Concha Velasco, una vida entregada a su pasión teatral

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Carmen Martín

Madrid, 2 dic (EFE).- El amor por el teatro de Concha Velasco era tan grande que la llevó a trabajar hasta los 82 años. Pasión y también obligación para saldar sus deudas, porque estaba orgullosa del musical "Hello, Dolly!" (2001), un espectáculo del que en 2020, aseguraba a EFE, "todavía" estaba "pagando los focos".

Se despidió del público con "La habitación de María", una obra escrita por su hijo, Manuel. "Estoy verdaderamente emocionada y quiero dar las gracias por esta despedida tan bonita", decía la actriz mientras era ovacionada por el público que abarrotaba el teatro Bretón de los Herreros (Logroño) para ver su última actuación, en septiembre de 2021.

"Leed y conduciréis, no leáis y seréis conducidos" con estas palabras, parafraseando a uno de sus personajes míticos, Santa Teresa de Jesús, Concha Velasco puso fin a seis décadas sobre los escenarios entre ovaciones y aplausos.

Se subió por primera vez a un escenario para hacer revista y mostrar sus dotes como bailarina a finales de los años 50. Se llamaba Conchita Velasco y tardó muchos años en pasar a ser Concha Velasco.

En 1960, en el programa de teatro "Estudio 1" de TVE, dejó su impronta en obras como "La dama del alba", "La alondra", "Don Juan Tenorio", "Una muchachita de Valladolid" o "Las brujas de Salem".

Luego continuó su carrera teatral en numerosas comedias, cuando ya era "La chica ye ye" -por la canción que interpretó en la película "Historias de la televisión"- antes de profundizar en otros géneros y compartir escenario, en los 70 y 80, con los grandes del momento, como María Luisa Ponte, Mary Carrillo, José Sacristán o Adolfo Marsillach, con quien interpretó "Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?".

Con la obra de Eduardo Filippo "Filomena Marturano" tuvo en 1979 un éxito arrollador acompañada por José Sazatornil 'Saza', una pieza adaptada al cine por Vittorio de Sica, con Sophia Loren y Marcello Mastroianni, "Matrimonio a la italiana".

Llegó a tener compañía propia y colaboró muchas veces con el que fue su marido entre 1977 y 2005, el productor Paco Marsó.

En 1986 decidió iniciar otro proyecto teatral que aumentó más su popularidad, el musical "Mamá, quiero ser artista" en el que contaba su deseo de ser actriz desde que era una niña y en el que la dirección musical estuvo a cargo de Augusto Algueró.

En la siguiente década su carrera teatral se enfocó a títulos más dramáticos, como "La rosa tatuada", "Carmen, Carmen" o el musical "Concha, yo lo que quiero es bailar".

En 1999 Antonio Gala escribió para ella "Las manzanas del viernes", un gran éxito que repetiría con otra obra del dramaturgo, "Inés desabrochada", en 2003, junto a Nati Mistral y Paco Valladares. Y entre 2009 y 2011 representó "La vida por delante", de Jospe María Pou.

Justamente con Pou y Maribel Verdú protagonizó "Hélade", en la que fue su primera participación en el Festival de Mérida, en el que repetiría un año más tarde con "Hécuba", "la tragedia de las tragedias", con la que luego estuvo de gira hasta que su dolor pudo más que su miedo a ir al médico.

"Estoy tan orgullosa de 'Hécuba'... Es un papel que en España no había hecho ninguna actriz. No siquiera Nuria Espert o la Xirgu. Pero ha sido mi gran éxito y mi gran dolor, porque fue haciéndola cuando salió mi enfermedad", dijo en una rueda de prensa en 2014.

En mayo de 2014 paró su carrera para recuperarse de un linfoma, año en el que la actriz pasó tres veces por el quirófano (peritonitis, hernia y vesícula).

Meses después volvió a la escena con la obra "Olivia y Eugenio". En la recta final de su carrera teatral Concha Velasco interpretó grandes papeles dramáticos y clásicos, como "Juana la loca", "La metamorfosis" y "La habitación de María".

Pero, pese a los éxitos, cuando repasaba su carrera, decía que tenía una "espinita clavada", le hubiera gustado interpretar "La Celestina", un musical que tenía preparado para hacer tras "La rosa tatuada", pero le resultó complicado: "Gasté todo mi dinero en el teatro, en ese momento hubo un revés económico".

No obstante, se sentía orgullosa de la obra "Mamá, quiero ser artista" (1986) y de "Hello, Dolly!" (2001), "un espectáculo del que todavía estoy pagando los focos", como señalaba casi 20 años después.

Una dilatada carrera teatral que le valió ser reconocida como miembro de honor de la Academia de las Artes Escénicas de España en 2014 y para recibir el Premio Nacional de Teatro en 2016.

"Tengo una carrera de libro", decía con orgullo la actriz, quien a su pesar reconocía que no había trabajado en Estados Unidos: "No tuve tiempo de aprender inglés". EFE
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