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“Copiaba la personalidad de otras personas para encajar”: así vivió Delphine Piquemal con autismo sin saberlo hasta los 38 años

Vivía al límite del agotamiento imitando a los demás para no destacar, hasta que el comportamiento de su hijo le abrió los ojos

Una mujer agotada frente al ordenador. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Durante casi cuatro décadas, Delphine Piquemal creyó que para encajar debía estudiar a los demás como si fueran un personaje. Desconocía que formaba parte del espectro autista, pero cargaba con un agotamiento mental continuo, la incapacidad de anticipar intenciones ajenas y el impulso constante de actuar para no desentonar. El precio de esa sobreexigencia invisible fue llevar su energía al límite antes de ponerle nombre a lo que le ocurría.

Las estadísticas recogen una proporción de tres hombres por cada mujer identificada dentro del espectro, una brecha que responde al subdiagnóstico. Delphine, residente en Alto Vienne (Francia), vivió esta realidad hasta ser diagnosticada en 2022 con lo que, según recoge el medio France 3 Régions, se definió como “síndrome de Asperger”. Aunque se trata de una etiqueta en desuso clínico en manuales como el DSM-5 o la CIE-11, que actualmente la unifican bajo el Trastorno del Espectro Autista (TEA).

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El detonante que empujó a Piquemal a indagar en su propia historia fue el comportamiento de su hijo. Cuando los especialistas recurrieron a esa terminología para explicar las conductas del menor, decidió buscar información en internet: “Al ver cómo se manifiesta en las mujeres, me quedé sin palabras: me estaban describiendo por completo. En lo social, siempre me ha costado muchísimo entender a las personas y leer sus verdaderas intenciones”.

Una mujer agotada durante su trabajo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En esa misma búsqueda reconoció un mecanismo de defensa que había mantenido oculto durante años: “Había otro síntoma muy revelador con el que me dije ‘vaya’, porque sabía que lo hacía, pero no quería admitirlo: imitaba todo lo que veía. Y cuando digo imitar, me refiero a actrices o a compañeras de clase de cuando era pequeña; sencillamente calcaba su personalidad para adoptarla como propia”.

Del agotamiento mental al éxito empresarial

Esa necesidad constante de mimetizarse terminó pasándole factura. Mientras trabajaba en el departamento de desarrollo comercial de una pequeña empresa, el desgaste mental se volvió insostenible: “Me exigía una barbaridad de energía. Todo estaba calculado, pero multiplicado por 25: anticipaba cualquier escenario o cualquier cosa que me pudieran decir para poder rebatirla con un contraargumento al instante”.

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Al límite de sus fuerzas, dimitió y se matriculó en una escuela de coaching para aprender a orientar a personas con su mismo perfil. Durante su formación escribió una tesina sobre el autismo femenino, donde analizaba los motivos de este vacío diagnóstico: “Suele haber un mayor deseo de socializar y encajar. Eso empuja a muchas mujeres a ocultar su condición, recurrir al masking [o camuflaje] y forzar una sobreadaptación constante”.

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Por su parte, Marie-José Treuil, presidenta de la asociación Autisme Asperger en Limousin, confirmó a France 3 Régions que ese sobreesfuerzo suele cobrarse un peaje demoledor: “La mayoría de nuestras socias fueron diagnosticadas tarde, de media hacia la treintena, y casi siempre tras un burnout autista o varias depresiones. Al no ser conscientes de sus propios límites, siguen adaptándose y sobreexigiéndose hasta que colapsan”.

En 2024, su trayectoria dio un giro al incorporarse a la sede central de La Poste en Limoges. Desde el primer día asumió la gestión de un equipo hablando con total naturalidad de su condición. “Cuando me lo contó, me quedé de piedra, porque la verdad es que nadie lo notaría”, recordaba su compañero Joël Chauffour. Además, otro compañero destacó que “tiene la capacidad de ocuparse de mil frentes a la vez. Desde que entró en el equipo fue capaz de analizarlo todo y radiografiar a todo el mundo al instante”.

Para rendir al máximo, a Piquemal le basta con trabajar en un entorno despejado: “A nivel cognitivo, doy mi mejor versión cuando no tengo saturación visual. Un espacio despejado me permite concentrarme y poner el foco en lo esencial”. Una adaptación mínima para la empresa que ha dado sus frutos: recientemente ha sido ascendida a directora de experiencia de cliente a nivel nacional en el servicio postal público, un logro que mira con orgullo y con optimismo hacia el futuro de sus dos hijos, de 11 y 8 años, también dentro del espectro autista.

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