En noviembre de 2012, Gladys Machado, de 29 años, y sus hijas Julia y Daniela Padrino, de 6 y 3 años, fueron halladas muertas dentro de un armario en una vivienda del barrio de Flagami, en Miami.
El hombre que las mató era el esposo de Machado: Alberto Sierra. Casi 14 años después, un jurado de Miami-Dade escucha los detalles del crimen para decidir si Sierra muere en el corredor de la muerte o pasa el resto de su vida en prisión.
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Este lunes, el tribunal reprodujo la grabación en que Sierra le confesó el triple homicidio al detective Juan Chaidez, del Departamento del Sheriff de Miami-Dade. La declaración, registrada el 19 de noviembre de 2012, duró 40 minutos.
Varios miembros del jurado cerraron los ojos y sacudieron la cabeza mientras la escuchaban. Sierra, sentado en la sala, miraba hacia la mesa.
Sierra ya se declaró culpable en agosto de 2026 de tres cargos de asesinato en primer grado, tres de secuestro, dos de ultraje a cadáver y uno de allanamiento con arma.
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La jueza de circuito Marisa Tinkler Mendez preside el proceso, que no debate su culpabilidad sino su condena.
Los hechos del 10 de noviembre de 2012
Lo que empezó como una salida de compras en el Mall of the Americas para adquirir un regalo a Daniela Padrino, que estaba a días de cumplir cuatro años, terminó con tres muertes.
Sierra estaba separado de Machado, pero ese día salió con ella y con las niñas al centro comercial. Después fueron a comer helado.
Durante el regreso en el automóvil, Machado rechazó dos llamadas de un nuevo interés amoroso. Sierra se enfureció. Afirmó ante los detectives que Machado lo estaba “engañando”, pese a que ambos ya no eran pareja.
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Los fiscales señalaron que Sierra sacó un cuchillo dentro del vehículo. Las niñas intentaron defender a su madre. Sierra las golpeó con el codo para controlarlas en el asiento trasero. Julia y Daniela, de acuerdo con el propio Sierra, repetían: “Papi, no, papi, no”.
Al llegar a la vivienda de Flagami que alguna vez compartieron como familia, Sierra le ató las manos a Machado con una cuerda de nailon y le exigió el código de su teléfono. Cuando ella se negó, la amenazó con el cuchillo. Finalmente, Machado cedió.
Lo que ocurrió dentro de la vivienda
Con Machado sobre una cama, Sierra le apoyó una pierna en el pecho para inmovilizarla y le colocó sobre el rostro una bolsa plástica amarilla del supermercado Sedano’s. Ella forcejeó. Sierra giró la cabeza para no ver la escena.
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Según la declaración reproducida por el Miami Herald, Sierra dijo que estaba “devastado” y que lloraba, pero una hora después del ataque decidió quitarle la ropa a Machado, le cortó la camisa y el sostén con unas tijeras y la agredió sexualmente.
Poco después, Julia tocó la puerta para pedir ir al baño. Al ver a su madre, comenzó a gritar. Sierra la colocó boca abajo sobre el colchón y utilizó la misma bolsa plástica para asfixiarla.
Usó el peso de su cuerpo para sujetarla y sus rodillas para inmovilizarle los brazos. Luego agredió sexualmente el cuerpo de la niña.
Después fue al cuarto donde dormía Daniela. Se acercó por detrás y cubrió la cabeza de la pequeña con la bolsa.
“Danielita”, la llamó Sierra en la grabación, forcejeó, pero mucho menos que su madre y su hermana. Sierra la tomó por las axilas y la llevó al armario.
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Los tres cuerpos fueron encontrados el 13 de noviembre de 2012, tres días después de los asesinatos.
Cómo los investigadores llegaron a Sierra
Chaidez explicó al jurado cómo reconstruyó el caso. El detective interrogó a Sierra por primera vez el 14 de noviembre de 2012, le tomó muestras de ADN y lo dejó en libertad.
En ese primer encuentro, Sierra no mostró ninguna emoción al hablar de las niñas muertas, tal como el detective confirmó ante los fiscales: “Para nada”, respondió cuando le preguntaron si el acusado había llorado o se había alterado.
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Los resultados del análisis genético fueron determinantes. El ADN de Sierra apareció en el pecho de Machado, en las manos, los pantalones y la ropa interior de Julia, y en las manos de Daniela.
Cuando Chaidez lo confrontó con esa información en un segundo interrogatorio, el lenguaje corporal de Sierra cambió de inmediato: bajó la cabeza, comenzó a temblar y le dijo al detective que estaba dispuesto a relatar lo que había ocurrido.
Es el audio que el jurado escuchó este lunes. El primer interrogatorio no quedó registrado en video, conforme a las políticas del Departamento en vigencia en aquel momento.
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Antes de ser trasladado a prisión, Sierra le dijo a Chaidez: “Le di mi vida y ella se cagó en ella”, según relató el propio detective ante el tribunal.
La semana previa, la patóloga forense Emma Lew había declarado que las personas sometidas a asfixia están conscientes de lo que les espera y que el proceso puede tardar varios minutos.
La fiscal Abbe Rifkin lo describió en sala como una “muerte lenta”. El jurado continúa con la deliberación del caso, en el que Sierra enfrenta una posible condena a muerte.
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