El pasado y el presente se enfrentan en 'La chimera', cine y poesía con toques fellinianos

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Alicia García de Francisco

Madrid, 19 abr (EFE).- El cine de la italiana Alice Rohrwacher se ha comparado a menudo con el de Federico Fellini y en su nuevo trabajo, 'La quimera', que se estrena este viernes, reconoce que hay referencias directas a 'Roma' (1972) y a ese mundo de personajes extraños que se convirtió en el sello de identidad del maestro.

"En 'Roma' el mundo antiguo se desvela por las obras del metro, un encuentro entre un mundo muy contemporénao y uno antiguo, pero lo que más me interesa de Fellini es que es un maestro del contexto, consigue contar las historias centrándose en un coro de personajes que giran en torno a esa historia", explica Rohrwacher a un reducido grupo de medios, entre ellos EFE.

Y eso es lo que la cineasta ha hecho en 'La quimera', donde utiliza a un puñado de personajes surrealistas para narrar de forma poética ese enfrentamiento entre el pasado y el presente a través de una historia sobre los 'tombaroli', ladrones de tumbas etruscas que surgieron en Italia tras la Segunda Guerra Mundial.

Una película protagonizada por Josh O'Connor ('The Crown'), pese a que originalmente la idea era que el personaje principal estuviera en el ocaso de su vida y el actor británico tiene 33 años.

"Cuando conocí a Josh vi en él algo profundo cercano al personaje pero también el encanto de la juventud y decidí reescribir no todo el guion pero sí dar una nueva energía a este personaje y cambiarlo en función de su juventud", recordó la directora de títulos como 'Lazzaro feliz' (2018) o 'El país de las maravillas' (2014).

O'Connor interpreta a Arthur, un británico que es miembro de una banda de 'tombaroli' en los años ochenta en la costa del mar Tirreno, al norte de Roma.

Arthur malvive en una especie de chabola y es el protegido de la extrafalaria Flora (Isabella Rossellini), que vive en un palacio que se cae a pedazos junto a su criada Italia (la brasileña Carol Duarte). Pero él solo piensa en su novia fallecida, Beniamina, que aparece en sus sueños ligada a un hilo rojo enterrado en la tierra.

Y aunque Arthur es el protagonista, el resto de los personajes también tienen un peso importante en la historia, como el de Italia, cuyo nombre ya es una decisión muy pensada por la directora, que ridiculiza el racismo presente en su país al ponerle ese nombre a una inmigrante.

"También es un recordatorio del hecho de que los italianos migramos mucho en el pasado. Fuimos nosotros los que salimos del país y aterrizamos en otro lugar y ahora muchas personas están llegando a la costa de nuestro país. Y cuando escuchamos un nombre, siempre tenemos que pensar en las personas que lo eligieron y que tal vez fueron sus padres porque soñaban con ir a Italia", señaló.

Un nombres que es uno de los numerosos símbolos de una película que es grave a la vez que ligera porque ha introducido toques de humor al estilo de los filmes cómicos, acelerando la velocidad de algunas secuencias.

"Elegí un tema que es bastante profundo, que tiene que ver con la muerte y el más allá y busqué el tono adecuado para poder contarlo, que fuera grave y ligero a la vez, una mezcla de tragedia y comedia. Arthur es como un héroe cómico trágico en cierto modo y por eso muchas secuencias están filmadas al estilo de policías y ladrones".

Así, redujeron el número habitual de 24 fotogramas por minuto para crear el efecto de aceleración, lo que aporta esa comicidad dentro de una historia dramática que buscaba la cineasta.

Porque si hay algo que le guste a Rohrwacher es jugar con el lenguaje fílmico. "Creo que la razón es que nosotras experimentamos muchos límites cuando éramos niñas -apunta sobre su niñez junto a su hermana Alba, actriz y que tiene un pequeño papel en el filme- porque vivíamos en un lugar muy aislado con poca o ninguna conexión con el mundo exterior".

Así que trataban de salir de ese aislamiento con la imaginación a partir de las historias que les contaban, como las de los 'tombaroli'. "¿Por qué estas personas se sentía con derecho para robar un objeto sagrado?. Al pensar en ello, lo más aterrador para mí es que cuando haces algo así ya no crees en que sea un objeto sagrado y, por tanto, todo es posible". EFE

agf/oli

(Fotos cedidas)