antiguas y la prescripción de delitos, advirtió la procuraduría. Según los estándares internacionales, algunos delitos vinculados a la identidad y al tráfico de menores pueden considerarse imprescriptibles, lo que abre una ventana legal, pero también acelera demandas de actores sociales.
El anuncio fue recibido con cautela por organizaciones de derechos humanos y la sociedad civil. Exigen una investigación transparente y la máxima protección de los datos personales de las víctimas. Coinciden en que se trata solo del inicio de un proceso largo, condicionado por limitaciones jurídicas y técnicas, pero insisten en que el compromiso estatal será juzgado por el rigor con que se realicen las diligencias.
En su comunicado la PGN afirmó que “continuará efectuando las diligencias que resulten necesarias, conforme a sus atribuciones, en relación con los hechos señalados”.
Guatemala fue uno de los países de origen más destacados para adopciones internacionales entre 1997 y 2007.
Durante las décadas del conflicto armado interno y los años de posguerra, el sistema guatemalteco de adopciones funcionó sin un marco legal robusto. La falta de supervisión estatal y la modalidad extrajudicial habilitaron el crecimiento exponencial de las adopciones internacionales, convirtiendo al país en uno de los principales exportadores mundiales de niños para familias extranjeras señalan organizaciones.