
Mientras presidía el largo juicio del caso EKIN en 2007, Ángela Murillo combinó la gestión del proceso judicial, que implicó la condena de 47 acusados por su vinculación con ETA, con una situación personal particularmente compleja, debido a la enfermedad y posterior fallecimiento de su pareja. En esos meses, la magistrada mantenía su trabajo durante el día y luego acudía al hospital por las noches. Según detalló El País, este episodio ilustra la dedicación de la primera mujer en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, quien falleció a los 73 años tras una carrera judicial de 44 años, y 33 de ellos en este tribunal.
De acuerdo con la información publicada por El País, Murillo ingresó a la carrera judicial en septiembre de 1980 y alcanzó varios hitos a lo largo de su vida profesional. Nacida en Almendralejo (Badajoz), su primer destino como juez de instrucción fue en Lora del Río (Sevilla). En ese entonces solo tenía 25 años, y la presencia femenina en la judicatura era todavía inusual, una situación que se evidenció cuando un visitante la confundió con la nieta del antiguo magistrado. Posteriormente, pasó por destinos en Vélez Málaga, Onteniente (Valencia) y San Sebastián. En 1986, logró una plaza en la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Madrid, donde rápidamente fue designada presidenta de la Sección Quinta.
El País recordó que fue en mayo de 1993 cuando Murillo accedió a la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Fue la primera magistrada que tomó posesión como juez de este tribunal, ya que aunque Manuela Fernández de Prado fue nombrada en el mismo concurso, asumió el cargo después. Murillo también se convirtió en la primera mujer que presidió una sección en la Sala de lo Penal, la Sección Cuarta, compuesta por mayoría femenina.
Su trayectoria en la Audiencia Nacional estuvo marcada por la participación en causas de gran alcance mediático. Tal como consignó El País, fue la encargada de la ponencia del caso Nécora, uno de los grandes procesos contra el narcotráfico español. Intervino como ponente en otros sumarios emblemáticos, como la Operación Temple y el caso de los Charlines, ambos también relacionados con el combate contra las redes de tráfico de drogas. Además, llevó causas vinculadas con Al Qaeda y ETA.
El medio relató anécdotas relativas a su meticulosidad. Constituía una costumbre personal elaborar todos sus apuntes a mano, repasar los extensos sumarios personalmente en su casa, y confeccionar un esquema de los procesados a modo de "quién es quién" antes de las vistas orales. En el juicio sobre Al Qaeda y durante el caso EKIN, donde se juzgó a 56 personas, volcaba su dedicación de modo que renunciaba a su vida privada mientras los procesos seguían activos.
Quienes colaboraban con ella mencionaron a El País que Murillo solo se preocupaba por la solidez de sus sentencias y no por el tratamiento mediático de los casos. Entre las historias recogidas por el medio, destaca el episodio con Laureano Oubiña, reconocido por su implicación en el narcotráfico. Murillo absolvió a Oubiña en la primera acusación por narcotráfico, al estimar la presunción de inocencia, y relataba que el propio Oubiña le repetía: "Doña Ángela, yo hachís sí, pero cocaína nunca". Cuando años después Oubiña fue procesado de nuevo, ella le recordó en plena vista sus propias palabras. En otra ocasión, ante la negativa de Oubiña a comparecer ante el tribunal, Murillo bajó al calabozo para convencerlo de participar en el juicio.
Según publicó El País, la magistrada nunca adoptó un perfil político y prefería definirse como una "juez de a pie". Rechazó postular a la presidencia de la Sala de lo Penal pese a permitirle conservar la actividad jurisdiccional, debido a su escaso interés por las funciones sociales y representativas asociadas al cargo.
Uno de los episodios más conocidos de su carrera judicial ocurrió en 2010, cuando el Tribunal Supremo la apartó del juicio oral a Arnaldo Otegi, ex portavoz de Batasuna. El Supremo consideró que Murillo había mostrado una falta de imparcialidad al realizar un comentario al procesado después de preguntarle si condenaba a ETA y al señalar que ya sabía que no respondería. Debido a esto, la vista oral debió repetirse y Otegi fue finalmente absuelto. Más adelante, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos falló que en la sentencia condenatoria de la Audiencia Nacional contra Otegi y otros acusados del caso Bateragune se vulneró el derecho a un "tribunal imparcial", recogido en el artículo 6.1 del Convenio Europeo. Aunque la corte europea no halló evidencia de animadversión personal, sí reconoció "dudas justificadas" sobre la imparcialidad, en parte debido a la presencia de Murillo en el tribunal encargado del caso.
El recorrido profesional de Murillo en la Audiencia Nacional reflejó los cambios de las últimas décadas en las causas tratadas por este órgano. El País puntualizó que, tras los años con numerosos procesos sobre terrorismo de ETA y narcotráfico gallego, los tribunales asumieron crecientes responsabilidades en materia de delitos económicos y corrupción política, con casos como Gescartera, Ausbanc, la salida a Bolsa de Bankia y el caso Villarejo entre los juicios que presidió.
El País también narró algunos detalles de su método de trabajo durante la redacción de sentencias en casos voluminosos. Algún funcionario relató que la encontró revisando documentos incautados dentro de una caja de cartón para sustentar un fallo. Compañeros afirmaban que Murillo afrontaba los procesos sin buscar notoriedad pública ni manejar una agenda política, rigiéndose únicamente por criterios profesionales.
Murillo se jubiló en septiembre de 2024, después de 44 años de servicio, periodo durante el cual marcó pauta en la historia de la judicatura española por ser la primera mujer con diferentes responsabilidades y por su participación en casos de especial repercusión social y mediática.


