
Ya sea por trabajo o por ocio, los vuelos de larga duración son, quizá, una de las cosas que más fatiga causa en un viaje. Ante esto, son muchos los viajeros que llevan a cabo diferentes procesos en los que matar el tiempo y pasar el vuelo de la forma más amena y agradable posible.
Sin embargo, existen otros factores que hacen que volar no sea la experiencia más cómoda, pues en ocasiones el espacio del asiento no es el suficiente o puede que se coincida con algún pasajero molesto. Pero esto no es todo, pues algo que es inevitable son los diferentes impactos que este tipo de travesías provocan de forma directa en nuestro cuerpo como consecuencia de las alturas. De hecho, el portal de la Clínica Cleveland ha enumerado los efectos que ocurren en el cuerpo cuando haces un viaje largo en avión.
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Aumenta tu nivel de estrés
El estrés antes de subir al avión es una de las situaciones que más se experimentan, pues se viven numerosas situaciones que pueden llevar la paciencia del viajero al extremo. Ante esto, la clínica aconseja planificar con anticipación tanto como sea posible para minimizar el estrés. “Guarde todos los medicamentos que lleve en un bolso de mano, en lugar de en su equipaje facturado, para que no se pierdan. Avise a la aerolínea cuando reserve su billete si tiene diabetes u otra afección que justifique una comida y/o refrigerio especial”, detalla.
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Te deshidratas

El cuerpo sufre un proceso de deshidratación debido a que “las cabinas de los aviones tienen niveles de humedad muy bajos porque alrededor del 50% del aire que circula en la cabina proviene del exterior y, en altitudes elevadas, el aire está casi completamente desprovisto de humedad. Esto podría causar que su garganta, nariz y piel se sientan secas”, explican. Una de las formas de solucionar esto es simplemente llevar una botella de agua vacía que se pueda rellenar antes de subir al avión.
Una mayor fatiga
La presión del aire en altitudes elevadas tiene un impacto directo sobre el cuerpo humano, reduciendo la cantidad de oxígeno que este es capaz de absorber. Las compañías aéreas contrarrestan esta situación mediante la presurización de las cabinas de sus aviones, aunque la presión alcanzada no se equipara a la del nivel del mar. Esta medida no evita por completo que los pasajeros experimenten una menor oxigenación durante el vuelo, lo que puede traducirse en fatiga o dificultad para respirar.
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A este escenario se le suman otros factores que pueden comprometer el bienestar de los viajeros, como la deshidratación y el permanecer sentado durante periodos prolongados, así como el jet lag en caso de cruzar distintas zonas horarias, todos ellos contribuyendo a una experiencia menos confortable.
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Los oídos se taponan y el vientre se hincha
Durante el despegue y el aterrizaje de un vuelo, los viajeros pueden experimentar cambios rápidos en la presión exterior, lo que afecta la presión del aire dentro de los oídos internos. Este ajuste en la presión del aire es crucial para mantener el equilibrio, ya que la ecualización ayuda a aliviar la tensión que se ejerce sobre el tejido del oído medio y las trompas de Eustaquio. Es este proceso el que a menudo resulta en el chasquido o “pop” que muchas personas sienten en sus oídos en estos momentos.
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Además, este fenómeno de ajuste de presión no solo interviene en la comodidad auditiva, sino que también juega un papel en el bienestar general del pasajero. El desequilibrio causado puede llevar a episodios de mareo, producto de señales contradictorias enviadas al cerebro. Estas señales provienen del oído interno, encargado de registrar el movimiento y la posición, pero también de la vista, los receptores cutáneos y los sensores de músculos y articulaciones, todos contribuyendo a la percepción del cuerpo en el espacio.
Este conjunto de sensaciones contradictorias es lo que finalmente puede desencadenar la sensación de mareo durante el vuelo. Igualmente, esos cambios de presión “en el avión hacen que el gas dentro del estómago y los intestinos se expanda, por lo que es posible que te sientas hinchado”, detallan desde la web de la clínica.
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