Palma, 19 abr (EFE).- El tabaco es, tras el alcohol, la segunda sustancia psicoactiva más consumida en España, una sustancia que han consumido un 33,1 % de la población de entre 15 y 64 años. Se trata de una cifra ya de por sí alta que se multiplica en el caso de los pacientes con trastorno mental grave.
"Sabemos que el riesgo en este grupo de población es de entre dos y tres veces el de la población general. Por lo tanto, en nuestro entorno, como poco más de dos tercios de los pacientes con trastorno mental grave fuma", ha explicado Carlos Parro, psiquiatra del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, durante su intervención en el 26º Congreso de la Sociedad Española de Patología Dual que acoge esta semana Palma.
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La estrecha relación entre trastorno por el uso de tabaco y otros trastornos mentales, según este experto, se debe a la existencia de factores comunes neurobiológicos y sociales que conducen tanto al desarrollo del trastorno adictivo como a sufrir otros trastornos mentales.
"Muchos pacientes probablemente encuentran en el consumo de tabaco una mejoría temporal de algunos de sus síntomas, lo que les hace desarrollar una adicción más grave que las personas sin otros trastornos mentales, y esto hace que el tratamiento sea más complejo y que los porcentajes de recuperación sean más bajos", ha precisado el psiquiatra.
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Durante su intervención en el también 8º Congreso Mundial de la World Association of Dual Disorders (WADD), que reúne estos días en Mallorca a más de 2.000 expertos internacionales vinculados al ámbito de la salud mental, Parro ha lamentado que, pese a toda esta evidencia, el trastorno por uso de tabaco siga siendo "el gran olvidado" entre los pacientes con trastornos mentales.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaco es la primera causa evitable de enfermedad, invalidez y muerte prematura en el mundo y su consumo se relaciona con el desarrollo de numerosas enfermedades, entre ellas la bronquitis crónica, el enfisema pulmonar y la hipertensión arterial.
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"Sabemos que los pacientes tienen mucho interés por dejar de fumar, por lo que debemos darles la oportunidad y apoyarles con todos los recursos que tenemos. Al final, conseguir que nuestros pacientes dejen de fumar es probablemente la intervención más efectiva para alargar la vida de las personas con trastornos mentales graves", en palabras del doctor Parro.
El también miembro de la Sociedad Española de Patología Dual, no obstante, ha reconocido que existe un porcentaje muy importante de las personas que sufren trastornos mentales graves que van a fracasar en sus intentos de dejar de fumar o que nunca se van a ver motivados para hacerlo.
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En estos casos, ha dicho que cualquier alternativa que disminuya significativamente el riesgo de complicaciones para la salud derivadas del consumo de tabaco está justificada. EFE
cri/aam
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