La recogida de aceituna vuelve a afrontar dificultades para reunir cuadrillas en el campo andaluz. Las organizaciones agrarias alertan de falta de mano de obra, mientras que los sindicatos sostienen que el empleo agrario ha perdido atractivo por su dureza, su escasa duración y la incertidumbre sobre los ingresos finales.
Para los jornaleros que se desplazan a otra provincia, aceptar una campaña de uno o dos meses supone asumir el coste del transporte y, en muchos casos, buscar una vivienda de alquiler por un periodo muy corto. A esos gastos se suma la incertidumbre de la meteorología: cuando llueve no se puede recoger, y si no se puede recoger, no hay jornada ni salario. CCOO advierte de que esos días tampoco cuentan para la cotización.
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La Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA) ya atribuyó durante la pasada campaña el retraso de la recolección tanto a las lluvias como a la escasez de trabajadores. La organización afirmó que la falta de personal y el coste de recoger la aceituna caída al suelo habían convertido esa labor en “económicamente inviable” para parte de las explotaciones.
La lluvia deja al jornalero sin salario y sin cotización
Vicente Jiménez, responsable estatal del Sector Agrario de CCOO, reconoce que las campañas agrícolas tienen problemas para reunir personal: “De un tiempo a esta parte, es verdad que hay una falta de mano de obra”, afirma.
El dirigente sindical relaciona esa dificultad con las condiciones del empleo. La recolección se realiza a la intemperie, con frío, lluvia o pendientes, y depende de que el tiempo permita salir al campo. “Día que trabajan, día que cotizan y día que cobran”, explica, y añade: “Si llueve, pues no trabajan”.
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La consecuencia afecta a la planificación de los ingresos. Un trabajador puede tener un contrato para la campaña, pero no sabe cuántos días acabará trabajando ni cuánto podrá cobrar al final del mes.
En este sentido, CCOO cuestiona el sistema de cotización por jornadas reales y propone que el empleo agrario avance hacia un modelo con mayor protección social: “El trabajador agrario debería dejar de cotizar por jornadas reales y debería ser igual que un trabajador fijo y debería cotizar todos los días”, plantea Jiménez.
UGT calcula que el jornal puede quedar en 57,50 euros netos
Para Emilio Terrón, secretario del sector agrario de FICA UGT, la falta de trabajadores está ligada a las condiciones que ofrecen parte de las explotaciones: “La falta de trabajadores y trabajadoras del campo se encuentra fundamentalmente en las condiciones que se ofrecen por parte de los empresarios”, asegura.
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Terrón sostiene que el salario se sitúa en muchos casos en el mínimo interprofesional y denuncia que algunas tareas se abonan por producción. “Lo que se ofrece es el salario mínimo puro y duro y, además, en algunas explotaciones, ni eso, sino que la recolección o la pagan por kilos, o la pagan por cajas, o la pagan por espuerta”, afirma. La espuerta es un recipiente usado para transportar aceitunas, por lo que el pago depende de cuántos capazos llena cada jornalero.
El representante de UGT cifra en 62,39 euros brutos diarios el salario de una persona fija discontinua y estima que, después de las cotizaciones, las retenciones y el coste del desplazamiento, el ingreso neto puede rondar los 57,50 euros. Se trata de un cálculo sindical que puede variar según la provincia, la categoría profesional, los complementos y la distancia hasta la finca.
Terrón sostiene que, cuando los trabajadores encuentran una oportunidad en otra actividad, abandonan el campo. Una idea que comparte con el representante sindical de CCOO, quien sitúa entre las alternativas la hostelería, el comercio, la construcción, la industria o los almacenes, donde los contratos suelen durar más tiempo. “La gente prefiere seis meses en la hostelería, en el comercio o en la construcción, que estar cada día mirando el cielo”, señala Vicente Jiménez.
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El alojamiento y el transporte condicionan a quienes se desplazan
La vivienda es otro de los factores que hacen del trabajo en el campo una actividad cada vez menos atractiva. Jiménez advierte de que encontrar un alquiler por uno o dos meses resulta difícil y caro. “Si tiene que desplazarse de otra provincia para trabajar y encima tienen que pagar los alojamientos, eso es un impedimento”, explica.
CCOO reclama que “las ofertas de empleo que se hagan garanticen un alojamiento y garanticen y paguen parte del desplazamiento, si no el desplazamiento entero”, sostiene Jiménez.
La mecanización acorta las campañas y reduce el empleo
El modelo de cultivo también ha cambiado. Jiménez señala que la extensión del olivar intensivo y la mecanización reducen la necesidad de mano de obra en algunas fincas y concentran la recogida en menos días. “Los agricultores lo que están haciendo es poner olivar intensivo, que se coge con máquina y demanda menos mano de obra”, afirma.
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Ese proceso puede generar una paradoja: se necesitan cuadrillas en momentos muy concretos, pero cada vez hay menos empleo suficiente para sostener a una persona durante buena parte del año. “La mecanización y la digitalización están llegando y cambiando el perfil a que todo dure cada vez menos”, añade el responsable de CCOO.
Ambos sindicatos defienden el contrato fijo discontinuo frente a la contratación por días. Sin embargo, coinciden en que esa fórmula no retiene a los trabajadores si otros sectores ofrecen más meses de empleo o mejores condiciones. “Si yo soy fijo discontinuo de esta empresa, pero me llama otro sector y me está ofreciendo condiciones mejores, pues dejo el contrato de fijo discontinuo y me voy a otro sector”, explica Terrón.
Jornadas declaradas por debajo de las trabajadas
UGT señala que las altas en la Seguridad Social son hoy más habituales que en otras campañas, pero denuncia posibles irregularidades en la declaración posterior de las jornadas reales. Terrón explica que las empresas pueden mantener al trabajador de alta durante el mes y, después, comunicar un número de peonadas inferior al efectivamente trabajado. “Hay una denuncia que se viene dando ya desde hace muchos años, que es la no declaración de la jornada real”, afirma.
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El representante sindical advierte de que esa práctica puede afectar a la cotización de los jornaleros y a su capacidad para reunir los días necesarios para acceder a prestaciones.
UGT denuncia además falta de registro horario y el impago de horas extraordinarias. “Lo que brilla por su ausencia es el registro horario”, afirma Terrón, quien sostiene que las horas extra “por supuesto, no se pagan”. En este contexto, el sindicato reclama reforzar la presencia de la Inspección de Trabajo durante las campañas agrícolas.
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