Agregar Infobae enGoogle

Adiós al azúcar en la salsa de tomate: cómo quitar la acidez de su salsa para disfrutarla al máximo

Un gesto simple neutraliza el ácido a diferencia del método tradicional que sólo lo disumula

Dejar el tomate cortado aliñado hace que libere sus propios jugos y quede una rica salsa para mojar después. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Solo se necesita un ingrediente para que la salsa de tomate no quede ácida. Los amantes de los platos dulces están de enhorabuena porque tendrán la posibilidad de disfrutar de la preparación sin tener que añadir azúcar, un alimento que en exceso puede ser perjudicial.

El tomate es un alimento que combina con todo y es un ingrediente muy utilizado en la cocina mediterránea. Pastas, pizzas, pescado o pollo, se cocinan con ella. Sin embargo, su acidez natural puede producir un sabor demasiado intenso para algunas personas e, incluso, favorecer molestias digestivas.

PUBLICIDAD

La salsa de tomate se añade a muchas elaboraciones, entre ellas, pasta o bacalao. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cantidad recomendada es un cuarto de cuchara para toda la olla

A diferencia del azúcar, que solo disimula el gusto ácido mediante el dulzor, el bicarbonato actúa como una sustancia alcalina que reacciona de forma química con los ácidos del tomate. Ese proceso eleva el pH de la salsa y reduce su acidez real, en lugar de enmascararla. Esta técnica resulta útil cuando se trabaja con tomates en conserva, cuyo nivel de acidez varía según la marca y la época de cosecha.

La incorporación debe hacerse hacia el final de la cocción: se agrega la pizca de bicarbonato, se revuelve con suavidad y se deja que la reacción, que puede generar pequeñas burbujas, se complete antes de probar la preparación. Si la acidez persiste, se puede sumar una cantidad mínima adicional, aunque los expertos advierten que un exceso deja un sabor amargo que arruina el resultado final. Una cucharadita completa de bicarbonato aporta cerca de 1.260 miligramos de sodio, por lo que el cuarto de cucharadita recomendado suma unos 315 miligramos a toda la olla, un dato a considerar para quienes controlan su ingesta de sodio.

Otros trucos para bajar la acidez, aunque menos efectivos que el bicarbonato

El truco del bicarbonato que reemplaza al azúcar en la salsa de tomate. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El azúcar sigue siendo el recurso más extendido en las cocinas caseras: una cucharadita suele bastar para suavizar el sabor ácido de la salsa. Sin embargo, su efecto es solo perceptivo, ya que el dulzor tapa la acidez sin modificarla a nivel químico, a diferencia de la reacción que produce el bicarbonato.

PUBLICIDAD

Otras alternativas también aportan mejoras parciales. La elección de tomates maduros de buena calidad ofrece de entrada un equilibrio más favorable entre dulzor y acidez. Agregar zanahoria rallada o cebolla bien cocida suma dulzor natural a la preparación, mientras que cocinar a fuego bajo durante un tiempo prolongado concentra los sabores y mejora la textura, aunque no reduce la acidez de forma química.

Ningún método iguala la precisión del bicarbonato de sodio: mientras el resto de los trucos dependen de la calidad de los ingredientes o del tiempo de cocción, esta técnica permite corregir el sabor de manera puntual y controlada, con una cantidad mínima y un efecto verificable en el pH de la salsa.

PUBLICIDAD