En Estados Unidos, la polarización política hace tiempo que dejó de ser un fenómeno abstracto.
En abril pasado, en el parque para perros de Centerville Mills, en Bainbridge Township, Ohio, se materializó de la forma más literal posible: dos desconocidos sacaron sus armas y se dispararon mutuamente en el estacionamiento después de discutir sobre Donald Trump.
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Uno se fue en su auto con agujeros en la puerta del conductor. El otro terminó con una bala en la columna.
Emmanuel Mathews, de 80 años y retirado de la industria de distribución de carne, estaba en el parque con su corgi Frankie y un ejemplar de The Wall Street Journal con un titular sobre la guerra con Irán.
David Mattai, mecánico de montacargas de 55 años, había llegado esa tarde con Bob, su cavalier king charles spaniel.
Ninguno de los dos fue a buscar problemas. Sin embargo, ambos se fueron con consecuencias que cambiarán el resto de sus vidas, tal y como reconstruyó The New York Times a partir de entrevistas, registros policiales y grabaciones de cámaras corporales.
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Cómo empezó todo
El único testigo presencial fue Jamie Jedlinsky, de 70 años, quien al llegar al parque con su perra Willow hizo un comentario sobre ese titular ante Mathews. El anciano discrepó y expresó su apoyo al presidente. Mattai, que escuchaba desde una mesa cercana, intervino.
“Trump es el peor presidente de la historia”, le dijo Mattai a Mathews. Mathews respondió que era el mejor.
Lo que siguió fue una escalada de gritos que Jedlinsky describió al diario como “dos hombres furiosos consigo mismos, furiosos con el mundo, que encontraron al adversario perfecto”.
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Ante la insistencia de Jedlinsky, Mattai dejó de discutir y llevó a su perro al auto. Comenzó a salir del estacionamiento, pero Bob no quería irse. Mattai dio la vuelta y regresó al parque.
Lo que pasó en el estacionamiento
Una vez dentro, le exigió a Mathews que fuera él quien se retirara. El anciano avanzó hacia su Cadillac, pero al cruzar el portón se detuvo y le preguntó a Mattai si su madre lo había “dejado caer de la cabeza”
Mattai respondió: lo aferró por el cabello a través de una reja. Jedlinsky los separó y les ordenó a ambos que se fueran.
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Mientras los tres llevaban sus perros a los autos, Jedlinsky escuchó a Mattai decir: “¿Vos tenés uno? Yo también tengo”. Segundos después, sonaron disparos.
Mathews sacó una pistola calibre .45 de su Cadillac y disparó primero. Al intentar un segundo disparo, el arma falló. Mattai respondió con su pistola de 9 milímetros y efectuó al menos cuatro disparos, que perforaron la puerta y el asiento del conductor cuando el anciano huía. Las balas lo rozaron por centímetros.
Uno de los disparos entró por la zona lumbar de Mattai y salió por el abdomen. Cuando llegó el primer oficial de policía, encontró a Mattai tendido sobre el asfalto. Su perro esperaba en el asiento delantero del Hyundai, ileso.
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La versión de Mathews ante la policía
Mathews no llegó a la comisaría por sus propios medios. A pocos minutos de la escena, interceptó a un patrullero que ya acudía al llamado y le dijo: “¿Vas al tiroteo? Fui parte de él”. Esto quedó registrado en la cámara corporal del oficial.
En el asiento trasero del patrullero, con lágrimas y un pequeño corte en la mejilla, Mathews le explicó su versión. “Dije ‘siento que mi vida está en peligro’. Lo dije porque sé que eso es lo que hay que decir”, declaró, tal y como consta en el video. Afirmó que Mattai había rodeado el vehículo con una pistola en la mano antes de que él abriera fuego.
También sostuvo que Mattai lo había golpeado con la cabeza antes del tiroteo, algo que Mattai negó. “Si lo hubiera golpeado con la cabeza, no se habría ido manejando”, afirmó Mattai en declaraciones al diario.
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Durante la estadía en comisaría, Mathews preguntó cuatro veces por el estado de su perro Frankie. No preguntó por el hombre al que había baleado.
El estado de Mattai y lo que confesó después
En el hospital, los médicos advirtieron a la esposa de Mattai, Sally, que la cirugía de emergencia podía no ser suficiente.
Mattai sobrevivió, pero la bala le destrozó los intestinos y le fracturó la columna. Necesitó una segunda intervención al día siguiente y meses de rehabilitación.
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Mattai reconoció haber consumido alcohol ese día. También admitió haber exagerado durante años la duración de su servicio en los Marines: les dijo a varios interlocutores que había servido una década, pero el cuerpo confirmó que fue menos de un año. “Es como la fachada que construí para el mundo”, confesó.
Dos semanas después del tiroteo, Mattai fue dado de alta. Al llegar a su casa, tiró todas sus calcomanías políticas a la basura. También volcó su vodka por el desagüe.
Los cargos penales y el estado judicial del caso
Mathews fue imputado por agresión dolosa, un delito de segundo grado en Ohio que puede implicar entre tres y ocho años de cárcel.
Quedó en libertad tras pagar una fianza de USD 50.000 y porta un monitor GPS en el tobillo. Su juicio está previsto para febrero de 2027.
Su abogado, Ian Friedman, anticipó que la defensa alegará legítima defensa bajo la ley de stand your ground aprobada por la legislatura republicana de Ohio en 2020, que exime del deber de intentar huir antes de usar fuerza letal ante una amenaza grave.
“Este caso nunca tuvo que ver con la política ni con ninguna otra motivación”, aseguró Friedman al diario, “salvo que Mathews se enfrentó a una situación de vida o muerte y actuó para salvar su vida”.
El fiscal local se excusó del caso porque su madre convive con Mathews, y derivó la causa a la Fiscalía General de Ohio. Esa oficina, a su vez, no recibió solicitud de evaluar cargos contra Mattai.
Cuatro meses después del tiroteo, sin embargo, un fiscal de otro condado imputó a Mattai por agresión leve y conducta desordenada, con base en esa misma denuncia.
Mattai enfrenta hasta seis meses de prisión y dijo estar dispuesto a declararse culpable o a no disputar los cargos si eso le permite evitar la cárcel.
Camina con dificultad desde entonces y no pudo retomar su trabajo como mecánico de montacargas. Jedlinsky, por su parte, se mantuvo alejado del parque durante un largo tiempo y afirmó que no recuerda haber visto el cabezazo ni planea tomar partido en el proceso judicial.
“Este país está muy dividido”, dijo Jedlinsky a The New York Times. “Hay que elegir un bando y odiar al otro”. Al final, llegó a una conclusión: después de todo lo ocurrido, ninguno de los dos hombres cambió de opinión.
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