Las claves de las elecciones vascas

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Mikel Folgueira

Bilbao, 18 abr (EFE).- Las votaciones del próximo domingo despejarán las principales incógnitas de la campaña para las elecciones autonómicas vascas. Estas son algunas de sus principales claves.

El PNV ha ganado en votos las 12 elecciones vascas celebradas, aunque en 1986 el PSE logró más escaños, y ahora las encuestas pronostican prácticamente un empate con EH Bildu o una victoria de la coalición abertzale.

La coalición abertzale continúa con su ascenso electoral desde que acabó ETA y optó por hacer política en las instituciones con una estrategia más moderada y de izquierdas, que en las municipales y las generales ya le situó a la par del PNV.

Las encuestas apuntan a una abstención del entorno del 40 por ciento (desde 2005 siempre ha estado por encima del 32 %), y un elevado número de indecisos (20 %), que se cree que puede beneficiar a EH Bildu por tener el electorado más activado y leal, mientras que el PNV tiene más votantes “flotantes” que puedan quedarse en la abstención o ir a otras formaciones.

Álava es el territorio clave para todos los partidos, unos para ganar y otros para conseguir representación, por la igualdad que hay entre todos ellos y por tener el escaño más barato en votos, al repartir los mismos 25 parlamentarios con un censo de 260.000 electores.

La campaña electoral ha sido totalmente plana y anodina, propositiva y sin ataques entre los partidos y los candidatos por miedo a movilizar al electorado del rival, todo lo contrario a la alta tensión de la política nacional.

A diferencia de anteriores contiendas electorales, apenas se ha hablado de ETA en esta campaña hasta que, casi al final, el candidato de EH Bildu, Pello Otxandiano, haya eludido llamarla "terrorista", aunque causó más revuelo en el resto de España que en Euskadi.

La campaña electoral se ha visto afectada por cuestiones ajenas como la victoria del Athletic en la Copa y la posterior gabarra, la muerte del lehendakari Ardanza y la agresión con espray de gas al candidato del PNV, Imanol Pradales, mientras que el adelanto electoral en Cataluña y la "bronca" en la política nacional no han tenido incidencia.

En Euskadi nunca ha habido una mayoría absoluta y las coaliciones forman parte de la política diaria. En principio PNV y PSE-EE optarán por reeditar su acuerdo si los números lo permiten, mientras que Bildu ha desechado el tripartito de izquierdas, que solo defienden Podemos y Sumar, y pide usar la fórmula navarra para que gobierne el partido “progresista” (incluido el PNV) más votado con apoyos con el resto.

El PP aspira a que la aritmética parlamentaria le permita condicionar a un gobierno PNV-PSE.

Lo único seguro de estas elecciones es que habrá un nuevo lehendakari; el sexto de la democracia tras Garaikoetxea, Ardanza, Ibarrete, López y Urkullu; y que volverá a ser hombre.

Los partidos han procedido a una relevo generacional con candidatos de unos 40 años como Imanol Pradales (PNV), Pello Otxandiano (EH Bildu), Eneko Andueza (PSE-EE) y Alba García (Sumar) o algo más mayores como Javier de Andrés (PP), Amaia Martínez (VOX) o Miren Gorrotxategi (Podemos), las únicas que repiten.

Además esa renovación se extiende también a las listas al Parlamento en el caso de PNV, Bildu y PSE-EE.

Tras el 21 de abril dejará la política vasca toda una generación, la última que hizo política con el terrorismo de ETA. En el PNV se van Iñigo Urkullu, Joseba Egibar, Josu Erkoreka, José Antonio Suso, Pedro Azpiazu e Iñigo Iturrate; en el PSE-EE lo dejan Idoia Mendia, Iñaki Arriola, José Antonio Pastor, Txarli Prieto y Gloria Sánchez y en el PP los que se irán son Carlos Iturgaiz y Carmelo Barrio.

El Partido Popular aspira a concentrar todo el centroderecha estatal en Euskadi, como siempre ha hecho hasta que Pablo Casado “regaló” 2 parlamentarios a Ciudadanos (tenía más parlamentarios que concejales) al negociar la coalición en 2020 -lo que motivó la dimisión de Alfonso Alonso a dos meses de las elecciones- y Vox consiguió un escaño por Álava, que en 2024 está en riesgo de no mantener.

Otra de las grandes incertidumbres es si Elkarrekin Podemos y/o Sumar conseguirán representación en el Parlamento vasco y cuál de las dos coaliciones liderará o se quedará con ese espacio político en declive.

En los años 90 en Euskadi se teorizaba que cuando desapareciera ETA se produciría una simplificación del mapa político vasco, siempre muy poblado (era habitual 7 partidos con representación en el Parlamento), quedando cuatro partidos, uno de izquierda y otro de derecha tanto en el campo nacionalista como en el estatal, que serían la izquierda abertzale, el PNV, los socialistas y los populares, respectivamente.

Esas cuatro "familias políticas" siempre han sido las más importantes en Euskadi, pero también había un "quinto" espacio en la izquierda, que condenaba el terrorismo y defendía la atuodeterminación, que creó Euskadiko Ezkerra hasta su integración en el PSE y después Ezker Batua-IU, que fue reduciéndose hasta la irrupción de Podemos en 2016.

Además, los cuatro partidos han tenido que convivir también con una escisión del PNV que se tiñó de socialdemócrata (Eusko Alkartasuna, ahora en Bildu), una escisión de Batasuna que rechazaba el terrorismo de ETA (Aralar, disuelta luego en Bildu), una escisión alavesa del PP (Unidad Alavesa, ya desaparecida) o una escisión del PSE-EE con perfil antinacionalista (UPyD). EFE

maf/jmv-lss

(Recursos de archivo en www.lafototeca.com cód 21961394)