España agota una racha de crecimiento de cinco años sin resolver sus dos grandes debilidades: vivienda y productividad

Un informe de Fedea anticipa que el PIB por persona en edad de trabajar volverá a su media histórica a fin de año, mientras el estancamiento productivo de 18 años y el freno inmobiliario siguen sin corregirse

Un edificio en obras en Almería, España, el 1 de octubre de 2026. (REUTERS/Jon Nazca)
Un edificio en obras en Almería, España, el 1 de octubre de 2026. (REUTERS/Jon Nazca)
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El ciclo expansivo que impulsó a la economía española tras la pandemia pierde fuerza. El crecimiento se aproxima a su ritmo tendencial, mientras persisten dos de sus principales debilidades estructurales: la insuficiente respuesta de la oferta de vivienda y el estancamiento de la productividad. Según el informe Descomposición del ciclo económico en España hasta el cuarto trimestre de 2026, elaborado por el Observatorio sobre el Ciclo Económico en España de Fedea, el producto interior bruto (PIB) por persona en edad de trabajar retornaría a su tendencia, cercana al 1% anual, en el último trimestre de este año.

El documento combina datos observados hasta el segundo trimestre de 2026 con proyecciones de BBVA Research, que prevé un crecimiento del PIB del 2,6% este año y una moderación hasta el 2,1% en 2027. El diagnóstico apunta a una normalización del ciclo económico, pero también a las dificultades de la economía española para sostener su crecimiento a largo plazo sin mejoras de productividad.

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La demanda sostiene el crecimiento mientras la oferta resta

Tras la ralentización de los tres últimos trimestres de 2023, cuando el crecimiento interanual se situó entre 0,7 y 0,9 puntos porcentuales por debajo de su tendencia, la economía recuperó dinamismo en 2024. Durante ese año, las tasas de crecimiento llegaron a situarse entre 0,6 y 1,4 puntos por encima de la tendencia, en el momento de mayor intensidad del ciclo expansivo iniciado en el segundo trimestre de 2021.

El modelo macroeconómico EREMS, utilizado por los autores para descomponer la evolución del PIB en perturbaciones de oferta, demanda y crédito, refleja una posterior pérdida de impulso. Durante los tres últimos trimestres de 2025, el crecimiento se situó apenas 0,2 puntos por encima de su promedio histórico, una desviación que se mantuvo en los dos primeros trimestres de 2026. El informe prevé una ligera recuperación en el tercer trimestre, hasta 0,3 puntos por encima de la tendencia, antes de que el componente cíclico vuelva a ser neutro al cierre del año.

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Evolución del PIB de España. (Europa Press)
Evolución del PIB de España. (Europa Press)

Detrás de esta moderación se encuentra un desequilibrio persistente entre los factores que impulsan la actividad y los que la limitan. Durante 2025 y la primera mitad de 2026, la demanda y el crédito compensaron las contribuciones negativas de la oferta. En el segundo trimestre de este año, ambos factores aportaron conjuntamente 1,3 puntos al crecimiento del PIB por persona en edad de trabajar, frente a los 1,1 puntos que restó la oferta.

La previsión para finales de año apunta a una contribución de 0,4 puntos de la demanda y el crédito, frente a una aportación negativa de 0,4 puntos de la oferta. Esta compensación explica el retorno del componente cíclico a su nivel neutro. El mismo patrón aparece en el consumo, la inversión y el empleo, que crecieron por encima de su tendencia entre 2025 y 2026 con un respaldo fundamental de la demanda y el crédito, mientras la oferta actuaba como freno.

La vivienda refleja el desequilibrio entre demanda y oferta

El mercado residencial concentra una de las principales contradicciones del ciclo económico. Mientras la demanda de vivienda se ha convertido en uno de los motores del crecimiento, la oferta no ha respondido con la misma intensidad.

Entre las perturbaciones negativas de oferta, el capital residencial fue el factor más desfavorable para el crecimiento en el segundo trimestre de 2026, con una contribución de -1,3 puntos. Su efecto negativo había aumentado de forma sostenida desde comienzos de 2024, coincidiendo con la fase de mayor intensidad del ciclo expansivo.

Infografía con gráficos, cifras porcentuales e íconos sobre el producto interior bruto, la vivienda y la productividad en España.
Una infografía de Infobae basada en Fedea resume las previsiones de crecimiento del PIB en España hasta 2027 y los factores que frenan la economía. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según los autores, el repunte de la inversión residencial no se había traducido, al menos hasta ese momento, en un aumento del parque de viviendas acorde con la productividad histórica del sector. Al mismo tiempo, la demanda de vivienda aportó 1,4 puntos al crecimiento interanual en el segundo trimestre de 2026.

La productividad española mantiene su brecha con Europa

Más allá de las oscilaciones del ciclo, el informe identifica una debilidad de mayor recorrido: la dificultad de España para converger en productividad con las principales economías europeas.

La comparación con Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Países Bajos y Suecia muestra que la productividad española representaba el 73,5% de la media del grupo entre 2008 y 2013. Entre 2020 y 2025, esa proporción apenas había avanzado hasta el 73,6%.

La práctica ausencia de convergencia resulta especialmente significativa porque, durante ese periodo, la productividad de las economías de referencia también registró un crecimiento moderado, con una media anual del 0,6%. Ni siquiera el mayor dinamismo de la economía española en 2024 consiguió modificar sustancialmente la distancia relativa.

Menos margen fiscal para afrontar los retos de 2027

El informe advierte de que, de cara a 2027, la progresiva desaparición de los fondos europeos extraordinarios y la necesidad de consolidación fiscal reducirán el margen de actuación de las políticas públicas. Esta limitación llega en un momento en el que España necesita reformas e inversiones capaces de elevar su productividad.

El reto, por tanto, va más allá de prolongar el actual crecimiento. La economía española se aproxima al final de su impulso cíclico, mientras mantiene dificultades para ampliar su capacidad productiva y cerrar la brecha de productividad con Europa. Sin avances en estos ámbitos, la convergencia en renta per cápita registrada durante los últimos años difícilmente podrá consolidarse a largo plazo.

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